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Quiero Palomitas: La Oficina

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HUGO J. CASTRO

Hace 31 años surgió un movimiento en un país lejano en muchos sentidos a nosotros. En Dinamarca nació una “mentira” intelectual: la industria casi imperceptible de ese lugar, el cine. 

A través de una propuesta cruda (cómo lo marcaba el “hype” de esa década y que nosotros le decíamos la “ondita” que se generaba en la música (unplugged), en el periodismo (la crónica más realista) o en la moda (menos artificios y más telas rudas) Lars Von Trier y Thomas Vinterberg lanzaron 10 reglas como un “voto de castidad” con el fin de quitarle “el celofán” artificial al cine impuesto por el “mainstream” hollywoodiense, para regresar a un cine menos pretencioso y más cercano a la experiencia visual sin “tapujos”.

Estas 10 reglas eran filmar en locaciones reales, sonido directo, la cámara en mano, el color debía ser natural, sin género o acciones superficiales, así como que el tiempo narrativo era el que se desarrollaba frente a nosotros, así como que el director no debía aparecer en los créditos, además de que se regresaba al formato académico de 35 mm y concluía con la exigencia de no buscar la obra artística, sino solo contar una historia sin más por medio de las imágenes.

Aunque, como todo decálogo de este mundo, se ha roto en múltiples ocasiones, la propuesta de Dogma 95 abrió una vertiente real a los nuevos cineastas, así como para las personas que hacían televisión. Con esto hubo una nueva forma de contar historias, en donde el tiempo es real, dando a entender al espectador que también se involucra en la historia como “testigo” o como la insoportable presencia de un “metiche” permitido. 

Es cierto que The Office (2001) creada en la cadena inglesa BBC por Ricky Gervais y Stephen Merchant se inspiraban en el formato del “mockumental”, es decir el falso documental que apareció en películas como Los Dioses deben estar Locos (1980) de Jamie Uys o This Is Spinal Tap (1984) de Rob Reiner, la propuesta de Dogma 95 influye de gran manera en el área de la comedia, pero no la del “pastelazo” o bien del chascarrillo de planta (“se me chispoteo”, “que tú y yo estamos locos” o “lastima Margarito”), sino la de tono ácido que no busque ser políticamente correcta, sino que vaya a la “tripa” del espectador, al punto que la incomodidad sea parte de la experiencia y que al contrario de evitarla sea quiero más y más.

Así Gervais y Merchant juntaron un grupo de actores que lograron hacer una serie exitosa a nivel global, en la época del Napster y el Torrent, mucho antes del streaming, por lo que las dos temporadas y el programa especial de Navidad fueron suficientes para que la industria de la televisión empezara a darle la bienvenida a este formato. Por eso su llegada a Estados Unidos, en donde The Office (2005) reforzará el impacto global que permitió que esta serie se convirtiera en una transnacional que ofreció la licencia de esta para que se realizara en diferentes países. 

Por eso no es raro ver el chiste de la taza del “mejor jefe del mundo” o el de la “calculadora en una gelatina”; forma parte de varias versiones. 

Por ello se esperaba, y no que en México se pudiera dar su versión, pero como buenos mexicanos, la realización de esta tendría el estigma de no “ser suficiente” debido a que la estadounidense llegó a 9 temporadas, que los actores que salen ya son estrellas a nivel global y, por ende, se le iba a adjudicar la etiqueta de “chafamex”. Pero oh sorpresa.

Gaz Alazraki, quien fue el director de Nosotros Los Nobles (2013) y creador de la serie de Netflix Club de Cuervos (2015), junto a Marcos Bucay, desarrollaron el aterrizaje de esta versión debido a que Gervais ya no quería nuevas versiones por lo que pidió que fuera ahora un “cover”, decir que se realizará una versión con un ritmo y una tonalidad diferente, por ello no es lo mismo que las versiones más famosas y por ende para el público que se ha acercado a verla en Prime Video lo vea con extrañeza y hasta desagrado, algo con lo que contaba la producción.

El fenómeno (como diríamos el “mame”) nació a partir de que La Oficina (2026) “apestaba” a la mexicaneidad moderna, que se aleja del set omnipresente de la Ciudad de México para darle paso a la provincia (algo que aparece en la original, salirse de la comodidad de la capital), así como a la tradicional vida de “Godín”, la cual ya se presentó en la trilogía de Chava Cartas de Mirreyes vs. Godinez (2019), con la diferencia de no caer en el lugar de ser solo una parodia de la dinámica en la mayoría de oficinas de nuestro país, a mostrar una versión con los elementos de humor sin freno y que ya se permite en este país (imagine el chiste del secretario de Salinas de Gortari no hubiera tenido cabida en tiempo del PRI-gobierno). Sumado a que en redes sociales la serie ha sido material de miles de memes que han reforzado la fama. 

El éxito de esta serie se debe primero al “descubrimiento” del talento actoral, en donde Fernando Bonilla, junto a actrices y actores con gran experiencia, ha realizado un ensamble muy bien logrado, además del “timing” junto que es requisito esencial para la comedia que maneja Alazraki, pero además la propuesta de usar elementos que van más allá de las referencias simples, lo que hace que muchos no entiendan. Desde que Octavio Paz escribió El Laberinto del Fauno, o cuando Jero dice “Los Amorosos Callan” o cuando sale un grupo musical muy especial, o todos los chistes políticamente incorrectos, exigen al público hacer la tarea de entender las referencias, pero también a disfrutar la incomodidad. Cumplió Gary Alazraki con darle el protagonismo a la serie y de ahí se desgrana para actrices y actores.

Pero más allá de si la quieres o la odias, la serie cumple con un cometido: vernos por un momento no solo como espectadores, sino como una comunidad que ha sufrido de los liderazgos marcados por la poca consistencia sostenidos por el lazo sanguíneo o motivos que van más allá del profesionalismo. Ya todos piden una segunda temporada, pero el reto ahora será sostener el nivel, que lo “orgánico” que ha surgido de este producto pueda mantener su “esencia” y no se vaya diluyendo en función de las exigencias del relleno y no del contenido.

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Escrito en: Quiero Palomitas Hugo J. Castro La Oficina

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