Millones de mexicanos se fueron del país porque aquí no encontraron oportunidades; sin embargo, recientemente México aprobó una reforma que los obliga a elegir entre la nacionalidad que adquirieron para construir una vida legal en otro país y su derecho político a competir por cargos de representación pública.
Esa es la paradoja detrás de una reforma que ya recibió el respaldo del Congreso federal y de la mayoría necesaria de los congresos estatales.
México no puede presumir a sus migrantes cuando mandan remesas y tratarlos como mexicanos de segunda cuando quieren ejercer derechos políticos.
De esto platiqué con Juan Hernández, analista internacional en migración, en el podcast En Blanco y Negro que pueden ver aquí: https://youtu.be/Tqj_VWK93HE?si=FYcTpU14 zqulYCTR. Su argumento toca una herida difícil de ignorar: durante décadas México pidió a sus migrantes que no se desligaran del país y fue ampliando sus derechos. Ahora una segunda nacionalidad se convertirá en una barrera política.
La propuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum parte de otra preocupación. Su gobierno sostiene que quien encabece un Poder Ejecutivo debe representar únicamente a México y, si tiene otra nacionalidad, renunciar a ella antes de registrarse como candidato. En este sentido, el debate obliga a preguntarnos qué significa hoy pertenecer a una nación.
Desde el 20 de marzo de 1998, los mexicanos por nacimiento que adquieren otra nacionalidad conservan la mexicana. Para miles de familias en Estados Unidos, naturalizarse no significó renunciar a México.
Muchas veces significó obtener estabilidad migratoria, proteger a sus hijos y asumir derechos y obligaciones en el país donde ya habían hecho su vida.
Ahí aparece la contradicción que señaló Hernández: muchos pueden decir que se fueron porque no encontraron oportunidades, se hicieron ciudadanos para ganar estabilidad y ahora su país de origen les impone una condición política por esa decisión. Durante casi tres décadas México construyó la idea de que tener otra nacionalidad no borraba la mexicana; sin embargo, el mensaje que se transmite hoy parece ser otro.
En 2021 el artículo 30 constitucional volvió a ampliarse. La reforma estableció que son mexicanos por nacimiento quienes nazcan en el extranjero y sean hijos de padre o madre mexicanos, sin exigir que ese padre o madre hubiera nacido en territorio nacional. Hernández explicó que algunos migrantes la llaman “la ley de los nietos”. El efecto fue ampliar el vínculo jurídico con generaciones nacidas fuera del país.
Por eso el argumento de la lealtad merece examinarse con cuidado.
Tener dos pasaportes no prueba por sí mismo que una persona responderá a intereses extranjeros. La conducta de un funcionario, sus decisiones y sus conflictos de interés dicen mucho más que el lugar donde obtuvo una segunda ciudadanía.
También hay una dificultad práctica. Como explicó Hernández, renunciar a la nacionalidad estadounidense no equivale a entregar un pasaporte y firmar una carta. Existen procedimientos, obligaciones fiscales y efectos jurídicos sujetos a las leyes del otro país. Una exigencia mexicana puede terminar condicionada a trámites que México no controla.
La pregunta de fondo tampoco es si alguien que nació o vivió durante décadas en Chicago debería gobernar mañana un estado mexicano.
La pregunta es quién debe decidirlo.
Una posibilidad es cerrar la puerta desde la Constitución. Otra era dejar que los partidos decidan si lo postulan y que los ciudadanos juzguen su arraigo, su conocimiento del país y su capacidad con su voto.
La discusión sobre la doble nacionalidad también toca la relación de México con su diáspora. Los mexicanos que viven fuera no son únicamente remesas. Son empresarios, trabajadores, estudiantes y profesionistas que conservan vínculos con el país y pueden aportar conocimiento, comercio e inversión.
Durante años México buscó que quienes se fueron siguieran sintiéndose mexicanos. El reciente cambio de reglas para ocupar cargos públicos es un antecedente que también pesa ahora. Para los críticos de la reforma, el riesgo era mandar a millones un mensaje difícil de ignorar: eres mexicano, pero no para todo.