Resistir, un arte
Hace un par de años, una querida amiga me regaló el libro El arte de resistir, de Andrea Marcolongo, joven escritora apasionada de la historia y la mitología griega, en donde encontró las mayores enseñanzas y la inspiración para sus obras.
Andrea, a través de la narrativa de La Eneida, nos enseña cómo superar una crisis que indudablemente lleva implícito un proceso de resistencia. No seré la más rápida, la más inteligente, la más capaz o la más bella, pero sí tengo una cualidad: soy resistente. ¿Qué conlleva esto?
La Eneida es un esfuerzo titánico para definir lo que conocemos actualmente como resiliencia, entendida como la flexibilidad del ser humano que se enfrenta a situaciones límite y puede salir bien librado.
Así, La Eneida, escrita por el poeta romano Virgilio, no es un poema para leerse cuando se tiene paz. La obra está hecha para leerse y meditarse en una situación de crisis, en medio de una guerra —no necesariamente de armas—, durante una disputa interna donde el propio individuo está a punto de decir “basta, ya no más”.
Marcolongo, en su minucioso análisis sobre Eneas, el troyano que escapó de la caída de Troya y se convirtió en el ancestro de los romanos, nos plantea de forma paralela las bondades de la resistencia. Eneas es el hombre vencido, sin fuerzas, que deja atrás un reino incendiado, pero que puede instaurar todo un imperio.
Cuando un ser humano voltea a su alrededor y no hay nada es un momento clave, un coctel ideal para dejarse morir. Una persona en el ojo del huracán con un refugio destruido, una mujer con su hijo en medio de un desierto sin agua ni comida. Aquí es donde se pone a prueba cualquier ser humano. La resistencia no se aprende en la comodidad, sino en los escenarios adversos. Se crea cuando no hay nada. Es por eso que resistir resulta clave para toda evolución personal o colectiva.
Pero no se nace con la resistencia como una aptitud propia o heredada. Resistir, nos enseña Andrea Marcolongo, es un arte que se va perfeccionando con el tiempo. La pregunta aquí es: ¿Qué es lo que nos hace tener fuerzas para resistir cuando todo está perdido? La respuesta nos la da la misma autora y su análisis sobre Eneas: pese a que no tiene patria, lleva en la espalda a su padre y sus objetos más preciados, un cúmulo de recuerdos y enseñanzas que le dan esperanza, otra palabra clave en la resistencia. En un mundo hecho caos, siempre surgen ideas innovadoras, personas y discursos que dan esperanza.
Cuando vemos a un atleta de alto rendimiento, lo primero que observamos es su cuerpo con músculos definidos y su destreza. Esto no se obtiene por arte de magia, sino a partir de un proceso donde se combina la pasión por el deporte con la disciplina y la constancia. Los resultados son inciertos, pero existe la esperanza de ganar y destacar entre otros competidores.
Lo único con lo que cuentan los atletas tras una derrota es con su resiliencia para seguir con una nueva competencia, lo cual los vuelve más resistentes. Así, la resistencia es arte que se perfecciona entre la resiliencia, la esperanza y una férrea disciplina. Podemos pensar en que la mayor cualidad de un deportista, una vez que llega a la meta pero no gana, es la de levantarse y seguirse preparando.
Es imprescindible pensar en cómo Eneas está destruido, pero lleva consigo a su padre y lo que más valora en la vida. Al final, no está solo, y en toda su travesía logra salir avante. Todos hemos pasado por esas fases en las que decimos “ya no puedo más”, sin embargo estamos obligados a dar el siguiente paso. ¿De dónde sacamos esa fuerza para seguir, para levantar la cara cuando todo está cuesta abajo? Sin duda, creo que la figura del padre está presente en todo proceso de resistencia.
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