Estados Unidos e Irán se encuentran al borde de una escalada militar de mayor envergadura después de que dos soldados estadounidenses murieron a causa de misiles lanzados por Teherán contra Jordania.
En respuesta, Washington llevó a cabo por novena noche consecutiva una ola de bombardeos y atacó con intensidad la isla de Qeshm, enclave estratégico que controla el estrecho de Ormuz.
Como muestra de que la guerra iniciada en febrero amenaza con expandirse y prolongarse, Estados Unidos además ordenó el despliegue de nuevos aviones de combate desde sus bases en Alemania y el Reino Unido, una decisión que, según se indicó, ya estaba en preparación antes de la muerte de los militares estadounidenses.
El ataque contra Jordania marcó el punto culminante de una semana de acciones militares en cadena que, de hecho, terminaron por desmantelar lo que quedaba del acuerdo destinado a poner fin a la guerra.
Donald Trump calificó la muerte de los dos soldados como "algo muy triste", pero sostuvo que "se trata de un sacrificio que debe hacerse" para impedir que Irán obtenga armas nucleares.
Respecto al colapso del acuerdo de Islamabad, el presidente estadounidense se mostró indiferente: "No podría importarme menos", declaró, en respuesta a las afirmaciones del líder supremo iraní, Mojtaba Jamenei, quien aseguró que la firma del mandatario estadounidense en los acuerdos "carece de todo valor".
Trump también instó a los republicanos en el Congreso a incluir a Irán en el proyecto de ley sobre sanciones contra Rusia.
"Eso era lo que quería hacer Lindsey, y estaba a punto de ocurrir", escribió en una publicación en Truth Social, en referencia a la iniciativa promovida por el recientemente fallecido senador Lindsey Graham, que contempla sanciones para quienes compren petróleo y energía a Moscú.