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'Richard Prince: Cuéntamelo todo', espejismos del sueño americano

Ahora, en la exposición más grande que el artista ha tenido en América Latina, el Museo Jumex reúne sus famosas series Jokes y Cowboys, sacadas directamente del imaginario colectivo estadounidense de la segunda mitad del siglo XX.

The Sweetheart of the Rodeo (2008). Foto: Ana Sofía Mendoza

The Sweetheart of the Rodeo (2008). Foto: Ana Sofía Mendoza

ANA SOFÍA MENDOZA DÍAZ
ANA SOFÍA MENDOZA DÍAZ

En Jokester (1956), cuento de Isaac Asimov, el genio Noel Meyerhof “alimenta” a la supercomputadora Multivac con una amplia selección de chistes y una serie de investigaciones sobre el humor. Su propósito como Gran Maestro es comunicarse con la máquina para que arroje luz sobre cuestiones significativas para la humanidad, y su objetivo al enseñarle todo lo que puede sobre la comedia es responder a una pregunta que lo atormenta desde hace tiempo: ¿de dónde vienen los chistes? 

Al iniciar el relato, Meyerhof le cuenta a Multivac el siguiente chascarillo: Johnson regresa inesperadamente de un viaje de negocios y encuentra a su esposa en brazos de su mejor amigo. Retrocede tambaleándose y dice: “¡Max! Yo estoy casado con ella, así que me toca hacerlo, pero... ¿tú por qué?”. 

Una iteración de la misma historia de infidelidad forma parte de la serie Jokes, del estadounidense Richard Prince, basada en chistes que el artista ha escuchado o leído a lo largo de su vida. El humor es uno de los temas que, al igual que Meyerhof, Prince ha explorado con vehemencia durante décadas. 

Hoy, una parte importante de esta serie se encuentra en Ciudad de México en el Museo Jumex, donde el pasado 26 de septiembre se inauguró la exhibición Richard Prince: Cuéntamelo todo, la cual permanecerá en el recinto hasta el 7 de febrero de 2027. Se trata de la mayor exposición que ha tenido el artista en América Latina y de la mayor retrospectiva sobre sus series Jokes y Cowboys a nivel mundial. Ambas colecciones, cabe destacar, representan dos de los principales ejes de la prolífica obra de Prince y constituyen referentes fundamentales para el arte pop. 

EL BROMISTA 

Al final de Jokester, Multivac descubre que los chistes son, en realidad, un mecanismo implantado por extraterrestres en los humanos para evaluarlos psicológicamente. Son incrustados en la mente de ciertas personas en determinado momento y determinado lugar para rastrear las conductas de nuestra especie. 

Dejando fuera el elemento de ciencia ficción, es innegable que el humor ofrece un singular mapa de la mente colectiva de una sociedad. Es algo que Richard Prince sabe bien. Tal vez por eso, cual Gran Maestro, se ha encargado de seleccionar chistes que, a través de su obra, permiten visualizar claramente las ideas de una época y su evolución a lo largo de los años, en especial en Estados Unidos, potencia cultural de Occidente cuya base ideológica podría resumirse en una palabra: libertad. 

De la serie The Ripple Paintings. Foto: Ana Sofía Mendoza
De la serie The Ripple Paintings. Foto: Ana Sofía Mendoza

“Una concepción de la libertad muy propia de Estados Unidos es la de hacer y decir lo que uno quiera. Así que el punto donde la libertad de expresión —como ocurre con los chistes— choca con lo que se considera apropiado o no... es una frontera que él (Richard Prince) está investigando constantemente”, detalla Kit Hammonds, curador en jefe del Museo Jumex. 

La capacidad del artista para curar su colección de humor es destacable. El recorrido abre con The Ripple Paintings (década de 1980), una serie de impresiones en gran formato de algunas viñetas cómicas de Playboy, parcialmente cubiertas con plastas de pintura que fueron aplicadas directo sobre la página de la revista. A pesar de que las manchas solo permiten leer los textos y cubren buena parte de las ilustraciones, no es difícil completar mentalmente los cuerpos desnudos en ellas. 

También hay algunas reproducciones de viñetas de The New Yorker, la mayoría de ellas dibujadas a mano por el propio artista. El que las haya copiado tal cual aparecen en la revista propicia cuestionamientos sobre la autoría, pero aquí su trabajo es, recordemos, curatorial; es mediante la selección de material de circulación masiva que revela los recovecos psicológicos de una sociedad: 

“Hay una pareja de hombres homosexuales, una pareja de lesbianas, un matrimonio tradicional y, además, una mujer sexualmente liberada”, señala Hammonds. “Así, pues, emplea diversas formas de imaginería para explorar ciertos aspectos de la posición del hombre en la sociedad”, en una época donde la segunda ola de feminismo se contraponía a los valores patriarcales tradicionales. 

Si fuéramos los extraterrestres de Jokester, el trabajo de Richard Prince nos haría ver, por ejemplo, que lo que en la década de los setenta era considerado “incorrecto” meramente por su contenido sexual, tal vez hoy —con una hipersexualización normalizada— lo sería por su contenido misógino, tan común e incuestionable en la comedia de décadas pasadas. 

También podríamos echar un vistazo a los miedos y preocupaciones de la humanidad a través de chistes como el siguiente: “Con todo lo que he oído sobre bombas atómicas que destruirían una ciudad, bombas de hidrógeno que destruirían un estado y reacciones en cadena que destruirían el mundo... simplemente no tengo ningún incentivo para comprar un traje de dos piezas”. Que sea el que más se repite en la exposición no es coincidencia. Condensa la sensación de constante peligro que hubo durante la Guerra Fría, donde la sola amenaza nuclear —sin un conflicto bélico activo— bastaba para enturbiar la cotidianidad. 

Monocromos de la serie Jokes. Foto: Ana Sofía Mendoza
Monocromos de la serie Jokes. Foto: Ana Sofía Mendoza

Dicho chiste puede encontrarse en los distintos formatos que abarca la serie Jokes, comenzando por los cuadros monocromáticos que Richard Prince realizó a finales de los años ochenta, los cuales consisten en lienzos pintados con un solo bloque de color y estampados —mediante serigrafía— con un chiste cada uno. Aquí, aclara Hammonds, el artista juega con los conceptos de alta y baja cultura al colocar textos mundanos y populares sobre “aquello que se valoraba en las bellas artes: la monocromía como idea modernista de gran valor”. 

El chiste también se retoma en pinturas de la década de los noventa. En ellas, el texto se subordina a imágenes figurativas inspiradas en el estilo naive de los dibujos hechos por las comunas hippies de la costa oeste de Estados Unidos. 

Finalmente, aparece en una de las obras de gran formato hechas en los años 2000. Algunas de ellas son lienzos cubiertos con portadas de libros de pulp fiction —historias estereotípicas de vaqueros, acción, romance o crímenes—, una tras otra, sobre las que el artista pinta con acrílico un fondo de colores y, encima, los textos graciosos. La serialidad de las portadas remite a la facilidad con la que circulan los relatos clichés —al igual que los chistes— habiendo medios masivos de por medio. 

En convivencia con la serie Jokes, se encuentra la serie de Kooning, también realizada en la primera década de los 2000. Prince tomó imágenes de un catálogo de las pinturas Women, de Willem de Kooning, para luego intervenirlas con recortes de revistas pornográficas. “Y de nuevo, tienes lo que es aceptable o no. El arte moderno abstracto se considera valioso, pero la pornografía se considera que cruza una amplia línea hacia otras áreas”, apunta Hammonds. 

La cereza del pastel en esta sala humorística es The Sweetheart of the Rodeo (2008), un Buick Grand National de 1987 rotulado en vinilo con fotografías de chicas posando sensualmente, incluso semidesnudas en algunos casos, encima de motocicletas. 

“Especialmente los llamados muscle cars, todos estos vehículos de alta potencia, son en gran medida expresiones de masculinidad, lo cual es un tema constante en él. En la cultura estadounidense, estos vehículos expresan en cierto modo libertad, pero expresan más psicológicamente la idea de liberarse de las restricciones”. 

Esta obra conecta con la segunda sala ocupada por la exposición, dedicada principalmente a la serie Cowboys que, precisamente, aborda la promesa de libertad del sueño americano. 

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EL COLECCIONISTA DE SUEÑOS 

En Jokester, Meyerhof no puede sacarse de la cabeza la duda sobre el origen de los chistes porque, si bien conoce muchos, la autoría de todos ellos es desconocida. Es como si un día hubieran aparecido de la nada y la gente los hubiera comenzado a repetir una y otra vez. De la misma manera, Richard Prince se vio fascinado, desde la década de los setenta, por los motivos y composiciones que se repetían en la cultura visual masiva, particularmente en la publicidad. 

Su serie Cowboys se convirtió en el epítome de esa fascinación. Se trata de fotografías en gran formato de publicidad de Marlboro, sin embargo, están recortadas de tal manera que solo se registran las escenas de vaqueros sin el producto ni texto de por medio. Así, queda claro que más que vender cigarros, estas imágenes venden la asociación del cigarro con una aspiración, en este caso, de masculinidad: “Representan esta idea clásica del Oeste en la psique estadounidense. Y, de nuevo, aluden a la libertad, a los espacios abiertos y al dominio de la naturaleza. Todas esas ideas que forman parte del sueño americano. Nada de eso era real, era una imagen construida”, profundiza Hammonds. 

En las piezas más recientes de esta serie —que datan de los últimos años—, el artista presenta imágenes de su archivo que inicialmente había desechado porque, en ellas, los vaqueros sí aparecían fumando o cargando una cajetilla con ellos. 

“Le atraían las imágenes en las que el sujeto estaba ausente, como las olas sin surfistas o la publicidad de cigarrillos sin la acción (de fumar). Así que existe una especie de extraña ausencia”. 

No obstante, en estas últimas obras probablemente optó por imágenes más explícitas debido a que actualmente está prohibido mostrar tabaco en los medios masivos. 

“La publicidad de cigarrillos ha tenido que eliminar su producto. Por eso vuelve a resultarle interesante; porque, de repente, hay algo que no encaja en la imagen de ese producto respecto a las normas de circulación de imágenes”. 

Si la serie Cowboys representa una masculinidad estereotipada, la serie Nurses evoca una feminidad idealizada en los años cincuenta y sesenta, pero distorsionada. Consiste en portadas —también trasladadas a gran formato— de libros románticos de pulp fiction protagonizados por enfermeras, intervenidas por Prince. 

De la serie Nurses. Foto: Ana Sofía Mendoza
De la serie Nurses. Foto: Ana Sofía Mendoza

“Pintaba sobre los rostros una especie de cubrebocas. Esa forma de cubrir el rostro evoca una idea algo más siniestra; a veces hay salpicaduras de sangre añadidas. Eso desplaza el romance hacia otro terreno: algo más fetichista, tal vez propio del suspenso y el terror”. 

Complementando estas imágenes se encuentra la serie Girlfriends, conformada de fotografías enviadas por hombres a revistas para motociclistas. En ellas aparecen sus novias posando sobre motocicletas, revelando una mirada hipermasculina donde tanto las mujeres como los vehículos son posesiones preciadas, dignas de presumir ante otros hombres. 

Cabe aclarar que “la masculinidad que hay en su obra no es una expresión de su propia masculinidad; es la expresión de un sesgo cultural y de una construcción cultural”. 

El trabajo de Richard Prince nos confronta con la incomodidad de consumir cultura que nadie reconoce como propia (en cuanto a autoría) pero que todos hemos internalizado de alguna u otra manera, tal como los chistes que atormentaban a Meyerhof. 

A través de más de cuarenta años de apropiaciones, el artista traza un mapa de lo que la sociedad estadounidense ha considerado masculino, femenino, libre, sexy, peligroso o valioso. Lo hace sin juicio, porque lo que importa no es tanto el contenido de los chistes e imágenes, sino el acto mismo de reproducirlos. El humor, el sueño americano y el arte se vuelven verdaderos en el momento en que alguien los legitima a través de la repetición. Cuando alguien como Prince repite chistes, pornografía o anuncios en lienzos grandes, revela que el “robo” ya estaba ocurriendo desde siempre. 

Su arte es el arte del testigo que entiende que lo que hacemos cuando contamos un chiste, cuando vemos un vaquero solitario o cuando nos enfrentamos a una imagen sexualizada define quiénes somos como sociedad.

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