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Romantizar el abuso

JESÚS SILVA-HERZOG
JESÚS SILVA-HERZOG

Hace más de cien años se produjo “El nacimiento de una nación”, una película muda ambientada en la Guerra Civil de los Estados Unidos para glorificar el supremacismo blanco.

Actores blancos se pintaban la cara para dar imagen caricaturesca a los animales oscuros que amenazaban la civilización. Los negros eran retratados como violadores que ponían en peligro la pureza de la raza blanca. La cinta se convirtió muchos años después en símbolo de la dominación racial. El Ku Klux Klan encontró en esa producción su grito de batalla, su estética y su moral. Sería muy extraño que al cierre de esta pieza de propaganda racista se insertara una leyenda: si usted ha sido víctima de algún tipo de discriminación racial, por favor comuníquese con la Asociación de Defensa de Personas Discriminadas. En esta película rendimos homenaje al racismo, pero invitamos a quienes hayan sufrido sus efectos a buscar ayuda.

Eso es lo que hace ViX con la nueva serie que trasmite sobre el grupo Timbiriche: trivializar el abuso sexual a una menor, acoger todas las coartadas del abusador y limpiarse las manos con un aviso grotesco: si has sido víctima de un abuso como el que nosotros romantizamos en estos episodios, ponte en contacto con una asociación que te defiende. La trasmisión de esta serie es uno de los episodios más ruines en la historia de la televisión mexicana y representa un gravísimo retroceso cultural. Lo es, sobre todo, porque la producción es plenamente consciente del carácter monstruoso del abuso infantil y decide, a partir de la formación del reparto y del tratamiento narrativo, limpiar la imagen del agresor. En la televisión mexicana puede verse el día de hoy una producción que tiene como propósito maquillar el abuso de menores como si fuera una aventura de seducción. En la televisión mexicana se puede ver hoy una historia que culpa a una menor del abuso que sufrió. Después del abuso personal, el abuso industrial de una televisora que somete a maltrato y a humillación a una víctima. ViX sigue prolonga el abuso del que Sasha Sokol fue víctima hace años. Es cosa juzgada: la Suprema Corte determinó que Luis de Llano causó un daño moral continuo a Sasha Sokol y rechazó que, como menor, hubiera podido consentir una relación objetivamente abusiva.

La productora sirve premeditadamente a los propósitos del abusador cuando contrata a una mujer de 25 años para hacer el papel de una niña de 14. La actriz que da vida a Sasha Sokol no es una niña, sino una mujer, para diluir en el espectador el impacto que provocaría el retrato de esa disparidad. Si una niña hubiera representado la experiencia de otra niña, la reacción unánime habría sido la repulsión. Pero la producción presenta a una joven madura que toma decisiones con libertad. ViX hace apología del abuso cuando da por válidas todas sus justificaciones, cuando pinta un delito como un cuento de enamorados.

El hombre sensible y atento es seducido por la niña y solamente comete el descuido de dejarse llevar. La víctima estaba en condición vulnerable por la ausencia de vigilancia de sus padres. Se insinúa así que los padres son, en realidad, los culpables. Esa es la historia que cuenta ViX: el abusador, inocente. Culpables la víctima y sus padres.

De nada sirven los avisos al final de cada episodio: la serie de Timbiriche normaliza lo aberrante. Presenta un acto de violencia sexual contra una menor de edad como si fuera una entretenida anécdota de dos personas famosas. La serie trasmitida por ViX adopta el relato del agresor presentándolo como verdad dramática. El abuso del acto se prolonga en su negación pública. La batalla de Sasha Sokol ha sacudido las estructuras sociales y judiciales del país.

Con admirable valentía puso el tema del abuso infantil en el centro de la conversación pública. Demostró que el dolor se prolonga en el tiempo cuando el depredador se adueña de la verdad pública y presenta el atropello como adorable historia de amor. Consiguió que la responsabilidad civil por daños derivados de violencia sexual contra menores no prescriba en México.

“Nada de Sasha sin Sasha”, escribía Ricardo Raphael en un impecable artículo publicado por Milenio hace un par de días. La serie de ViX desanda lo avanzado y repite el agravio. Una plataforma de streaming reabre lo que la Corte había cerrado, banaliza lo abominable y prolonga, con su negocio, el abuso.

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