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Santos, como duele

ENRIQUE IRAZOQUI MORALES

El pasado martes la cabeza del club del Futbol, Alejandro Irarragorri Gutiérrez se presentó junto a su hijo, Aleco Irarragorri Kalb -de impecable gestión pública- a una conferencia de prensa en el Territorio Santos Modelo.

Con toda entereza el titular de Grupo Orlegi, organización propietaria del equipo de futbol verdiblanco, aceptó ser el responsable último de la desgracia deportiva en la que ha caído la escuadra Albiverde.

Partiendo con claridad que "El futbol es la cosa más importante de las cosas menos importantes". Frase que algunos aseguran que lo dijo el legendario entrenador italiano, Arrigo Sacchi y otros se lo atribuyen al exjugador argentino, Jorge Valdano, no estoy tan seguro que en La Laguna colectivamente hablando, sea de las cosas "menos importantes"

Y digo colectivas, porque sin duda el Santos Laguna ha sido un vehículo de identidad y orgullo para toda la Comarca Lagunera. Desde que el equipo llegó con muy austera economía para esos niveles del máximo circuito del futbol profesional, la pasión social que comenzó primero con la angustia de eludir el descenso a la segunda división con un grupo de jugadores con poco cartel, pero enorme compromiso, incluso, laguneros de origen como Pedro Muñoz, Guillermo "el choque Galindo", José Guadalupe Rubio, entre otros. Cimientos sólidos de identidad plena lagunera.

A finales de la década de los ochentas hasta 1993, la meta era tratar de ganar en casa como se pudiere y anhelar un empate fuera, el objetivo era salvar la categoría. Los domingos a las cuatro de la tarde de aquel entonces en el hoy demolido Estadio Corona, los guerreros y una afición entregada peleaban con pundonor buscando el resultado en cada jornada para sumar puntos que nos dieran la salvación, lo que finalmente se consiguió. Se conservó la máxima categoría siempre. Muchas de ellas con las uñas.

Luego vinieron otros tiempos. El equipo poderoso de la temporada 1993-94, ya con otra directiva (de capital foráneo) terminó por despertar la santosmanía. Se obtuvo en ese entonces el subcampeonato, en aquella final tristemente perdida en Zapopán, Jalisco frente a los Tecolotes de la Universidad Autónoma de Guadalajara, en el estadio 3 de Marzo.

Llegó el glorioso torneo Apertura de 1996 y se consiguió el soñado título. Desde entonces el Santos Laguna se convirtió un conjunto respetable en la máxima categoría, excepto la época oscura en que su pasó por las manos de aquel argentino Carlos Ahumada, quien se hizo del club porque en ese entonces Grupo Modelo, decidió deshacerse de sus equipos profesionales.

Ante el fiasco que resultó ese episodio de la desincorporación de Santos del conglomerado cervecero, la propia empresa tuvo que retomar el control y fue justo Alejandro Irarragorri quien llegó como vicepresidente deportivo de Modelo, cumpliendo con un excelente trabajo. Con él al frente se evitó el descenso inminente para retomar el vuelo y obtener 3 títulos más de liga; uno siendo todavía de Modelo y los otros dos ya siendo Santos de su empresa, Orlegi. El palmarés actualmente cuenta con 6 títulos de liga de Primera División.

Quien le escatime capacidad empresarial al señor Irarragorri Gutiérrez está claramente pecando de envidia. Ni duda cabe del talento de esta persona que aprendió desde las entrañas del Grupo Modelo siendo muy joven, para aprovechar la oportunidad que le dio la vida y catapultarla de esa manera. Hoy su grupo empresarial es multimillonario y le alcanzó para hacerse del club de futbol Atlas de Guadalajara, al cual lo sacó de paso de más de 6 décadas sin ganar título para hacerse de un bicampeonato. Se dice rápido, muy pocos alcanzan tal éxito.

El problema es que el tránsito hacia el éxito, algo hizo Orlegi que alejó por una temporada a su líder incluso de México, además de su natural ambición por crecer en Atlas, que se ubica en una plaza ciertamente más grande que La Laguna, coincide con el derrumbe deportivo de Santos Laguna.

Se aprecia el "Mea Culpa" de Irarragorri Gutiérrez, quien ha logrado como profesional que es hacer un gran negocio en la Comarca Lagunera, a la par que brindar muchas alegrías a sus habitantes con el manejo de Santos.

El problema es que su desdén - por no decir cierto desprecio- a esta comunidad polvosa y caliente la mayor parte del año, más la suma de circunstancias sucedidas a su organización, han enviado al equipo verdiblanco, a la escuadra de los amores de la inmensa mayoría de laguneros, a la ignominia deportiva. No solamente llevamos más de dos años siendo malos en la cancha, si no que indolentes. Lejos, muy lejos de ser guerreros, característica que con orgullo nos ha definido.

En su conferencia de prensa Alejandro hizo en el discurso el diagnóstico perfecto: se perdió identidad, se perdió el compromiso y la pasión de ser parte de la organización Santos Laguna (también claramente se le bajó al presupuesto).

Lo reprochable no es perder, si no cómo se ha perdido en estos dos años; eso el propio Alejandro lo reconoce. Y un segundo reproche: a Irarragorri Gutiérrez le gusta culpar a laguneros. Hace año y medio removió de la presidencia del equipo a Dante Elizalde, conocedor y profesional en la materia, que perteneció al club por más de 19 años, cuando el club ya estaba muy por temas corporativos; ahora se deshace de otro, Braulio Rodríguez, que nació en el seno de la institución y pasó por infinidad de procesos formativos.

Al final muy su equipo y su empresa, puede hacer con ella dentro del marco legal lo que quiera, incluso elegir como chivos expiatorios a laguneros, como el caso de Dante y Braulio. El problema es cómo se trata de Santos, nuestro Santos, duele mucho verlo así.

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