Sergio Rodríguez Blanco. EL SIGLO DE TORREÓN / Fernando Compean
Visitó La Laguna el pasado viernes 8 de mayo para participar en la Feria Internacional del Libro Coahuila (FILC) que actualmente se realiza en el Centro de Convenciones Torreón (CCT).
El periodista español Sergio Rodríguez López tuvo una agenda interesante. En primera instancia, junto a Mabel Garza y Jesús Cervantes, presentó un libro con dos obras de la dramaturga coahuilense Nancy Cárdenas. Más tarde, participó en una mesa de periodismo cultural junto a los también periodistas Adriana Vargas, Christian García y Mauro Marines.
En libros como ‘Ojos herejes. Crónicas sobre la belleza para lectores rebeldes’ (Debate, 2019), Sergio Rodríguez Blanco da cátedra sobre cómo trabajar la entrevista, la crónica y el ensayo en un mismo texto, teniendo como punto de partida la presencia de grandes artistas y escritores como Antonio Tabucchi, Leonora Carrington o Vicente Rojo. Sobre este y otros temas relacionados con el periodismo y la cultura, el periodista se abrió a la reflexión en un diálogo compartido con El Siglo.

VER MÁS Iveth Luna Flores, una 'Neblina afuera' que cubrió al desierto en la FIL Coahuila
La autora neoleonesa apareció en la Feria Internacional del Libro para presentar su obraEn el periodismo, ¿el mundo sólo existe desde la mirada?
Creo que en el periodismo, y estoy hablando con un colega, además de la mirada, hay elementos que es importante entenderlos desde la mirada. Uno de ellos es la médula. Me gusta hablar de médula. La mirada, por supuesto, es la manera en que observamos, la perspectiva, el punto de vista que tomamos y la mirada que rescatamos. Pero me gusta pensar el periodismo como mirada y como médula. A veces, el eje que rige esa mirada no necesariamente está sostenido en algo. A veces la mirada es una reproducción de una mirada hegemónica. Mirada siempre hay, lo interesante es cuando la mirada que estás utilizando o atribuyéndole a tu trabajo o a una pieza, está sostenida sobre una reflexión; hay una médula detrás. Y desde mi perspectiva es una reflexión que debería ser crítica.
Vienes de una España que en los años ochenta comenzaba a despertar de un letargo tras la dictadura franquista; ¿esa circunstancia ha influido en tu ejercicio al hacer periodismo?
La tradición en la que me reconozco más, dentro del periodismo, diría que es la tradición latinoamericana, más que la española. Yo me fui de España a los veintipocos años y me vine a México. Es decir, estudié periodismo en España, pero me formé en la práctica periodística aquí en México. Y fue desde México donde yo encontré figuras y esfuerzos con los que me sentí más identificado. Te estoy hablando de la gran tradición que hay en México, por ejemplo, en el ensayo de Alfonso Reyes hasta Sergio Pitol. Y si nos vamos a la tradición periodística, están Elena Poniatowska y Carlos Monsiváis. Me parece que la manera en que yo entiendo la escritura me ayuda mucho a hacerme en una tradición que, no digo que no exista en España, pero precisamente por ese letargo que mencionas, no era un espacio en el que era posible ejercer el periodismo, o en el que ese periodismo pudiera salirse de ciertas élites que, en muchos casos, eran las cercanas al poder. Cuando yo empecé a escribir, mis primeros trabajos fueron después de los años 2000.
En Ojos herejes hablas sobre tu encuentro con Antonio Tabucchi y cómo él descubrió la obra de Fernando Pessoa al caminar por París. ¿Cómo es que descubriste el periodismo? ¿Cuál fue el flechazo?
El flechazo real creo que me llegó, ya estudiando periodismo y con el gusto por escribir, cuando una profesora nos presentó el libro Sostiene Pereira, de Tabucchi. Fue la primera vez que me enfrenté a un libro que narraba la historia de un periodista en Lisboa, que trataba de entender lo que sucedía a su alrededor, inmiscuido en una trama de problemáticas sociales y que además ejercía el periodismo desde una perspectiva que atravesaba la cultura. El personaje de ese libro… podría decir que en ese personaje encontré un flechazo importante. Y ahora que mencionas este pasaje de Ojos herejes, un poco de tiempo después, por un intercambio, estudié en la Universidad de Siena y pude tener a Tabucchi como profesor. El tener como maestro al autor que había leído y admiraba, me terminó por enamorar de la profesión; tuve una enorme suerte.

VER MÁS 'Criar es una decisión': Artista Patricia G. Santiago comparte su experiencia en la maternidad
Patricia G. Santiago cerró sus ojos y vio dos túneles: uno oscuro que no tenía fin y otro lúgubre con una luz al final¿El periodismo nos sirve para interpretar la vida?
Yo afirmaría que sí. Afirmo que sí. Soy un ávido defensor del quehacer periodístico y me parece que, como periodistas —yo me dedico más a lo cultural—, nuestro trabajo siempre es un servicio a la sociedad, antes que nada. En ese sentido, es un servicio público; antes que trabajar para un medio, trabajamos para un público. Y me parece que el servicio a la sociedad pasa por proporcionarle herramientas, maneras de ver el mundo, que no necesariamente están a su alcance, para que esta sociedad pueda tomar sus propias decisiones. No quiere decir que desde otras disciplinas o quehaceres no pueda hacerse esto, pero me parece que el periodismo, por ese carácter social que tiene, ofrece herramientas para interpretar el mundo. Y creo que es parte de nuestro trabajo; si no, seríamos meros transcriptores de la realidad.
Mencionamos que la mirada es esencial en este oficio. Sobre algunos encuentros que has tenido con artistas y escritores, ¿qué te reveló la mirada, por ejemplo, de Leonora Carrington?
De Leonora Carrington recuerdo, yo que soy muy de los ojos y la mirada, algo físico que no es tanto la mirada y son sus manos. Recuerdo que me dijo: “A ver sus manos”. Y entonces me puso su mano enfrente y yo le puse la mía, hicimos como una unión de manos y me dijo: “Yo soy una mujer de manos muy grandes, como de partera. Entonces, un poco lo que ella me decía era que no tenía manos de pianista, sino que tenía manos de partera. Y a partir de ahí empezamos a hablar sobre cómo ella había sido vista en el París de cuando era joven como una musa, pero que esa musa en realidad no era tal musa. Entonces, ¿qué vi en Leonora Carrington? Vi un personaje mucho más cercano de lo que yo imaginaba antes de conocerla y una persona muy misteriosa, pero a la vez muy generosa; una persona interesada por escuchar y creo que esos elementos nos los podemos traer al mismo ejercicio del periodismo.
Y respecto a tu diálogo con Vicente Rojo, ambos nacieron en la Península Ibérica —él en Barcelona, tú en Madrid—, llegaron a México y se quedaron aquí. Tomando en cuenta este aspecto, ¿qué te generó el encuentro?
El encuentro con Vicente Rojo me hizo reflexionar mucho sobre algo que en España llamamos “el descolchón”, que es en el fondo la herida o el accidente; pensar que desde una mente y un cuerpo que ha nacido en una latitud y que, por diversas cuestiones, se ha desarrollado en otra. Lo accidental no debemos entenderlo como algo negativo, sino como una oportunidad para seguir creando, y justo cuando hablábamos de este descolchón que teníamos en la pared de su estudio. Luego, al entrar a su estudio, pude encontrarme con un lugar lleno completamente de material, a un personaje obsesionado por el accidente. Además, recuerdo que me habló de la portada de Cien años de soledad y de cómo lo accidental al final se convirtió en lo artístico. En ese sentido, me parece importante estar abiertos, entender que no todo podemos controlarlo y que cuando algo se sale de control, hay que dejarse fluir, como los juncos en el río.

VER MÁS Romana Lekhnyk abrió el mundo de Astor Piazzolla
La versión interpretada por la maestra Romana Lekhnyk corresponde a la realizada por el compositor ruso Leonid Desyatnikov¿Cómo te ha transformado cada persona que has entrevistado?
Trato de ser como una esponja. Y creo que cada encuentro me enriquece siempre, porque precisamente redescubro lo que más me gusta del periodismo, lo que más me gustó desde el principio: esa importancia, pero también esa obligación de la reinvención; nuestro trabajo nos obliga a terminar una pieza y prácticamente partir de cero en la siguiente. Lejos de preocuparme o aburrirme, más bien ese aspecto del periodismo me interesa muchísimo: tener un nuevo misterio por resolver y dejarme permear por lo que tengo delante. Creo que es la única manera en la que podemos ejercer el periodismo; de lo contrario, sería hablar con la gente, pero en el fondo quedarte con lo que ya tenías antes. Si hablar con alguien no te transforma, quiere decir que hiciste mal tu trabajo.
