En un mismo día cuatro eventos en distintas entidades. Jóvenes, muy jóvenes, que igual utilizan machetes que armas punzocortantes o armas de fuego. Por supuesto que sabemos del fenómeno, lo más común es aludir a los Estados Unidos donde los casos son frecuentes. El bullying queda atrás. También Noruega sufrió un caso de horror. Pero sorpresas te da la vida, Costa Rica registra la tasa más alta -44%- de acoso escolar o bullying, le sigue Kazajistán -39%- y Marruecos con 37%. En América puntean Colombia, México, Brasil, Perú y Chile. O sea que el fenómeno no tiene fronteras, lo cual no quiere decir que no existan constantes. Por ejemplo el ciberacoso. “Bullying Sin Fronteras” pone a España, Estados Unidos y México como líderes en el tema.
Pero bien ha dicho Mario Luis Fuentes en estas páginas, no todo es imitación.
Cada país tiene características propias. Y el Bullying pareciera sólo la puerta de entrada. Tomemos el caso de Torreón, los asesinos tenían 18 años, ya eran egresados y se fueron contra la subdirectora del plantel quien terminó falleciendo, pero también hirieron a otras cuatro personas.
Fueron los padres de familia los que lograron contener a “los gemelos” como se les conocía. ¿Pero cuál fue el móvil? Mario Luis sugiere volver la vista a la salud mental –o mejor dicho la carencia de ellacomo fenómeno que, por supuesto está en las redes, pero también pasa por el hogar y por la convivencia cotidiana. En eso es dónde México parece haber caído en un torbellino. Fosas clandestinas, desaparecidos por miles, degollados, más de 50 muertos todos los días. A principios de junio pasado un menor de segundo grado llevó un arma blanca y amenazó a cuatro compañeros, tres niñas, por cierto. Pareciera que la directora del plantel en la Colonia Roma de la CDMX decidió ocultar los hechos para salvaguardar la buena fama del plantel. Ese mismo día murió un sujeto en condición de calle a la altura del Metro Politécnico. Pocos días después un hombre quemó a su pareja rociándola con gasolina. La mujer -de 28 años- sobrevivió y su agresor de 26 fue detenido. No somos los únicos con notas de horror cotidianas como el asesinato de James Handy de 81 años a manos de su hijastro. Y podríamos seguir pues todos los días hay notas de este tipo. De regreso ¿cuál es el móvil? En México hay un claro desprecio por la vida del cual nos hizo conscientes Octavio Paz, por la vida en general, por los animales, por los bosques y selvas y por supuesto por cualquier ciudadano de los que caen abatidos en los enfrentamientos entre narcos. Ahora Morelos resulta campo de batalla de distintas tribus. Detrás de ello está el arraigado conocimiento de la impunidad que reina en todas partes, más del 90%. Así la apuesta violenta se vuelve racional: bullear, agredir, herir o matar sin consecuencias. Adiós al Estado. Entre el año 2000 y el 2006 ha habido 157 incidentes con armas en las escuelas de México.
Ese es el “pueblo bueno”, las nuevas generaciones que andan al acecho de una forma de vida que, en los hechos, es premiada: haz lo que quieras que de seguro no habrá consecuencias. En lugar de invertir en policías estatales y municipales, la tónica ha sido la de concentrar los recursos y los resultados están a la vista. Sólo la CDMX cumple con el estándar de policías preventivos por 1,000 habitantes.
Tiene 3.7. pero hay 31 entidades que no lo cumplen ni remotamente, 24 no llegan ni a un policía por 1,000 habitantes. ¿De qué nos asombramos? Del 91.4% de impunidad nacional en homicidio doloso. En el 2021 el promedio de gasto estatal diario en seguridad era de 5 pesos. Es claro -ver los datos de IMPUNIDAD/CERO- que las entidades en las que más se invierte en investigación y fortalecimiento de las policías, son las menos inseguras.
Normalizar es la palabra de moda para denominar el hecho de que vemos estos hechos como parte de la vida olvidando cualquier intento civilizatorio.
Nedi Edith Nevárez González, era su nombre. Decidió ser maestra.