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Símbolos patrios

JUAN VILLORO

La semana pasada escribí sobre el absurdo uso del ajolote como símbolo de la capital mientras los ajolotes reales se extinguen en Xochimilco. Hoy me concentro en otros gestos simbólicos.

La presidenta Claudia Sheinbaum recibió de manos de Gianni Infantino el boleto 00001 para asistir a la inauguración del Mundial y no quiso usarlo. Su lugar será ocupado por una joven indígena que domina el balón con astronómica exactitud. Nacida en Tlaquilpa, Veracruz, Yolett Cervantes Cuaquehua, sufrió una lesión que le impide destacar en la cancha pero desarrolló un virtuosismo compensatorio: sus pies descalzos golpean la pelota cuatro mil veces antes de que caiga al suelo.

A los 21 años, remite a las proezas que Maradona hacía en los entrenamientos. ¿Cómo se explica su talento? Yolett escribe poesía en náhuatl; a los ocho años ganó un concurso que la llevó a España, donde asistió a un partido de leyendas en el estadio Santiago Bernabéu. Al ver las proezas de los futbolistas, decidió imitarlas. Ya se había preparado para eso porque la poesía está hecha de ritmo; con la naturalidad de quien se quita los zapatos, Yolett pasó de los versos a la métrica del empeine. Hace unas semanas ganó la competencia que le permitirá estar en el palco de honor.

El deporte más popular del mundo se ha convertido en un capricho para millonarios. Cada vez que un estadio se renueva, se le quitan butacas para que sea más exclusivo. En el Mundial de 2026, los reyes, los jefes de Estado, los emires y los jerarcas de la FIFA que no entienden el futbol, tendrán el acceso que se les niega a los aficionados que durante años han llenado las gradas sin importar el clima ni la calidad del partido. Yolett es la más digna representante de quienes aman el trato con la pelota pero no podrán asistir al Estadio Azteca.

Al regalar su boleto, Sheinbaum hizo un gesto incluyente en un espacio de exclusión. Eso no resuelve las carencias del futbol, pero permite recordar que los enemigos de la pasión no están en la cancha, sino en los palcos.

El boleto 00001 acabó donde debía. Este logro simbólico fue el preludio a otra gesta de los signos. En el Monumento a la Revolución, Sheinbaum lanzó el más fuerte de sus discursos, en defensa de la soberanía: "México no es piñata de nadie", dijo en alusión a la posible injerencia de Estados Unidos en la política nacional. Ante más de cien mil seguidores, jugó en terreno seguro, recordando los principios de no intervención. Desde el punto de vista retórico, ofreció argumentos incontrovertibles. El problema está en lo que sucede más allá de la retórica.

El intento de extraditar a diez políticos mexicanos, entre ellos el ex gobernador de Sinaloa, es un hecho sin precedentes. El tratado de extradición permite hacer una detención y presentar pruebas 60 días después. ¿Qué certeza hay de que se capture a un auténtico culpable? Las leyes son suficientemente raras para que se interpreten de manera política. Acatar la petición de Estados Unidos iniciaría una arriesgada dinámica; a partir de ese momento, se podrían solicitar de manera discrecional otras entregas, decidiendo la política del país.

Las palabras de Sheinbaum se ajustan a la tradición soberanista. Pero los símbolos no bastan. Estados Unidos busca juzgar a posibles delincuentes protegidos en México. La solicitud de extradición se basa en el terrible vacío dejado por nuestra justicia.

El 6 de junio de 2021, el morenista Rubén Rocha Moya ganó una elección marcada por secuestros de opositores. En la víspera, Paola Iveth Gárate Valenzuela, candidata a diputada de la alianza PRI-PAN-PRD, fue detenida durante nueve horas por sujetos armados. Un día antes había sido secuestrado José Alberto Salas Beltrán, secretario de organización del PRI. Por su parte, Guadalupe Iribe Gascón, candidata de la alianza a la alcaldía de Badiraguato, anunció que se bajaba de la contienda y pidió que votaran por Morena; lo hizo porque tenían secuestrado a su hermano.

Vale la pena recordar que en julio de 2024 fue asesinado Héctor Melesio Cuén Ojeda, exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa, que acababa de denunciar a Rocha Moya por actos de corrupción.

Sobran indicios de que el crimen organizado actúa en la política de Sinaloa. Si la Presidenta no logra que eso se resuelva en territorio nacional, su defensa de la soberanía se convertirá en defensa de la impunidad.

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