Es impresionante la cantidad de análisis, mesas redondas a cargo de especialistas en materia de seguridad, artículos editoriales, comunicados de organizaciones diversas (como Coparmex y el Episcopado, entre otras), conferencias (incluidas las llamadas "mañaneras", lamentablemente contaminadas más, como bien se sabe, de propaganda oficialista que de información objetiva), además de audios, videos e infinitos mensajes difundidos a través de las redes sociales, todo ello a raíz de la operación militar realizada en Tapalpa, Jalisco, el pasado domingo 22 de febrero para la captura y final abatimiento del capo mayor del CJNG, Nemesio Oseguera, conocido como "El Mencho".
Sin embargo, ante ese inmenso torrente que inició desde el domingo mismo, el ciudadano común, sobresaturado de ruido, sigue sin tener idea exacta acerca de ciertos aspectos clave del operativo, llevado a cabo por fuerzas especiales del Ejército Mexicano y la Guardia Nacional.
Es cierto, no se discute, que por la naturaleza de ese operativo, es legal y perfectamente entendible por razones de estricta seguridad nacional, que la información relativa a aquél se mantenga con el carácter de reservada. No es lo mismo que el injustificado ocultamiento, la gran opacidad como ha sido práctica gubernamental generalizada en los últimos siete años y medio, de los costos, por ejemplo, de la construcción del Tren Maya o de la refinería de Dos Bocas. En el caso del domingo 22, el sigilo sí se justifica.
Bueno, pero toda vez que ya oficialmente algunos datos del mencionado operativo se dieron a conocer, procede entonces hacer un par de comentarios. No tanto con ánimo de crítica sino de expresar preocupación por la forma como se desarrollaron ciertos hechos el domingo, y lo que puede seguir después de ese día.
De acuerdo a la narración hecha por el secretario de la Defensa Nacional, general Ricardo Trevilla, en la conferencia "mañanera" del lunes 23 de febrero, acerca de la forma como se llevó a cabo el domingo la captura de El Mencho, que terminó con su abatimiento, mencionó que "fallecieron ahí (es decir, en la principal acción del operativo), en total ocho elementos" del grupo delictivo (inicialmente se dijo que cuatro); y en el comunicado de prensa emitido por la Defensa Nacional el domingo 22 se lee: "que tres heridos de gravedad… perdieron la vida durante su traslado vía aérea a la Ciudad de México", entre estos últimos El Mencho. En total, pues, once presuntos delincuentes muertos, incluido el capo cuya captura era el principal cometido de la operación militar.
Aunque no se trate de un ejercicio comparativo estricto, como mera referencia cabe recordar que en la acción de captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero, ni él ni su esposa resultaron muertos, porque eran el objetivo central de la operación. Y eso que esa acción en sí fue bastante más complicada, como lo demuestra el hecho de que implicó la muerte de 32 militares cubanos de élite, que actuaban como sus agentes de seguridad.
Luego se desataron violentas reacciones por parte de la organización criminal, consistentes en bloqueos de carreteras e incendio de vehículos y de locales comerciales y bancarios, así como ataques a gasolineras, principalmente en el estado de Jalisco, "donde lamentablemente perdieron la vida 25 elementos de la Guardia Nacional, un custodio (?) y uno de las Fiscalía General" de ese estado, además de una mujer embarazada, según informó en la "mañanera" del lunes el secretario de Seguridad Pública, Omar García Harfuch.
Aparentemente muchos caídos de la Guardia Nacional, a pesar de que según también dijo García Harfuch se tenía listo el protocolo para enfrentar esa previsible reacción violenta del grupo delictivo, y que de acuerdo a lo informado en la misma conferencia por el secretario de la Defensa Nacional se tuvo localizado en El Grullo, Jalisco, el centro desde donde un lugarteniente de El Mencho, conocido como Hugo "El Tuli", estaba coordinando los bloqueos, y a quien por cierto fueron a ultimar.
Ahora lo menos que se puede esperar es que se tenga un plan bien estructurado para hacer frente -hasta anular--, las previsibles reacciones también violentas en las próximas semanas y meses, a raíz del descabezamiento del mencionado cártel. Lo ocurrido en Sinaloa en 2024 pudo haber tomado por sorpresa al gobierno, por la forma como se dieron los hechos. Pero no en este caso.