EL ESTRÉS EN EL SER HUMANO (PARTE CINCO)
En los artículos anteriores me he estado refiriendo al efecto que produce en el organismo el cortisol, ya sea si está elevado o bajo.
El cortisol juega un papel crucial en la regulación del metabolismo, la respuesta inmunitaria y la respuesta al estrés. En el contexto del trauma oclusal y el estrés, el cortisol puede influir en la salud oral de varias maneras. Por ejemplo, el estrés crónico puede llevar a un aumento de los niveles de cortisol, lo que puede tener efectos negativos en la salud oral, como el aumento del riesgo de enfermedades periodontales y la disminución de la salud bucal general. Además, el cortisol puede afectar la función del sistema inmune, lo que puede resultar en una mayor susceptibilidad a infecciones orales.
Por lo tanto, es importante manejar el estrés y mantener un estilo de vida saludable para proteger la salud oral y prevenir problemas relacionados con el estrés. Esto es importante porque en el consultorio odontológico se manejan manifestaciones severas de trauma oclusal; esto se traduce en fracturas de órganos dentarios y fracturas de tratamientos ya realizados, como carillas y coronas. A los pacientes no les queda claro por qué los tratamientos no perduran, cuando en la gran mayoría de los pacientes sí lo hacen.
Además del cortisol, hemos platicado que, a partir de la pandemia, hubo un antes y un después: hay más estrés. Es por este motivo que me gustaría valorar cómo se encuentran, en sus elementos químicos, los pacientes. Sé que dicen: "yo sí uso el guarda", "yo sí me cepillo los dientes", "yo no rechino ni aprieto los dientes"; perfectamente detectamos cuando esto no es real.
Además, la medicina no es una ciencia exacta y hay muchas variantes en todo ser humano, ya que todos somos individuales. Esto es en cuanto a la salud oral, a la estomatología: cabeza, cuello, cara, órganos dentales y tejidos blandos, que es nuestra área; también se manifiestan muchas contracturas musculares en estas partes del cuerpo.
El cortisol nos ayuda en situaciones de peligro, nos ayuda a reaccionar rápidamente; sin embargo, cuando el estrés se vuelve crónico, la exposición prolongada a niveles elevados de cortisol puede tener efectos perjudiciales.
El estrés crónico es uno de los principales factores que contribuyen al desequilibrio en los niveles de cortisol. Estudios han demostrado que la exposición prolongada al estrés puede alterar la regulación del eje HPA, lo que lleva a una producción excesiva o insuficiente de cortisol. Esta disfunción se ha relacionado con una variedad de trastornos psicológicos, como la depresión, la ansiedad y el síndrome de burnout. Un estudio publicado en la revista Psychoneuroendocrinology encontró que las personas con depresión mayor tienden a tener niveles elevados de cortisol en comparación con individuos sanos. Este hallazgo sugiere que el cortisol puede desempeñar un papel clave en la fisiopatología de los trastornos del estado de ánimo. Además, la exposición crónica al cortisol puede afectar negativamente la estructura y función del cerebro.
El cortisol también está estrechamente relacionado con los ciclos de sueño-vigilia. Normalmente, los niveles de cortisol siguen un ritmo circadiano, alcanzando su punto máximo por la mañana para ayudarnos a despertar y disminuyendo gradualmente a lo largo del día para facilitar el sueño nocturno. Sin embargo, el estrés crónico puede alterar este ritmo, lo que lleva a problemas de sueño como el insomnio.
Las personas con insomnio crónico suelen tener niveles más altos de cortisol durante la noche, lo que dificulta conciliar el sueño. Esta alteración en el ritmo circadiano del cortisol no solo afecta la calidad del sueño, sino que también puede agravar los síntomas de ansiedad y depresión, creando un círculo vicioso que es difícil de romper.