MUJERES UNIVERSITARIAS ESCRIBEN SOBRE UNIVERSITARIAS: INSPIRACIÓN Y MOTIVACIÓN (PARTE VII)
DRA. MARÍA FRANCISCA MORALES FLORES
Cuando nació su cuarto hijo con síndrome de Down, comprendí todo lo que años antes había apoyado, cuando el doctor dijo que la mayoría de estos bebés no eran alimentados con leche materna y eso los perjudicaba aún más. Resonó en mí cuando el pediatra me dijo: "Estimula, para que cuando salga el bebé de Terapia Intensiva puedas alimentarlo" (Paco vino con ano imperforado y tuvieron que operarlo antes de las 24 horas de nacido).
Cuando vino a darme la noticia del síndrome de Down, el día de la operación, yo ya lo sabía, pues habíamos ido a visitar a los cuneros antes del procedimiento. En ese momento mi esposo y yo decidimos que lo importante era que saliera bien de la operación y que, antes que nada, era nuestro hijo, que tenía esta condición, y que haríamos lo necesario para ayudarlo a salir adelante.
Gracias a Dios, la operación de Paco fue exitosa, no tuvo que hacerse colostomía y se pudo conectar el intestino con la piel.
Cuando al fin, a los tres días, el doctor me dijo que podía ir a amamantarlo a cuneros, la enfermera de turno me comentó: "Estos bebés casi no pueden mamar". Fue el primero de muchos "ellos no pueden" que escucharía durante mucho tiempo.
Lo llevamos a casa a los siete días. Empezamos a darle terapia al mes de nacido, y lo demás es historia. Incluimos a Paco en el kínder, luego en primaria Montessori (único colegio que aceptaba niños con necesidades especiales). La directora nos compartió la realidad de otros niños con síndrome de Down que habían estado en el colegio: estos niños no habían podido aprender a leer ni escribir, por lo que la integración era principalmente social, lo que hacía difícil llevar el currículo escolar.
Entonces le comenté que me había llegado de España un método para enseñar a leer a niños con síndrome de Down y que lo estábamos aplicando con Paco en la fundación. Paco tenía cuatro años, así que me dijo que lo lleváramos para trabajar con él. También le compartí que habíamos visto un video en el que un joven español, Pablo Pineda, había terminado la primaria y que había sido mi inspiración. Así que durante toda la primaria nos pusimos a trabajar.
Paco dijo, en representación de sus compañeros, las palabras de despedida de su generación.
La secundaria, la preparatoria, un año especial de inglés y la escuela de teatro musical, así como el trabajo, fueron muchos retos y desafíos, pero con determinación y constancia lo hemos logrado.
La experiencia de luchar por la inclusión de las personas con síndrome de Down no ha terminado. Se ha avanzado mucho, pero cada niño que nace es un nuevo reto. Aquí la tarea es de los padres y de la sociedad, para que abran sus puertas y su mente a esta realidad.
Considero que Dios me dio la oportunidad en esta vida de conocer y aprender a través de mi hijo. Estudié una nueva carrera con diplomados en Educación Especial, Educación Montessori y Profesionalización de Instituciones de la Sociedad Civil, desarrollando la empatía y sensibilizándome hacia todas las causas de la hoy llamada neurodiversidad.
Aprendí que todos somos seres humanos, que todos queremos ser felices y que todos tenemos la misma dignidad. Es un regalo, un regalo que se hizo extensivo a toda la familia. Aprendimos a trabajar en equipo y a alegrarnos con cada logro obtenido, no solo de Paco, sino de cada uno de mis hijos de manera individual.
Me da mucho gusto compartir mi historia y ojalá sirva para que otras familias tengan fe y alegría para ayudar a sus hijos y a los demás. Continuará…