ENFERMEDAD CELÍACA
Ante todo, es importante que usted visite a su odontólogo de confianza. Además de su profilaxis, es importante la valoración general de los tejidos blandos y duros de la cavidad oral, así como de la cara y el cuello. Esto se efectúa en las revisiones de control. En ellas encontramos algunas enfermedades de otras especialidades y podemos indicar cuál es el médico que puede apoyar, así como determinar si es necesario trabajar interdisciplinariamente.
Hay un sinnúmero de enfermedades que se originan en la boca o que presentan manifestaciones en ella, y el odontólogo puede detectarlas e informar a sus pacientes, familiares o médico familiar. Entre ellas se encuentra la enfermedad celíaca o celiaquía (EC), un trastorno autoinmune caracterizado por la inflamación crónica del intestino delgado. Afecta a personas que presentan una predisposición genética y es producida por una intolerancia permanente al gluten, conjunto de proteínas presentes en el trigo, la avena, la cebada y el centeno, así como en los productos derivados de estos cereales.
Tradicionalmente se trataba como un trastorno digestivo; actualmente se sabe que es una enfermedad sistémica, ya que la respuesta inmunitaria anormal causada por el gluten da lugar a la producción de diferentes anticuerpos que pueden atacar cualquier órgano o tejido. Si bien se produce una intolerancia permanente al gluten, no se trata de una simple intolerancia alimentaria ni mucho menos de una alergia. Es una enfermedad autoinmune que, sin tratamiento, puede provocar complicaciones de salud muy graves, diversos tipos de cáncer -tanto del aparato digestivo, con un incremento del riesgo del 60 %, como de otros órganos-, trastornos neurológicos y psiquiátricos, otras enfermedades autoinmunes y osteoporosis. Asimismo, la cavidad oral puede verse afectada.
La intolerancia al gluten afecta aproximadamente al 1 % de la población, pero los especialistas en nutrición están alertando sobre el aumento progresivo de casos. Entre los síntomas que causa se encuentran el dolor abdominal, la diarrea recurrente, la irritabilidad, el abdomen distendido, los cambios de carácter y la escasa ganancia de talla y peso, e incluso la pérdida de este, cuando los cereales se introducen en la dieta del niño a partir de los seis meses.
Es una enfermedad que, si se observan sus síntomas, puede tratarse a tiempo. El diagnóstico se realiza a través de un análisis de sangre en el que se detectan anticuerpos contra el gluten y se corrobora mediante una biopsia intestinal. La celiaquía suele ser un trastorno crónico, pero con una dieta estricta y evitando ingerir alimentos con gluten, se puede llevar una vida normal.
En cuanto a la salud bucal, se puede detectar que un niño es celíaco por algún problema asociado a la boca, incluso antes de que le hayan diagnosticado este trastorno. Puede presentar dos tipos de problemas característicos: llagas o aftas orales recurrentes y/o lesiones en el esmalte dental (defectos en el esmalte), como manchas de color café. Estas pueden confundirse con fluorosis; sin embargo, al observarlas en un paciente con buena higiene oral, pueden constituir un signo de alerta que sirve como punto de partida para considerar esta enfermedad como posible diagnóstico.
Es muy importante valorar si el paciente presenta de manera recurrente la aparición espontánea de aftas o pequeñas llagas. Estas pueden tratarse con gel de clorhexidina, enjuagues bucales y anestésicos tópicos. Lo importante no es solo atender estos dientes débiles o las llagas, sino detectar a tiempo la enfermedad, evitar complicaciones, prevenir la pérdida de dientes y trabajar en conjunto con el médico internista.
Además, si no se detecta la intolerancia de forma temprana, el intestino delgado del paciente se irá inflamando progresivamente, alterando su funcionamiento. Por ello, algunos celíacos presentan dentición débil, fragilidad de las piezas dentales y retraso en la erupción de los dientes debido a la mala absorción de calcio ocasionada por un intestino deteriorado.
Con las correctas medidas de higiene dental, revisiones periódicas con el dentista y tratamientos preventivos adecuados, como aplicaciones de flúor o resinas sellantes, se puede prevenir la pérdida de órganos dentarios.