Susana Zabaleta reparte abrazos a cientos de personas
Los abrazos, en su aparente sencillez, guardan una fuerza esencial que nace de lo más hondo de la naturaleza humana. Son un lenguaje silencioso capaz de cruzar fronteras, culturas y palabras, un acto íntimo donde la emoción se expresa sin necesidad de voz.
En ese encuentro de cuerpos habitan el consuelo, la empatía y la complicidad, como un refugio que calma y repara. En tiempos marcados por la distancia y la virtualidad, el abrazo se vuelve un recordatorio vital de lo que somos: seres que necesitan del otro para sentirse completos, unidos por vínculos que sólo el contacto auténtico puede fortalecer.
Después de dos años de haber hecho este último ejercicio, Susana Zabaleta regresó, el pasado 16 de enero, al Museo Soumaya de Plaza Carso de CDMX, para reencontrarse cara a cara con quienes desaban participar en su ya tradicional encuentro de “Los abrazos”, un proyecto humano que invita a reflexionar sobre los límites, las fronteras y la necesidad esencial del contacto. La asistencia fue bastante.
“¿Quieres o necesitas un abrazo?”, bajo esa pregunta, la oriunda de Monclova, Coahuila hizo esta cita, en donde las palabras, las imágenes quedan de lado, para volver a abrir los brazos, en un acto de amor y de sanación.
No fue un evento promocional de selfies, autógrafos ni diálogos, sino una introspección profundamente humana y personal de entrada totalmente libre, sin taquillas.
Ubicado en el lenguaje del performance, este acto rompió con las convenciones tradicionales del arte al transformar el encuentro humano en una manifestación física y emocional.
La actriz y cantante asume el papel de intérprete postmoderna y, al mismo tiempo, ella misma es su propio espacio escénico, invitando al público a formar parte de la experiencia que nace del abrazo.
Las fronteras y los límites siempre se han inventado para proteger un territorio que puede ser físico, psicológico, social, económico, mágico o sentimental. Las fronteras nos dan seguridad, pero también pueden convertirse en nuestra mayor vulnerabilidad.

