Va el plan B, que en realidad es el plan E(lectoral). Lo de menos, relativamente, es que la iniciativa presidencial haya sido rechazada; lo trascendente es que la presidenta Sheinbaum se ha hecho de una bandera rumbo a las urnas intermedias de 2027: convocar a militantes de Morena y simpatizantes en general del proceso 4T a votar en abundancia por las candidaturas guinda a San Lázaro para empujar las reformas que ahora le fueron impedidas por el Verde y el PT, en el primer desacompañamiento de estos partidos "aliados" desde 2018.
En lo inmediato, el aparente revés a Palacio Nacional implica la posibilidad de que el radar claudista pueda explorar otras posibilidades de alianzas votantes en el Congreso (¿el Movimiento Ciudadano, salido hace años del redil, pero siempre dispuesto a negociar dantescos retornos redituables?). O, incluso, que los raspones de esta vez sirvan de justificación para cerrar el ciclo de las reformas constitucionales en temas delicados que al poder presidencial le conviene no tocar, en el contexto (no solamente) de las crecientes presiones trumpistas.
En primera lectura también resaltan las definiciones de cada bancada legislativa. Fueron 259 votos a favor de la iniciativa presidencial de reforma electoral contra 234 y una abstención. El problema para Palacio Nacional es que se requería votación calificada, es decir, dos terceras partes de los votos emitidos.
Morena votó virtualmente en bloque a favor de la iniciativa, salvo tres diputados que lo hicieron en contra, dos ausentes y la zigzagueante exsecretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, que estuvo presente pero no votó, según reportaron Fernando Camacho y Enrique Méndez en La Jornada. El Verde quedó en su composición real: las diez piezas que Morena le prestó, para engrosar su aritmética, votaron como morenistas; los originalmente Verdes, como tales. El PT se sostuvo: 47 de 49 votos, en contra; uno a favor y un ausente. PRI, PAN y MC se mantuvieron en general como oposición sin alternativas.
Tal como estaba previsto, en automático se habló de la implantación de un plan B, que consistirá en conseguir mediante mayoría simple, no calificada, la aprobación de reformas electorales no constitucionales sino a las leyes secundarias. Es obvio que estas modificaciones deberán ser menores a las no obtenidas por la vía constitucional; en todo caso, San Lázaro podrá aprobar los cambios en leyes que considere pertinentes, y las máximas autoridades judiciales (de cúpulas ahora muy cercanas al guinda) decidirán cuáles son aceptables.
Y, desde luego, más allá de la manera como se resuelva el novedoso diferendo con el mercantil Partido Verde Ecologista de México y con el del Trabajo, cercano en discurso ideológico a Morena, pero aparentemente ya no tan necesario como aliado, la planeación guinda se extendió desde ayer hacia las montañas y planicies electorales de 2027, con bandera y plan E rápidamente desplegados.
Vanidad hasta en tiempos bélicos: The New York Times ha publicado que "el Pentágono prohíbe a los fotógrafos de prensa las fotos 'poco favorecedoras' del secretario Pete Hegseth (...) El personal del Secretario de Defensa cuestionó las imágenes tomadas en una rara conferencia de prensa la semana pasada y decidió excluir a los fotógrafos de dos conferencias de prensa posteriores".
El diario neoyorquino recuerda la "tensión" entre dicha secretaría y periodistas de la fuente, llegada a un grado álgido en octubre pasado, "cuando cientos de reporteros acreditados del Pentágono entregaron sus credenciales y decenas abandonaron el edificio tras negarse a firmar una política que prohíbe a los periodistas solicitar información no autorizada por el gobierno".
Y, mientras anoche mismo se reunía en Palacio Nacional los morenistas relevantes para acordar los pasos electorales a seguir, ¡hasta mañana!