El costo de obtener lo que tanto anhelabas, es directamente proporcional al temor de perderlo.
Ningún objeto viene eternizado, lo compramos con la conciencia de que al salir de la tienda se puede romper, nos lo pueden robar o puede caer por una alcantarilla. Con las personas ocurre algo chistoso, creemos que las podemos poseer, que sus elecciones son definitivas, que no se pueden retractar, que no están vivas, que no tienen libre albedrío, que no se mueven. Eso, desde la inseguridad, duele. Duele porque así como trabajamos duro para adquirir un objetivo valioso, reprimiendo gustos, extendiendo horarios y haciendo sacrificios; de la misma manera invertimos tiempo, espacio y energía en construir lo más fuerte y débil que existe en este planeta: una relación. Todos los contratos se pueden romper, incluso el que haces frente a Dios.
No hay certeza de nada. Es una apuesta riesgosa.
Se dice que el que no arriesga no gana, lo confirmo. La seguridad es como pedir el mismo platillo en el restaurante de siempre: rico, cumplidor, conocido, rápido, no implica discernimiento, ni el esfuerzo de leer el menú; es satisfactorio, pero no hay sorpresa, tal vez, por mera pereza, te estás privando del manjar que viene justo debajo o, con un poco más de vigor, dándole vuelta a la página.
Elegir algo distinto puede resultar repugnante; es una certeza que el miedo no da.
La complejidad de las relaciones es que son agridulces; siempre hay un toque amargo que incomoda y retracta… al otro le ocurre igual. Cuando nos descubrimos imperfectos se activa la inseguridad dolorosa que nos hace creer que somos ese nuevo platillo que no superó al de siempre, a lo fácil, a lo cómodo, a lo que ni siquiera tienes que leer. El costo de obtener lo que tanto anhelabas, es directamente proporcional al temor de perderlo.
Creo que la vida es una experiencia plagada de riesgos y que, más que ganar, la apuesta sería a vivir.
Da igual si ganas o pierdes, pero, ¿en dónde te quedas?, ¿qué tanto aprendiste, saboreaste, caminaste?, ¿qué tantos paisajes le regalaste a tus sentidos?, ¿qué sueños de niña decidiste cumplir? En una experiencia humana tan breve y solitaria, tal vez no deberíamos ir acumulando bienes o personas, huyendo de la desdicha, el frío o el fracaso, porque ese piso es parejo y pretencioso, seguro y aburrido, vivo, pero muerto.