¿Qué hay de malo con ser bueno? No sé ni cómo abordar este tema, siento que, indiscutiblemente, caeré en juicios, y estoy lista para ello.
Podría optar por la cobardía y dejarles aquí la definición de bondad… que no es otra cosa que hacer el bien, ¿y qué es el bien? allí radica todo.
Tengo la fortuna de conocer a muchas personas. Algunas de ellas exitosas, abundantes; otras encorvadas, disminuidas, inseguras; mentes brillantes o con conocimientos y habilidades muy limitadas. Es chistoso descubrir cómo a muchos de “los buenos” les va muy mal y, cómo, generalmente, a “los malos” (entiéndase ambiciosos, con valores flexibles, etc) les va muy bien. “¡Qué injusto!”, dicen los buenos. “Es lo que merezco”, dicen los malos.
En mis últimas sesiones de escritura terapéutica, me ha tocado trabajar con “los buenos”. Los describiré un poco: Son hombres al cuidado de su familia de origen, sus ojos se humedecen tan sólo al nombrar a sus padres… por fortuna, vivos. Viven con ellos o son sus vecinos, no tienen pareja, ni hijos; son trabajadores y responsables, ordenados, rectos, disciplinados y extremadamente generosos. Están luchando por un sueño, un proyecto profesional con bases teóricas muy sólidas, profundamente estudiado, pero nublado por el miedo, porque para ellos, la vida es injusta y el éxito inmerecido.
Hace tiempo que dejaron de observar las posibilidades de otro anhelo: la familia, la propia, la que uno construye, ¿te preguntarás por qué?..
por las mismas razones: la vida es injusta y el éxito inmerecido. He vivido convencida de que nuestra historia depende de quien la narra y, a veces, decidimos escribir una tragedia. Confieso que los dramas son mucho más interesantes y requieren de mayor intelecto, más cuestionamientos, más sangre, más dolor, más caos, ¿dónde está la riqueza en una vida donde todo sale bien a la primera? ¿Qué tendría de buena esa película? “La diferencia es que nadie va a arrojarnos dinero por el espectáculo de desilusión que estamos dando porque los único que habitamos nuestra historia completa somos nosotros mismos”.
Ahora compruebo que nuestro dictado mental nos expande o nos limita y que hemos confundido bondad con lo inmerecido.
En la universidad escucho a las alumnas decir “es demasiado bueno” como argumento para rechazar a un joven educado, atento, inteligente y respetuoso, de los que quedan pocos; entonces, no me queda más que cuestionar: ¿Qué hay de malo con ser bueno? No sé si hemos confundido el concepto o la sociedad está demasiado corrompida: si no lastimas, si no tranzas, si no arrebatas, nada valioso te alcanza. Y esto es delicado porque quien menos se prepara y se cuestiona, es quien está construyendo: empresas, marcas, familias, así como se vaya dando la cosa. Mientras que quien se prepara, se trabaja, vive en la duda y nunca se avienta por temor a no hacerlo bien, entonces nunca hace nada.
¿Cuántas criaturas, negocios, fundaciones, marcas nos están haciendo falta? de esas que vienen cargadas con buenas intenciones. La bondad inactiva, no nos sirve de nada. Nada se ha logrado solo con pensar, las acciones requieren valentía y, tal vez, solo tal vez, para ser bueno, se necesita ser valiente.