La profesora Wright trabajaba en la universidad de Westbridge desde que tenía 27 años; aunque su edad sigue siendo un misterio, digamos que ha presenciado más de cuarenta graduaciones.
Vive en un edificio cercano al campus, en una ciudad gris con pequeños destellos azules, amplias bibliotecas y ruido de noche. Casi siempre se le ve muy abrigada; sus alumnos solo le conocen las manos largas, huesudas y con la piel muy delgadita. Lleva el cabello al cuello, gris como la niebla y los ojos azules como los destellos que, de repente, aparecen.
La mayoría de los estudiantes de Westbridge University son muy respetuosos, ven aMrs.Wright como una eminencia en su área, dedicada completamente a la academia. Lo triste es que nadie se pregunta quién es ella además de ser catedrática; salvo Lilly, una joven estudiante de Sociología, quien pidió hacerle una entrevista.
La profesora Wright se negó diplomáticamente, dijo que no le gustaba hablar de ella y, además, tenía trabajo pendiente.Ante la negativa, Lilly optó por una herramienta de investigación más eficaz: la observación.
Con sigilo, la seguía por los pasillos y la miraba mientras escribía en la biblioteca; ahí se dio cuenta de algo: sonreía a menudo, mucho más que en las dinámicas diarias de una clase, aunque también sacaba pañuelos de su abrigo que discretamente colocaba debajo de sus ojos humedecidos.
Mrs.Wright fumaba y, cuando necesitaba hacer una pausa, salía a la terraza dejando sus libros y pertenencias al descubierto, pero siempre cerraba el ordenador.
Lilly comenzó a intrigarse demasiado. Para todos era obvio que vivía sola, nunca nadie la había visto embarazada, ni tomar vacaciones; eso sí, tenía una gran amistad con el Dr. Olliver Bennet, autor y profesor con un sinfín de reconocimientos y publicaciones a nivel internacional. Era común encontrarlos tomando un café o desayunando juntos, los dos pasaban mucho tiempo en la universidad, como si toda su vida se concentrara en esa atmósfera.
Así que Lilly decidió acudir a él y preguntarle por la vida de la maestra Wright.
-¿Qué quieres saber?, respondió el Dr. Bennet ocultando una sonrisa.
-Cualquier detalle es importante: cuántos años tiene, si vive sola, tiene hijos o hermanos, si visita a sus padres, qué hace cuando se va de la universidad, si tiene mascotas, por qué no ha publicado algo… - el profesor la interrumpió de golpe: Alice (Wright) siempre ha cuidado mucho su privacidad, no veo por qué habría de cambiar solo por tu curiosidad.
Mejor dime, ¿qué es lo que te inquieta?
-Me sorprende que una mujer pueda ser feliz con una vida tan aparentemente solitaria, intelectual y grisácea - expresó Lilly con evidente confusión.
La maestra Wright caminaba por ese mismo pasillo y, tras escuchar la desesperación de su alumna, les pidió a ambos que la acompañaran a la biblioteca. Se acercó a la sección de novelas, tomó tres libros y los puso en las manos de la joven: Amor en el armario, Veranos sin sol, El tacto de las miradas… todos firmados por una tal Charlotte Winslow. Luego, siguió caminando mientras Lilly y Olliver la seguían, este último no podía ocultar el disfrute que sentía. Llegaron a su pequeño departamento, al abrir la puerta se toparon con un confortable sillón de gamuza morada, con cojines verdes y amarillos.
En las paredes colgaban pinturas cubistas y un montón de libros en estantes.
La cocina olía a pay de manzana y a té de canela; en el pasillo a la habitación estaba una meada de perro, de esos que son peludos y chiquitos. Los tres comieron un poco de pay y, al terminar, Mrs Wright miró a Lilly y le dijo: Nadie aguanta vivir una vida de grises; a veces, los colores los tienes que pintar… o escribir tú.