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¿VIVIR O SOBREVIVIR?

LUCÍA OLIVARES

¿Vivir o sobrevivir? La existencia del ser humano posee muchas teorías, unas más racionales que otras; sin embargo, nos gusta pensar en lo más cómodo y acogedor, esta idea de que un padre nos protege, nos provee y que todo aquello que ocurra —incluso como consecuencia de nuestros actos y decisiones— es dictado por él.

Nos exime de responsabilidades. La creencia de que si nos regimos por ciertos mandatos tenemos ganado el “paraíso” (entendido como un lugar libre de dolor y sufrimiento) nos reconforta ante los padecimientos mundanos; como si la Tierra fuera una pena anticipada, el cobro de piso para la verdadera vida, esto de que “no hay gloria sin pena”.

¿Será que vivir es tan duro que debemos consolarnos con morir para alcanzar la dicha? No pretendo hablar de religión, ni juzgar mi propia fe, pero sí conversar sobre aquello que miramos en el cielo cargado de cuestionamientos. El tema de tantas series y películas, la tecnología que ha alcanzado cuerpos celestes, pero no fármacos suficientes, hombres que logran sobrevivir en el espacio, pero mueren de pulmonía.

Tal vez no somos un lugar tan seguro para respirar, vivir y compartir. Es mentira que no poseemos la capacidad de salvarnos como especie; yo creo que lo que nos mata es la soberbia, el poder y la avaricia. Netflix lanzó en 2024 pasado la serie “Three body problems”, contando la historia de cinco científicos jóvenes que se exponían a mensajes del espacio, tras la creencia de una mujer herida, a quien la ciencia y el conocimiento le habían arrebatado a su familia, una mujer que descubrió —siendo muy joven— que en el mundo hay mucha maldad, que es muy fácil arrebatarle la vida a una persona sin pensar en lo que esa pérdida conlleva. Esa mujer creció creyendo que la humanidad es incapaz de salvarse a sí misma. Pienso, entonces, en la colectividad, en la familia, en las madres que descubren habilidades insospechadas para proteger a sus hijos.

Lo que nos salva es el lazo, es la conexión… lo que nos destruye es el ego. Yo no entraría a un sitio en llamas por alguien que no conozco, no me arrojaría al mar por alguien a quien no amo, no le dedicaría mis desvelos a quien no me importa; el amor magnifica las capacidades, diluye los miedos, exacerba la fuerza.

Creo que el mundo, sin la intervención del hombre, es hermoso y peligroso; sin embargo, el mundo intervenido por los seres humanos es cruel y mezquino, muy doloroso, solitario y angustiante, por supuesto peligroso. Se sobrevive, es verdad, con sus altas y sus bajas, pero cuando encuentras tu tribu, un hogar dulce y generoso, se vive… porque para vivir se necesitan motivos y, a veces, tú mismo no alcanzas. A veces, defender la vida de quien amas es la mejor forma de vivir y, sus sonrisas, lo más cercano a la felicidad.

Sobrevivimos cada día mientras buscamos pequeños momentos para vivir.

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