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Teoría de juegos, una cara de la realidad

Este razonamiento matemático nos ayuda a tomar decisiones en la vida cotidiana, ya que influye en algo más poderoso que el dinero: el ego.

Teoría de juegos, una cara de la realidad

Teoría de juegos, una cara de la realidad

CORI MUÑOZ

John Nash, el matemático estadounidense que ganó el Premio Nobel en 1994 por su contribución a la Teoría de Juegos y aportes significativos a la negociación y la estrategia de negocios, dejó además un amplio análisis filosófico y aprendizaje diario para la toma de decisiones en todos los niveles. 

El doctor Nash, que falleció en 2015 de 89 años, vivió con un padecimiento psiquiátrico que lo atormentó toda su vida: la esquizofrenia. Sus visiones y conversaciones con un espía, una niña y otros personajes con los que se sentía cómodo e importante fueron llevados a la literatura y al cine con la película Una mente brillante. 

Nash planteó las bases de la teoría de juegos, un proceso que requiere varios análisis que dependen del número de jugadores y las distintas estrategias. Esto ha ayudado a acelerar y hacer más jugosas las ganancias en el mundo financiero. De forma simplificada, con dos jugadores hay cuatro posibles soluciones: ganar-ganar, perder-ganar, ganar-perder y perder-perder. 

Este razonamiento matemático nos ayuda a tomar decisiones en la vida cotidiana, ya que influye en algo más poderoso que el dinero: el ego. El ego, en términos psicológicos, es el Yo, la parte racional que equilibra el “ello” (el instinto) y el “superyo” (la moral). El Yo es la máscara que usamos ante los demás y nos dicta cómo nos percibimos y nos relacionamos. ¿Es necesario? Sí: un ego sano o razonable nos ayuda a ser realistas, resistir en crisis y aprender. Un Yo insano está lleno de soberbia, miedos, necesidad de aprobación externa y nos hace ser reactivos, lo que genera sufrimiento y relaciones conflictivas. Es decir, no permite tomar decisiones adecuadas. 

Ejemplo del ego insano es cuando nos sentimos “sabelotodo” y tenemos la necesidad de siempre tener la razón, o bien, cuando tenemos la urgencia de ser el centro de atención. Así, el ego es un factor no matemático que influye en la teoría de juegos, pues implica que el jugador siempre quiere ganar y, en ese afán, puede perder o hacer que todos pierdan. Jamás habrá el escenario ideal de ganar-ganar, planteado por el Nobel de 1994. 

Nash, en su locura constante, se resistía a creer esa realidad donde nadie está dispuesto a ceder. Recordemos el reciente caso de Arriaga, el director general de Materiales Educativo que se atrincheró por más de dos días en las instalaciones de la SEP, una vez que fue ratificado su despido. ¿Le ganó el ego? Definitivamente, y tuvo que salir sin ningún cargo. Pero ganó la exposición mediática, puso en el centro de la discusión pública los libros de texto y las supuestas relaciones de Mario Delgado con los enemigos de Andrés Manuel López Obrador y de Claudia Sheinbaum. Arriaga cumplió su objetivo. Sacudió el sistema. Hoy está en el centro de discusión el papel de la Nueva Escuela Mexicana en el contexto de la 4T. No le importó ser la burla a nivel nacional. 

Sin discutir en este espacio si son buenas o malas las actuales políticas educativas, en la teoría de juego Marx Arriaga le ganó la partida a Mario Delgado. Ahora los analistas, pedagogos y demás instancias de gobierno estarán revisando con lupa las modificaciones que harán a los libros de texto el próximo año. Arriaga perdió un puesto, pero ganó. Aun así, no se cumplió el escenario ideal planteado por Nash, que es ganar-ganar.

Lo cierto es que gran parte de las negociaciones y luchas humanas jamás serán ideales. Los factores no matemáticos, como la ambición, la codicia y la voracidad, forman parte del “ello”. El escenario más catastrófico es la lucha de egos mal sanos y sin un superyo, porque generalmente esto lleva a perder todo. 

En la pasada columna escribí sobre el arte de resistir y su valor en tiempos de crisis. Sin embargo, llega un momento en que es imprescindible soltar, lo que también es un arte y en una personalidad controladora se vuelve casi imposible. Hay otra palabra fundamental: ceder. El manejo adecuado de estos tres conceptos, resistir, soltar y ceder, es esencial para el crecimiento espiritual. El reto es usarlos con tino cuando se necesiten.

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Escrito en: teoría de juegos John Nash Premio Nobel

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