Ya es vox populi que el acuífero de nuestra región ha sido diezmado notablemente por la sobreexplotación al punto de la sequedad y que cada omisión lo ha herido de muerte.
Cuando para muchos la esperanza de una solución se escondía en la oscuridad, la Suprema Corte al dictar su sentencia 543, encendió una lampara de justicia que ilumina el camino hacia la restauración de nuestro acuífero. Apagar esa luz sería condenarnos a caminar a ciegas, hipotecando la esperanza de las generaciones venideras.
No obstante, desde las oscuras sombras del poder político y económico surgen obstáculos y resistencias que intentan apagar la luz que dirige hacia la recuperación de nuestro acuífero y a la creación de un nuevo modelo de gestión que definirá científicamente qué tanta agua se puede extraer para negocio sin afectar el agua para los usos domésticos y públicos.
Pero no solamente pondrá las necesidades de la población en primer lugar, el caudal ecológico, tan necesario para regresarle la vida a nuestro río seguirá en el orden prelatorio.
La sentencia de la Suprema Corte es la lámpara que ilumina el camino de sanación de nuestro acuífero debilitado. Cumplirla no es un trámite: es sembrar futuro, es devolverle al río su voz y a la tierra su aliento.
El agua no pide discursos, pide acciones. La sentencia de la Suprema Corte es un mandato de reparación, un llamado a suturar las heridas del subsuelo.No podemos permitir que las sombras oculten la lámpara de la justicia: defender el agua es defender la vida, y la vida no admite demora.
La sentencia 543 reconoció el derecho humano al agua y a un medio ambiente sano para las comunidades de la Comarca Lagunera, esto tiene un enfoque amplifucador a cada rincón de la región, en particular a aquellos que demanden justicia ambiental.
El acuífero es una alcancía de agua que se llenó por miles de años. Hoy, los de siempre se siguen sirviendo a manos llenas, pero nadie repone, le siguen haciendo hoyos a la alcancía cuando debiera ser al revés, tapar hoyos y meterle agua de recarga, y acordar cuánto saca cada quien.
Justicia ambiental es que en la mesa del agua nos sentemos todos: ejido, agroganaderos, ciudad, industria, río. Y el plato del río nunca puede quedar vacío, porque si el río muere la mesa se cae.
Como dije antes, desde las sombras del poder algunos quieren tumbar la sentencia 543, porque es el candado no la llave, porque les cierra el paso, porque obliga a consulta, a no concesionar agua que no hay, a respetar el río. Si se cae la 543, vuelven abrir la llave sin medidor. Por eso hay que defenderla con hechos y con argumentos.
Que no apaguen la lampara: las sombras del poder no pueden ocultar la justicia del agua.