“Una cultura la hacen -o la destruyen-sus voces articuladas”, Ayn Rand.
Después de que un hombre disparó contra visitantes extranjeros en Teotihuacán, el Instituto Nacional de Antropología e Historia anunció el 20 de abril el cierre de la zona arqueológica "hasta nuevo aviso". Parecía un nuevo caso de tapar el pozo una vez ahogado el niño, aunque demostraba una preocupación legítima por la vulnerabilidad de centros arqueológicos y turísticos ante ataques de desquiciados o criminales. Ayer la presidenta Sheinbaum anunció que la zona se abriría nuevamente hoy con mayor seguridad. Es una decisión sensata. Se trata de uno de los lugares más visitados del país. En 2025 recibió 1.6 millones de visitantes, 4,383 en promedio cada día.
Asombra la facilidad con la que una persona armada pudo ingresar a la zona arqueológica. Revisar los protocolos de seguridad de este y otros lugares es indispensable, pero las dificultades serán enormes. México tiene 194 zonas arqueológicas y una paleontológica abiertas al público. Además, hay unos 50 mil sitios arqueológicos registrados. Nada más la zona arqueológica de Teotihuacán tiene una superficie de 264 hectáreas; blindarla completamente tendría un costo enorme, pero el gobierno no quiere gastar en esto.
La 4T está recortando los recursos para la cultura. El presupuesto del sector bajó de 15,081 millones de pesos en 2025 a 13,097 millones en 2026. Al Instituto Nacional de Arqueología e Historia (INAH) le presupuestaron 4,613 millones en 2026 contra 5,901 millones en 2025. Esto es producto de una política que prefiere repartir dádivas a la población, que son muy rentables para comprar votos, mientras reduce los presupuestos de las funciones sustantivas del gobierno.
Lo curioso es que el régimen está inmerso en una lucha por obligar a coleccionistas, casas de subastas y museos de distintos lugares del mundo a "repatriar" obras a México, aunque estas no solo no tienen posibilidades de ser exhibidas, sino que ni siquiera pueden ser preservadas y custodiadas de manera adecuada. Hemos visto un movimiento político para impedir que la colección Gelman, que actualmente se exhibe en el Museo de Arte Moderno de Chapultepec, pueda salir de México, incluso de manera temporal, cuando el gobierno mexicano no está otorgando los presupuestos que permitan que esta u otras colecciones valiosas puedan preservarse y exhibirse en condiciones dignas. La alianza de la familia Zambrano de Monterrey con la Fundación Santander de España, en cambio, genera certidumbre para la preservación y la mayor difusión de esta colección de obras.
Preservar y dar seguridad a una colección arqueológica o artística cuesta mucho. El gobierno, que tiene otras prioridades, dedica cada vez menos recursos a estas tareas. La trágica experiencia con el tirador de Teotihuacán ratifica lo difícil que es mantener la seguridad de un área como esta.
Coincido con el secretario Omar García Harfuch en que la respuesta de la Guardia Nacional fue rápida y eficaz, considerando las circunstancias; la experiencia internacional muestra que los tiempos de respuesta pueden ser mucho más prolongados y llevar a tragedias mayores. Pero en lo sucedido en Teotihuacán hay lecciones que debemos entender. La Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972, nacida del supuesto nacionalismo de Luis Echeverría, ha causado un enorme daño a nuestro patrimonio cultural. Viola los derechos de propiedad, sin generar recursos para conservar y custodiar. Promueve el ocultamiento de obras en lugar de su exhibición. Para bien del patrimonio cultural, deberíamos buscar más alianzas como la que se ha establecido con Santander para la colección Gelman.
ODIO
Parece que el discurso de odio de López Obrador contra los extranjeros ha permeado. "Y vosotros, y mierda, que habéis venido de puta Europa, no vais a regresar. Esto se construyó para sacrificar", dijo el tirador de Teotihuacán a sus rehenes.
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