Tótem: preguntas existenciales de la mente infantil
Sol, una niña de siete años, pasa el día en casa de sus abuelos, donde se llevan a cabo los preparativos para la celebración de cumpleaños de su padre. Sol recorre el lugar intentando ser de ayuda, pero también buscando respuestas. Las discusionesentre sus familiares revelan el delicado estado de salud del festejado y lo que significa para cada uno de ellos que se realice la fiesta.
Este es el segundo largometraje de la directora mexicana Lila Avilés, luego de La camarista (2018). Casi toda la acción de Tótem se desarrolla en la casa, un lugar que lucha por mantenerse vivo ante la lúgubre sombra de la mortalidad. Su ensamble mantienela trama andando; entre pláticas y discusiones revelan el argumento, las motivaciones de cada quien y lo que está en juego.
SOLA POR EL MUNDO
La primera escena presenta a Sol en una peculiar situación con su madre Lucía (interpretada por Iazua Larios) en un baño público, lo que nos revela su cercana relación con ella. Sigue un viaje en automóvil donde las dos juegan y se divierten. Sin embargo, la niñarevela su profunda angustia sobre el incierto futuro de su padre, para lo cual su madre no tiene respuesta. La protagonista es entonces llevada a la casa de su abuelo Roberto (Alberto Amador), donde sus tías preparan la fiesta para Tonatiuh (Mateo García), quien es atendido en una aislada recámara. Sol se queda ahí mientras su madre va a trabajar, prometiendo volver para la celebración.
Esto nos deja solos con la niña, quien se vuelve nuestra guía para explorar ese hogar, sus habitantes y la trama que queda por desenvolver. Cada interacción de Sol con la casa trae alguna respuesta, más preguntas y la inquietante sensación de no comprender del todo las conversaciones entre sus familiares. Cada pregunta que hace es desatendida o respondida a medias, como si mantenerla en la ignorancia le pudiera evitar el dolor, pero ella demuestra ser más perceptiva de lo que creen los adultos, por lo que se dispone a armar un complejo rompecabezas de relaciones humanas.

LA CONSTELACIÓN FAMILIAR
El abuelo Roberto es un hombre de la tercera edad con un estoma traqueal, quien es introducido mientras cuida de su árbol bonsái en el momento en que un ave pasa por encima de él, a lo cual reacciona molesto, como anunciando la llegada de visitas inesperadas.
La tía Alejandra (Marisol Gasé) se nos presenta realizando más de una tarea a la vez, abarcando más de lo que puede o lo que le corresponde. En contraste, la tía Nuri (Montserrat Marañón) sólo se concentra en lo que le ha sido designado, actividades que hace en compañía de su hija Esther (Saori Gurza).
Cruz (Teresita Sánchez) es la enfermera de Tona, como le llaman a Tonatiuh, y ya forma parte de la dinámica familiar. De hecho, es quien presta mayor atención a las preocupaciones de Sol.
El cumpleañero parece un fantasma. Vemos su dolor y dificultades, pero se mantiene aislado por voluntad propia.
Más adelante en la trama conocemos a Napo (Juan Francisco Maldonado), tío de Esther y quien tiene un trato más juvenil con ella, pero trae a la dinámica temas que hacen a los hermanos discutir sobre la salud de Tona, revelando sus puntos de vista al respecto.
El poder omnipresente de la cámara nos adentra en lugares y situaciones a las cuales Sol no tiene acceso: conversacionesy momentos privados de cada personaje que dan a conocer más sobre sus personalidades y actitudes, sin dejarnos de hacer sentir como un niño ignorado.
Son de notar las secuencias de Nuri y Esther, que muestran la clase de madre que es Nuri, o Alejandra y su obsesiónpor tener control de su ambiente, así como las intensas interacciones entre ambas hermanas y la molestia del abuelo Roberto por la presencia de aves y gente en la casa.

UN MICROCOSMOS VIVO
En este punto es inevitable hablar sobre la presencia de animales, insectos y plantas. La misma directora ha aclarado que su intención era acercar la historia a la naturaleza y darle vida a un microcosmos.
Con ello se siente inmediatamente que en la casa pasa más de lo que parece suceder, con insectos rondando el espacio sin ser notados, dando a entender que no es un lugar estéril. La naturaleza brota de cada resquicio, revelando el largo tiempo en que se ha mantenido en pie.
Es natural que Sol, un personaje que pareciera pasivo entre sus tías, se alinee con la dimensión en la que estas criaturas se mueven. Primero nota los caracoles entre las plantas y los usa para un pequeño acto de protesta, colocando un montón de ellos sobre los cuadros que han sustituido las pinturas de su padre en el pasillo.
En sintonía, Tona descubre una mantis en la hoja de una planta en su baño, dando a entender que padre e hija ocupan un lugar similar en ese hogar.
Un gato, un perro, un perico y un pez llenan el espacio como actores circunstanciales.
Finalmente, cuando Sol se reúne con su padre, este le muestra una pintura de un grupo de animales como regalo para ella, seguido de una desgarradora línea: “Hay cosas que vas a querer mucho que no vas a poder ver”.
Esta narrativa se refuerza con los remedios naturales y espiritistas de los que la familia se apoya para tratar el cáncer de Tona, lo que simboliza la aceptación de lo que pueda pasar, dejando que la naturaleza haga su voluntad.
Sin embargo, no todos comparten esta perspectiva, al menos no de la misma manera, lo cual a Sol le cuesta comprender, sobre todo si nadie se preocupa por explicarle nada. Por ejemplo, una discusión entre Nuri, Alejandra y Napo en torno a la quimioterapia se desarrolla casi por completo en el idioma de la “f” para evitar que la niña descifre lo que dicen.
Sol se enfrenta a entender que su deseo de que su padre sobreviva al cáncer es algo que no depende de ella. Voluntades y fuerzas naturales sobre las que no tiene control, como muchos de los animales presentes, se oponen a su deseo; no por malicia, sino por seguir un ciclo que ella aún tiene que comprender.

UNA PINTORESCA CELEBRACIÓN SOBRE UN LIENZO LÚGUBRE
A continuación se presentan spoilers de la película, describiendo su desenlace.
Finalmente, durante la fiesta la cámara nos lleva de nuevo a conocer a los coloridos amigos y familiares de Tona, mientras Sol prefiere estar sola. La preocupación por su padre y sus preguntas sin responder la aíslan de la dinámica festiva. Se vuelve ajena al sentimiento que todos comparten y ella quiere negar: el luto anticipado. No obstante, se tiene que enfrentar a la verdad que hasta entonces sólo se había estado imaginando y cuyos familiares le habían estado tratando evitar: la mortalidad de su padre.
El desarrollo de la celebración es agridulce; un alegre ambiente sobre un lienzo lúgubre. Sol se integra con ayuda de su madre, quien permanece muy cerca de ella como apoyo.
A pesar de las dificultades que se presentaron a lo largo de la trama, al final los personajes ceden ante la naturaleza de la enfermedad de Tona, aceptando que no pueden hacer nada más que despedirse a su manera.
Cuando llega el momento de partir el pastel, Sol se queda con la mirada fija hacia el frente, rompiendo la cuarta pared y perforando el alma del espectador, con la duración suficiente para incomodar y comunicarnos que ella por fin sabe lo que nosotros ya sabíamos.
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