Tras 16 años, Paulina no pierde la esperanza de encontrar a su hijo con vida
A 16 años de no saber nada del paradero de su hijo, quien junto con otros 30 pasajeros que viajaban en un autobús de la empresa Turismo Pirasol desaparecieron en Tamaulipas, Paulina Landaverde mantiene la esperanza de encontrarlo con vida, como otros tantos casos que se han registrado en el país y otras partes del mundo en los que se han localizado personas después de años de desaparecidas, eso es lo que la hace fuerte para seguir con su labor de búsqueda.
Recientemente, el grupo Caso Pirasol realizó labores de búsqueda en vida en la región Lagunera de Coahuila con el apoyo de fiscalía general de la República (FGR), así como de la Guardia Nacional, de la Secretaría de Seguridad Pública Ciudadana y de la Secretaría de Seguridad en el estado, y personal de la Segunda Visitaduría de la Comisión de los Derechos Humanos del estado.
Paulina compartió que fue el 17 de marzo de 2010 que se despidió de su hijo, sin pensar que sería la última vez que lo vería, aunque siempre mantuvo una sensación extraña dentro de su corazón.
César, su hijo, de entonces 29 años de edad y padre de tres pequeñas, vivía en Carolina del Norte, al sureste de los Estados Unidos, donde tenía una vida hecha e incluso, compartió que tenía más de 11 años de no verlo desde que se mudó hacia aquel país.
Una operación de Paulina, su madre, lo hizo regresar y permanecer en Ciudad Valles, San Luis Potosí durante cuatro meses. Hasta el 17 de marzo, que partió junto con Enrique, su mejor amigo, hacia ciudad Miguel Alemán, Tamaulipas, donde se verían con un pollero que los llevaría de regreso a los Estados Unidos.
Sin embargo, un comando de supuestos policías en comunidad de Valadeces, municipio de Gustavo Díaz Ordaz, del estado de Tamaulipas, les hizo el alto, hecho que fue reportado por uno de los dos choferes con los que contaba la unidad. Después se perdió la comunicación.
No fue sino hasta días después de tres días, que Paulina fue informada sobre la desaparición de su hijo por una de sus hermanas en Estados Unidos, quien se encargaría de recibir a su hijo al llegar.
“Yo esperaba a que él me llamara cuando llegar a la frontera, le di un teléfono para que me llamara. Yo me comunico con mi cuñada porque vivía en la ciudad, y le pregunté si le habían llamado y me dijo que no. Entonces yo le marco de una caseta telefónica porque antes era más complicado. Y nada y nada.
Yo le llamó como el día 20 ellos salieron el 17 porque yo esperaba a que me llamara primero, y así paso una semana más o menos.
Los primeros días como que sí sonaba, como dos días, y ya después puro buzón y ya no supimos nada.
Yo le llamé a mi nuera, a mi familia, le marco a una de mis hermanas que era la que estaba a cargo de recibirlo, y me dice mi hermana, no pues no sabemos nada. No me ha llamado. Yo le llamé a Arturo Mayorga, el coyote (que lo cruzaría), yo le decía, por qué no me habías dicho nada hermanita, aquí pudiéramos haber hecho más acá”, comentó Paulina.
Fue entonces que comenzaron las visitas a la oficina de la empresa de Turismo Pirasol, pues el dueño de nombre Juan no quería que el hecho fuera denunciado, pidiendo a las familias que esperaran a que tuvieran noticias. Pero las familias hicieron caso omiso y se unieron para denunciar la desaparición de sus familiares. Desde entonces se han vuelto como una familia, pues han viajado por varias partes del país en busca de pistas, de respuestas.
De acuerdo con Paulina, el colectivo tenía proyectado entrar al Rancho Izaguirre, en Jalisco, lugar que identificado como un presunto campo de exterminio y reclutamiento forzado por parte del crimen organizado, sin embargo no pudieron hacerlo tras haber sido cerrado por las autoridades.
“No nos mostraron nada. Yo pienso que sí pudo haber sido un buen punto, porque son ranchos que trabajan a la gente y la tienen a veces obligada, pero de esos ranchos hay muchos desgraciadamente. A mí también me dieron una pista que por Tamaulipas también había un rancho así, pero sigue siendo mucho peligro”, dijo la madre de familia.
El no haber encontrado ningún resto de los pasajeros o de los choferes en el lugar donde desapareció el camión y dentro de las pertenencias que fueron ubicadas, les da aún más esperanza de encontrarlos con vida.
“A mi me mueve la fe de que sí hay una esperanza de encontrarlo vivo, porque ya he visto tres casos, en el mismo lugar donde vivía antes, llegó un muchacho que se había perdido 12 años atrás, ese muchacho estuvo secuestrado por 30 años, y no se cómo fue, que se escapó de ese lugar y buscó a su hermana, pero él se perdió por muchos años.
Yo platiqué con él y me dijo, no pierda la fe señora, mire a mi cuantos años me tuvieron. Entonces a partir de ahí, no he perdido la esperanza de que él llegue, esa es mi esperanza, no la he perdido,. Que diga yo, él ya no existe, no porque incluso, de todo lo que recuperamos nosotros y otras compañeras, y que no ha salido nadie de ellos. A lo mejor esas personas que han platicado conmigo sí tienen esa razón de que los están trabajando y un día a lo mejor quiera Dios, los dejen libres y puedan llegar con su familia, esa es mi esperanza, y es el motor que me mueve”.