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Un asesino en serie en realidad es un genio incomprendido: Isaí Moreno a 25 años de 'No son tantas las estrellas'

El autor indaga en el genio de sus crímenes y la oscuridad de las decisiones de Policarpo de Salazar, el protagonista de su novela

Un asesino en serie en realidad es un genio incomprendido: Isaí Moreno a 25 años de 'No son tantas las estrellas'

Un asesino en serie en realidad es un genio incomprendido: Isaí Moreno a 25 años de 'No son tantas las estrellas'

SAÚL RODRÍGUEZ

En 1999, el escritor mexicano Isaí Moreno (México, 1967) ganó el Premio Juan Rulfo a Primera Novela gracias a su obra No son tantas las estrellas (edición definitiva de Pisot).

Este año, la publicación conmemora su vigésimo quinto aniversario y el autor afirma que ha sido más que una compañía, pues incluso lo ha invitado a reflexionar sobre sus procesos creativos, de escritura, así como los temas que le obsesionan.

“Me ha quedado claro que el arte de una novela no es un arte donde sólo se escribe, se ficciona o se fabula, sino que también se investiga con mucho rigor. Sobre todo en el caso de esta obra, donde requerí hacer un asomo a una época que no me tocó vivir y que, en este caso, el novelista tiene el deber ético y moral de documentarse y formarse, de conocer todo al respecto del mundo del contexto histórico que aborda, pero también de las formas de pensar, de las formas de mirar el mundo y hacer un espejeo con nuestra época”.

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La investigación estuvo a cargo de Alejandro Vázquez y también contó con la colaboración del historiador Carlos Castañón

Policarpo de Salazar, el protagonista de su novela, es un obsesionado por los números, un asesino en serie. Isaí Moreno indaga en el genio de sus crímenes y la oscuridad de sus decisiones. También se interesa por su aislamiento y soledad voluntaria durante el Virreinato.

Para su investigación se valió de procesos de cómputo, especialmente con el software Wolfram Mathematica. Estudió diversos libros y revistas, visitó bibliotecas y recopiló información de otras fuentes. Luego escribió a mano. Recuerda que antes de redactar su obra acudió a una papelería para comprar medio millar de hojas de papel revolución. Las ideas fluyeron. Fueron sólo él y sus bolígrafos. Eso le permitió tener cuidado con el fraseo, ser un artista ante el color de las palabras.

-¿Por qué te influenciaron tanto las matemáticas para redactar esta obra?

Antes de dedicarme a la escritura —arranqué con la poesía—, tenía tres vertientes que dejé pendientes en cuanto a mis estudios académicos: la filosofía, las matemáticas y la física. En algún momento me debatí tanto y elegí la filosofía, pero en ese momento histórico y sobre todo en la universidad en la que yo tenía alcance para estudiar filosofía… esa universidad sesgaba el conocimiento filosófico sólo al marxismo y al leninismo. Yo había leído a Hegel incluso y, bueno, opté por las ciencias duras, las matemáticas, la física, que también me apasionaban y me siguen apasionando hasta el momento, igual que la filosofía.

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-¿Crees que es posible hacer matemática del crimen dentro de la literatura?

Sí, claro. Desde las ciencias forenses, por ejemplo, desde las matemáticas… Yo te hablaba de Wolfram, ese software, que en su momento ayudó a identificar huellas digitales, a hacer catálogos de huellas, etcétera. Hubo otro programa que estuvo de moda en esa época que se llamaba Numbers, que era un matemático que ponía al servicio del FBI todo su bagaje de conocimiento, junto con un amigo físico. Y era muy interesante. Y ya en lo literario… por supuesto que sí, porque de entrada las matemáticas son la exploración de un mundo de pureza. Yo diría que son la exploración de un mundo de belleza, de pureza, de precisión, que por supuesto no es ajeno a la literatura. Ya pasando el tiempo me di cuenta de que, más allá de hacer cálculos o números, formulaciones teóricas, lógica y todo, lo que más se hace es escribir con precisión. El verdadero arte de escribir un teorema se trata de que se escriba con mucha precisión. Fíjate que hacer matemáticas es más un proceso de escritura que un proceso de cálculo. Y en la literatura es lo mismo, tratas de escribir con la máxima precisión posible. Yo diría que la novela es un proceso epistemológico.

-¿De qué manera se te apareció Policarpo? ¿Qué retos te planteó al momento de construirlo?

Buena pregunta. Fíjate que, como te decía, mi novela, hasta la fecha y con esta reescritura para esta edición que hizo Katakana Editores con el magnífico poeta y editor Omar Villasana, fue precisamente esto: volver al personaje, volver a explorar en su época qué me había interesado de un asesino en serie, de alguien que tiene la capacidad de calcular mentalmente. Ahora que yo también he evolucionado en el tiempo, ¿qué me interesa de este personaje? Creo que lo que más me interesa, más allá de su obsesión por los números o por matar seres humanos, es esa profunda soledad. Nunca había pensado en la soledad de mi personaje, incomunicado por voluntad propia, pero al cabo fuera del mundo, habitando un paraje que lo deleita mucho.

-¿Por qué, en ocasiones, el genio humano viene acompañado de estas sombras? A lo largo del tiempo, muchos de los asesinos o criminales más famosos tienen un coeficiente intelectual alto o una inteligencia muy desarrollada.

Sí, claro. Un asesino en serie en realidad es un genio incomprendido y va a serlo siempre, porque está infringiendo la ley, pero la genialidad está ahí, por supuesto, en la planeación de sus crímenes, en la evasión de la justicia, incluso. Son muy hábiles en ese sentido. Su coeficiente intelectual es impresionante. Tienes toda la razón. Me haces pensar en Andréi Chikatilo, un asesino en serie soviético. La genialidad, por otro lado, casi siempre conlleva a una dosis de locura. Definitivamente, creo que estos genios de la historia, en la ciencia, en el arte, en la filosofía, etcétera, sí tienen ciertos niveles de neurosis, de psicosis, de todos los trastornos que puedas nombrar. Hay hasta teorías que dicen que la genialidad es algo limítrofe, algo que bordea la cuestión de la psique, la mente de los genios, y por supuesto no es nada raro ver características o comportamientos anómalos en los genios.

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