Un golpe de calor puede ser mortal y los riesgos aumentan si trabajas en fábricas poco ventiladas
La deshidratación ocurre cuando se usa o pierde más líquido del que ingiere y el cuerpo no tiene suficiente agua y otros fluidos para llevar a cabo sus funciones normales. Si no se reponen los fluidos perdidos se deshidratará.
Cualquier persona puede deshidratarse, pero esta afección es especialmente peligrosa para los niños y los adultos mayores.
La coordinadora de Programas Médicos de la División de Medicina Familiar de la Coordinación de Unidades de Primer Nivel del IMSS, doctora Nancy Patricia Rodríguez Valdés, informó que en lo que va del año el Instituto ha otorgado un 133% más atención médica por golpe de calor.
Un golpe de calor es un colapso en el sistema de regulación térmica que ocurre cuando el cuerpo supera los 40 °C de temperatura debido a la exposición prolongada a altas temperaturas ambientales o al esfuerzo físico extremo. En este punto, el organismo es incapaz de enfriarse por sí mismo y mantener su temperatura normal de 37 °C.
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) advierte que se trata de una urgencia médica grave que requiere atención inmediata para evitar daños multiorgánicos, complicaciones cerebrales o incluso la muerte.
Los síntomas comunes de la deshidratación en lactantes o niños pequeños son: Boca y lengua secas, llanto sin lágrimas, no mojar los pañales durante tres horas, ojos y mejillas hundidos, zona blanda en la parte superior de la cabeza (fontanela) hundida, irritabilidad.
Los síntomas comunes en adultos son: Sed excesiva, micción menos frecuente, orina de color oscuro, fatiga, mareos y confusión.
Complicaciones
La deshidratación puede derivar en complicaciones graves, como las siguientes:
- Lesión por el calor: Si no tomas el líquido suficiente cuando estás haciendo actividad física y transpiras mucho, puedes tener una lesión por el calor. La gravedad de esta lesión puede variar desde calambres musculares leves hasta agotamiento por el calor o un golpe de calor que puede poner en riesgo tu vida.
- Problemas renales y urinarios: Episodios prolongados de deshidratación pueden causar infecciones urinarias, cálculos renales e, incluso, insuficiencia renal.
- Convulsiones: Los electrolitos —como el potasio y el sodio— ayudan a llevar las señales eléctricas de una célula a la otra. Si tus electrolitos están desbalanceados, la señal eléctrica normal puede mezclarse, lo que puede producir contracciones musculares involuntarias y a veces pérdida de conciencia.
- Choque hipovolémico: Esta es una de las complicaciones más graves de la deshidratación y puede poner en riesgo tu vida. Ocurre cuando un volumen bajo de sangre provoca una disminución en la presión arterial y en la cantidad de oxígeno en tu cuerpo.
¿Qué es una onda de calor?
La doctora Nancy Rodríguez señaló que, a nivel nacional, durante 2025 el IMSS atendió 654 casos de quemaduras solares y 553 de golpe de calor, lo que evidencia una tendencia al alza y la necesidad de fortalecer las acciones preventivas dirigidas a la población.
Explicó que una onda de calor se caracteriza por el aumento sostenido de la temperatura durante al menos tres días, mientras que el golpe de calor ocurre cuando el organismo pierde la capacidad de regular su temperatura y eliminar el calor generado en exceso, ante la exposición prolongada a altas temperaturas.
La especialista del IMSS sumó que este cuadro puede evolucionar desde manifestaciones leves, como sed intensa, fatiga, boca seca y erupciones o quemaduras en la piel, hasta formas graves que incluyen fiebre superior a 40 grados centígrados, alteraciones en el estado de conciencia, convulsiones e incluso la muerte.
Aclaró que los grupos de mayor vulnerabilidad son niñas y niños menores de cinco años, así como personas adultas mayores. En estos sectores se presentan los casos más severos debido a la limitada capacidad de regulación térmica en los menores y la posible presencia de enfermedades crónicas que favorecen la descompensación importante en los adultos; no obstante, la mayor concentración de casos se registra en personas entre 25 y 44 años, quienes representan una proporción importante de los derechohabientes.
Rodríguez Valdés subrayó la importancia de reconocer oportunamente los signos de alerta para identificar un golpe de calor, entre los que destacan fiebre superior a los 40 grados centígrados, así como fatiga, cansancio y debilidad intensos. Añadió que también pueden presentarse alteraciones como desorientación, pulso débil, pérdida del estado de alerta e incluso convulsiones, manifestaciones que requieren atención médica inmediata.
La coordinadora de Programas Médicos del IMSS enfatizó que basta con la presencia de un solo síntoma para acudir de inmediato a recibir atención médica.
“Cualquiera de estos es un dato de alarma, no es necesario presentar todos, con uno solo que se presente es importante acudir de forma inmediata a la unidad más cercana, no necesariamente la unidad a la que le corresponde por adscripción. Ante un dato de alarma, cualquier unidad se encuentra a su disposición para poderlos atender”.
Entre las principales medidas preventivas, recomendó mantener una adecuada hidratación mediante el consumo de al menos dos litros de agua al día, evitar la exposición prolongada al sol entre las 11:00 y 16:00 horas, usar ropa de algodón en colores claros y procurar espacios ventilados y frescos tanto en el hogar como en el trabajo, así como el uso de bloqueador solar.
¿Qué hacer ante un golpe de calor?
Lo primero si se sospecha de un golpe de calor es lo siguiente: Mover la persona de inmediato a la sombra, a un espacio ventilado o con aire acondicionado, que sea un sitio fresco. Bajar la temperatura es primordial y para ello se pueden colocar compresas de agua fría en la frente, nuca, axilas e ingles. También puede rociarle agua fresca de manera directa. Se debe aflojar la ropa, desabotonar camisas, soltar cinturones y retirar el calzado para facilitar la disipación térmica corporal. Se indica hidratación controlada, es decir, agua simple a pequeños sorbos únicamente si la persona se encuentra consciente y puede tragar sin dificultad. No obstante, se puede trasladar rápidamente a una persona al área de Urgencias de la clínica más cercana si se notan signos graves como delirio o desmayos.
Cuidado si trabajas en fábricas
El Área de Toxicología y Salud Ambiental de la Coordinación de Salud en el Trabajo del IMSS informó que temperaturas superiores a 32°C pueden disminuir la concentración y aumentar el riesgo de accidentes en casi 10 por ciento.
El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) advirtió que el calor extremo en talleres y áreas laborales cerrados con fuentes generadoras de calor, como panaderías, cocinas de restaurantes, fundiciones y acererías, puede reducir la productividad y aumentar los riesgos a la salud, por ello recomienda hidratarse regularmente y tomar descansos frecuentes para prevenir deshidratación, agotamiento y golpe de calor.
Durante las olas de calor, que ocurren entre abril y junio, las temperaturas en regiones del norte pueden superar los 45°C. En fábricas y talleres sin ventilación adecuada, la temperatura puede aumentar entre 5°C y 10°C adicionales, lo cual agrava las condiciones laborales. El IMSS señala que desde los 28°C comienzan a surgir riesgos para la salud, como la deshidratación y el golpe de calor, especialmente cuando las temperaturas se mantienen elevadas durante largos periodos.
En fábricas sin ventilación adecuada la temperatura puede aumentar significativamente debido a la acumulación del calor generado por la maquinaria y los procesos industriales, sobre todo en sitios con superficies metálicas, como el aluminio, que retienen y reflejan calor.
Por ello, es crucial implementar medidas para mejorar la ventilación, como la instalación de extractores de aire, ventiladores industriales y la optimización del flujo de aire mediante la disposición estratégica de ventanas y puertas.
Para proteger la salud de los trabajadores en ambientes calurosos, se recomienda consumir agua de forma regular para prevenir la deshidratación. En actividades moderadas que duren menos de dos horas, se aconseja beber aproximadamente una taza de agua (240 ml) cada 15 a 20 minutos, lo que equivale a un consumo de entre 0.7 y 1 litro por hora. La ingesta de líquidos no debe exceder las seis tazas por hora (aproximadamente 1.4 litros), a fin de evitar el riesgo de hiponatremia. El agua debe mantenerse a una temperatura inferior a 15 °C y debe estar disponible en lugares accesibles cerca del área de trabajo.
El área de medicina del trabajo y ambiental del IMSS mencionó que se sugiere tomar descansos frecuentes en áreas frescas, usar ropa ligera y transpirable, y evitar la exposición prolongada al sol directo o a fuentes de calor intenso.
“Es crucial que los trabajadores estén atentos a los primeros signos de golpe de calor como mareos, náuseas, fatiga o sudoración excesiva, y en caso de experimentar cualquier síntoma relacionado, deben informar de inmediato a su supervisor o al servicio médico de la empresa para recibir atención adecuada”, señala el IMSS.
Prevención
Para prevenir la deshidratación, bebe mucho líquido y consume alimentos ricos en agua, como frutas y vegetales. Dejar que la sed sea tu guía es una pauta diaria adecuada para la mayoría de las personas saludables.
Es posible que las personas tengan que consumir más líquidos si padecen afecciones como las siguientes:
- Vómitos o diarrea: Si su hijo (a) tiene vómitos o diarrea, comienza a darle más agua o una solución de rehidratación oral con los primeros signos de enfermedad. No esperes hasta que se produzca la deshidratación.
- Ejercicios extenuantes: En general, es mejor comenzar a hidratarse el día anterior a realizar ejercicios extenuantes. Producir mucha orina clara y diluida es una buena indicación de que estás bien hidratado. Durante la actividad, repone líquidos en intervalos regulares y sigue bebiendo agua u otros líquidos después de que termines.
- Tiempos calurosos o fríos: Debes beber más agua en tiempos calurosos o húmedos para ayudar a reducir la temperatura corporal y a reemplazar lo que pierdes con la sudoración. Es posible que también necesites más agua en tiempos fríos para combatir la pérdida de humedad del aire seco, especialmente a grandes alturas.
- Enfermedad: Los adultos mayores se deshidratan con más frecuencia durante enfermedades menores como influenza, bronquitis o cistitis. Asegúrate de beber más líquidos cuando no te sientes bien.
Factores de riesgo
Todas las personas pueden deshidratarse, pero algunas corren más riesgos:
- Bebés y niños: Debido a que son el grupo con más probabilidades de sufrir diarrea y vómitos, los bebés y los niños son especialmente vulnerables a la deshidratación. Como la superficie corporal de un niño en relación con su peso es mayor que la de un adulto, los niños también pierden una mayor proporción de líquido en caso de fiebre alta o quemaduras. Los niños pequeños a menudo no pueden decirte cuando tienen sed ni pueden beber un vaso de agua solos.
- Adultos mayores: A medida que creces, la reserva de líquidos de tu cuerpo se hace más pequeña, tu capacidad de conservar agua se reduce y la sensación de sed se hace menos fina. Estos problemas se agravan con enfermedades crónicas como diabetes y demencia, y con el uso de determinados medicamentos. Los adultos mayores también pueden tener problemas de movilidad que limitan su capacidad de obtener agua por sí mismos.
- Personas con enfermedades crónicas: Tener diabetes no controlada o sin tratar aumenta el riesgo de deshidratación. Las enfermedades renales también aumentan el riesgo, como también lo hacen los medicamentos que aumentan la micción. Incluso tener un resfrío o dolor de garganta te hace más vulnerable a la deshidratación porque tienes menos ganas de comer o beber cuando estás enfermo.
- Personas que trabajan o hacen ejercicios en lugares húmedos: Cuando hace calor y está húmedo, aumenta el riesgo de deshidratación y las enfermedades causadas por el calor. Esto se debe a que cuando el aire está húmedo, el sudor no se evapora y te enfría con la rapidez que lo hace normalmente, y esto puede provocar una mayor temperatura corporal y la necesidad de beber más líquido.