Una comedia inteligente sobre el amor y las expectativas sociales
Una pareja se esfuerza por cumplir su sueño de tener un automóvil propio, incluso si eso significa caer en una crisis económica que pone en peligro su relación.
Corría el año de 1991 cuando una comedia dirigida por Julián Pastor vio la luz en México: Cómodas mensualidades, con guion de Ángeles y Edna Necoechea, así como un reparto muy atinado con Dino García y Claudia Fernández como los protagonistas de esta historia, José y Verónica, respectivamente. La música, de Pepe Stephens y Annette Fradera, ambienta a la perfección cada escena.
Las problemáticas que plantea la película siguen tan vigentes hoy en día como el año en que se estrenó. Una pareja intentará hacer que su amor sobreviva a pesar de la crisis económica que parece estar a punto de estrangular su unión.
UN SUEÑO ASPIRACIONISTA
José Díaz es un contador que aspira a seguir creciendo profesionalmente para darle una vida digna a Verónica, su esposa. Ambos se quieren. De hecho, en ellos aplica perfectamente lo de “un par de tórtolos”. El amor se nutre de detalles y se apoyan mutuamente.
No hace falta el escrutinio de los papás de Verónica (interpretados por Mauricio Davison y Nora Velázquez) para velar por el bienestar de su hija. José es un proveedor cumplido y, además de que viven en un departamento con las comodidades necesarias, su siguiente meta es hacerse de un auto con el cual desplazarse por el caótico Distrito Federal. Ya no más viajar en el amontonamiento del transporte público.
Es así como la trama se desarrolla precisamente a partir de las esperanzas de la pareja de salir ganadores en el sorteo mensual de un modesto Volkswagen sedán, mientras pagan a cómodas mensualidades. La asignación del auto se lleva a cabo por medio de subastas, donde tiene más probabilidad de ganar aquel que vaya aportando más dinero para el pago del vehículo.
Hay un vendedor, Rubén García (Rodolfo Moreno), que alienta a José y Verónica en todo momento. Es un tipo dicharachero que, a pesar de su verborrea aguda, cae bien. “Sensacional” es de sus muletillas preferidas y tiene como misión mantener la moral alta de sus clientes en la agencia, ya que así pueden pasar mucho tiempo enganchados sin ser los afortunados.
La película envuelve al espectador de tal manera que también se come las uñas ante la espera de que la pareja sea la ganadora del mes y estrenen de una vez por todas su coche. Este llega incluso a aparecérsele en sueños a José: un precioso vocho blanco adornado con un fastuoso moño azul, avanzando a vuelta de rueda hacia él por una gran avenida y acompañado de Verónica. La pareja se funde en un abrazo triunfal, júbilo que dura pocos segundos, ya que tan feliz escena acaba desvaneciéndose porque la mujer se esfuma con todo y auto como si viajasen en el tiempo. Aún así, José toma estas fantasías como un buen augurio de que pronto su deseo se hará realidad.
EXPECTATIVAS ECONÓMICAS
Sin embargo, hay una necesidad preocupante que no puede dejarse de lado: ¡No va a haber dónde estacionar el coche! El edificio donde viven no cuenta con cajones para ello. El tiempo apremia y, antes de que les entreguen el vehículo, es urgente encontrar una pensión o algún lugar para evitar que se los roben. Los suegros de José insisten en que se muden a donde sí haya estacionamiento, pero él se niega rotundamente.

A eso se suma que habrá que adquirir un seguro para el vehículo. Además, falta algo muy importante: que José sepa manejar, así que paga unas clases. Verónica planea unírsele, no obstante, la idea le crispa los nervios a José, de por sí ya destrozados. Para él, las mujeres son naturalmente torpes para conducir y su patrimonio correría peligro. Ella insiste, pero él le advierte terminantemente: “¡Simplemente te prohíbo que manejes el coche y punto!”. “José, cómo has cambiado, ¡estás como loco!”, le responde Verónica.
José necesita ganar más dinero para sufragar tantos gastos y pagar puntualmente la mensualidad del soñado vehículo y los muebles del departamento. Pero eso no es todo: un bebé viene en camino. ¿La solución? Hacer horas extras, llevar trabajo a casa y desvelarse ante una pila de folders.
Una forma de ser más competitivo es saber otro idioma, así que de la mano de la amable Miss Mary (Mercedes Olea), la maestra de inglés de la empresa, se prepara para ser bilingüe. En clases basiquísimas, conjugan verbos: I love, you love, he loves…
El jefe inmediato de José en la oficina es Domínguez (Juan Carlos Colombo), quien es “consciente” del cansancio que pueden originar las arduas jornadas, por lo que ha establecido rutinas breves para que los empleados se relajen a través de sencillos ejercicios en su mismo lugar de trabajo. Sin embargo, los aumentos de sueldo no entran en esta ecuación y Domínguez solamente le da más carga laboral a su subordinado.
Aprovechando la situación frágil del protagonista, una de sus compañeras (interpretada por Carmen Madrid) pareciera tener la intención de disolver su matrimonio, asegurándole que no le hace bien. Ya es mucha la tensión y los compromisos que tiene que aguantar; son tantas las responsabilidades y apuros económicos que lo tienen con el alma en un hilo. Por su parte, no oculta estar enamorada de él: le hace arrumacos y hasta le dice “amor”.
Las presiones llegan al punto de que el mismo José se lamenta y duda de querer realmente un auto, preocupación que expresa ante sus colegas en la oficina. “Todo contador aspira a tener un coche”, le anima uno de ellos.
¿POR QUÉ COMEDIA INTELIGENTE?
Es un filme único, con un humor blanco y rico en situaciones que más que buscar hacer reír a la menor provocación, invita al espectador a la reflexión.
Si bien el director de Cómodas mensualidades retrata la ingenuidad y los arrebatos de una pareja que trata de salir adelante entre obstáculos aparentemente insalvables, se pone de manifiesto, ante todo, el amor genuino que se va concretando paso a paso. Su final es feliz, de forma creíble.
Hay situaciones inverosímiles, pero, eso sí, muy originales y válidas por el género cinematográfico del que se trata, como cuando los oficinistas, en más de una escena, salen bailando del edificio a la hora de salida: el gran portón azul que protege la fachada se abre para dar paso a jubilosos empleados con sus respectivas corbatas y trajes sastre, envueltos en una caprichosa coreografía. Algo presurosos y sin atropellarse, van saliendo satisfechos de un día productivo más, ansiosos de llegar a sus hogares. Detalles como este le dan un tinte muy especial a la película.
Ambos protagonistas cuentan en la actualidad con una carrera prolífica en la actuación. Para el tiempo de Cómodas mensualidades, Dino García venía de haber hecho un par de películas y de participar en la teleserie La hora marcada. Le seguirían memorables cintas como Elisa antes del fin del mundo (Juan Antonio de la Riva, 1997) así como cortometrajes y varias series de televisión, como El diván de Valentina y Los Sánchez.
Claudia Fernández, con una trayectoria también como cantante dentro del exitoso grupo musical Fresas con Crema/Fresas, tiene en su haber telenovelas, series televisivas, cortometrajes e importantes películas como Ciudad de ciegos (Alberto Cortés, 1991) y Sólo con tu pareja (Alfonso Cuarón, 1991).
Tienen que pasar muchos años para poder ver un filme así, una comedia de buen gusto y que nos deje pensando un buen rato. Una producción con ambientes y personajes tan reales que es casi imposible no identificarse con alguno de ellos.

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