Casa Estudio Pedro Coronel, 1970. Imagen: Instagram/ @arq.andrescasillas.oficial
Indudablemente las lecturas siempre nos llevan a crear en nuestra mente redes de creadores, de genios, de grandes trayectorias y de amigos. Una de esas redes esta vinculada con un fuerte nodo que sigo estudiando y que no termino de explorar: la vida y obra de Luis Barragán. La mayor figura de la arquitectura mexicana del siglo XX está íntimamente ligada a uno de sus más queridos colegas y colaboradores: Andrés Casillas de Alba, un verdadero maestro de nuestro oficio que nunca ha buscado los reflectores; por eso muy pocas personas lo conocen.
Casi como un asceta, ha desarrollado una obra discreta, callada y elegante, pero poderosa. Merecimientos no le faltan para ser galardonado con un Premio Pritzker, que sigue siendo hoy el mayor reconocimiento mundial en el campo de la arquitectura. De acuerdo a la muy acertada opinión de Juan Palomar Verea, Andrés Casillas y Alberto Kalach son los dos arquitectos vivos más importantes de México.
Hace cinco años me enteré de que Casillas de Alba daría una de sus rarísimas conferencias —ya que dice no saber hablar en público— y no lo pensé mucho para tomar un camión, una maleta y viajar casi toda la noche desde Torreón para disfrutar de esa charla inolvidable donde nos compartió mucho de su vida y obra.


Antes del evento, ya había escrito sobre él en un periódico lagunero con el afán de divulgar más su valioso trabajo. Además, en algunos correos electrónicos le había expresado mi profunda admiración y, con mucha generosidad, me hizo llegar el libro que Juan Palomar había escrito sobre él (Monografías de arquitectos del siglo XX: Andrés Casillas de Alba), editado en el año 2006 por la Secretaría de Cultura del Gobierno de Jalisco. Es un libro que todavía conservo y al que le tengo un profundo cariño.
Después de la charla informal (más que una conferencia) nos explicó a detalle sus obras más famosas sin que faltasen algunas anécdotas de su amigo Luis Barragán. Casillas es el único colaborador vivo que queda del gran arquitecto fallecido en 1988. Al terminar la plática me presenté personalmente con él. Ese día inició una amistad.
Algunos meses después, le llamé para saludarlo y hacerle un par de consultas para un proyecto. El arquitecto, muy gentil, me dio sus puntos de vista con una claridad que sorprende. Sus consejos han sido muy útiles para otras obras.

LA CASA ESTUDIO
Cuatro años después, en junio del 2018, tuve la oportunidad de visitarlo durante un viaje familiar a Cuernavaca, Morelos, donde Andrés Casillas vive y trabaja. El arquitecto ya me había dicho que lo visitara tras externarle que quería que revisara uno de mis proyectos, así que, aprovechando el traslado a Cuernavaca, concerté también una cita con él en su despacho.
Al llegar el día y la hora acordados, coincidí con él en el portón rojo de la entrada de su fraccionamiento de calles onduladas. Me llevó en su coche hasta el garaje de su casa, que me recordó a la de Luis Barragán en Tacubaya, pues tampoco tiene color al exterior. Es casi un templo de retiro y silencio.
Luego caminamos a través de un puente sólido y adosado a su estudio, disfrutando de una bóveda llena de follaje, sombra y frescura. Más abajo escuché el sonido de un riachuelo que le daba música al espacio. Al final del puente, el arquitecto abrió una puerta de retícula metálica con cristal y nos sentamos cómodamente en un espacio sobrio, decantado y con una sabrosa penumbra.
Ahí le mostré el plan maestro del Caserío del Huizache, el cual extendí sobre una de las amplias mesas de madera. Comencé a explicar su orientación, concepto, climatología, sistema constructivo, recorridos, jardines, ubicación, diseño urbano, entre otras cuestiones. Después de un vistazo general, me dijo: “Me gusta, lo veo bien”. Para mí, ese comentario ha sido el mejor halago profesional que he recibido.

Conversamos sobre varias situaciones referentes al proyecto, como mi intención de construir con adobe algunas de las viviendas del conjunto, decisión que le pareció interesante. En determinado momento quise tomar notas de todo lo que me decía sobre un plano, pero me dijo: “No anotes, mejor escúchame”, así que me volví a sentar para disfrutar de la charla. De ahí en adelante tuve que memorizar todo e hice mis apuntes después, antes de olvidar sus valiosas aportaciones.
Antes de llegar a la casa estudio de Andrés Casillas, tenía mucha curiosidad de saber cómo sería su retroalimentación sobre los proyectos; la verdad es que me hizo disfrutar de cada momento y reflexionar sobre cada idea. Nunca me regañó, nunca me criticó. Fue, más que una revisión, una clase de filosofía de la arquitectura. Además, siempre me hizo sentir como en mi casa, como si fuéramos amigos de toda la vida.


LOS CONSEJOS
A continuación, algunas de las sugerencias que hizo el arquitecto para la mejora de los proyectos:
• Utilizar un solo sistema de construcción, no varios, para todas las viviendas del Caserío Huizache.
• Repensar algunas áreas íntimas y áreas sociales de la Casa Mayor, por ejemplo, planear algunas zonas privadas alrededor de un patio, lo que me recordó a las numerosas variantes de diseño que hizo Casillas para el muro de ranuras en las Cuadras de San Cristóbal, obra que hizo en colaboración con Barragán en 1968.
• En lugar de colocar piso de barro en la capilla de la Virgen de Guadalupe de Casa Mayor, recomendó utilizar el mismo de la terraza de su casa, más pequeño.
• Escoger árboles de mucha sombra, algo que cuadra con las necesidades del desierto.
• Mantener la combinación de jardines verdes y secos.
• Optar por el uso de adobe en Casa Mayor. El empleo de este material le parece razonable, por lo que piensa que es una estupidez que no haya disponibilidad de créditos para viviendas de este tipo.
• Evitar el uso de piedra en la circulación interior del caserío a fin de hacer el tránsito más cómodo mediante caminos lisos.
• No construir casas en contenedores metálicos como se tenía contemplado en un bloque de viviendas más juveniles.


Sin duda, todas estas recomendaciones serán aplicadas.
Al terminar la revisión de los proyectos, subimos nuevamente a su coche y en el trayecto me preguntó: “¿Y qué más andas haciendo?”, a lo que respondí que había poco trabajo en ese momento, pero que somos tercos promoviendo la buena arquitectura.
Avanzamos un par de cuadras, nos despedimos y me dejó muy amablemente en una esquina donde ya me estaba esperando mi familia para continuar nuestra aventura en el estado de Morelos.
Aquel día se hizo muy corto en la presencia de Andrés Casillas, un maestro de la arquitectura no solo de México, sino del mundo. Un gran colega, gran amigo y, sobre todo, un gran ser humano.
jatovarendon@yahoo.com