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Trump en siete frentes

ARTURO GONZÁLEZ GONZÁLEZ

Donald Trump no quiere hacer todo lo que dice, ni puede hacer todo lo que quiere. No obstante, su intención y su capacidad de acción son suficientes para poner al mundo de cabeza y transformar la agonizante hegemonía estadounidense en una dominación coercitiva, transaccional y potencialmente autodestructiva. La voluntad de ruptura de Trump, aunada a la capacidad ejecutiva que todavía concentra la presidencia estadounidense, basta para alterar las decisiones de gobiernos, empresas, ejércitos y sociedades. Puede trastocar el orden global sin construir nada estable en su lugar. He ahí el verdadero significado histórico de la era Trump. Y dicha realidad hoy se manifiesta en siete frentes.

El primer frente es el mundo.

Trump ha hecho del acceso al mercado estadounidense una concesión que puede otorgarse, condicionarse o retirar. La doctrina Miran da coherencia a esa política. Stephen Miran, exjefe de Asesores de Trump y ahora miembro de la Fed, sostiene que la hegemonía del dólar y el sistema de seguridad internacional imponen una carga excesiva a Estados Unidos. Los socios y aliados se benefician de la moneda, el mercado y la protección militar estadounidense, mientrasWashington asume los costos.

La solución consiste en cobrar más: aranceles por el acceso comercial, compras de armamento a cambio de seguridad y ajustes monetarios para reducir el valor del dólar y abaratar las exportaciones. Es así como se construye una dominación por peaje, la cual acelera la debacle de la hegemonía: Estados Unidos conserva los dos grandes multiplicadores de su poder –el dólar y su mercado–, pero el abuso empuja a sus socios a la búsqueda de alternativas.

El segundo frente se extiende por el Indo-Pacífico, el nuevo centro de gravedad de la economía mundial. Ahí se encuentra el principal desafío estructural para Estados Unidos. China cuenta con la escala demográfica, industrial, tecnológica, comercial y estatal necesaria para plantar cara al poder estadounidense. Es el rival que ninguna otra potencia representó, ni siquiera la URSS. La geografía explica buena parte de la estrategia. Washington busca formar un arco desde la India hasta Japón, pasando por Australia, los estrechos del sudeste asiático, Filipinas, Taiwán y Corea del Sur.

El objetivo es contener la proyección marítima china, proteger las rutas comerciales y mantener el control de los puntos que conectan los océanos Índico y Pacífico. Pero el resultado es contradictorio. Los aliados necesitan a Estados Unidos para equilibrar a China, pero también deben prepararse para los cambios de humor, las exigencias comerciales y las negociaciones transaccionales de la Casa Blanca.

El tercer frente está en Oriente Medio, región que ejemplifica con mayor crudeza la distancia entre destruir, contener y ordenar. Estados Unidos puede bombardear, sancionar, armar aliados y bloquear recursos. Pero los resultados políticos escapan con frecuencia a sus planes. Trump ha entregado la política exterior de Estados Unidos para Oriente Medio al gobierno sionista de Israel.

Pero el genocidio en Gaza ha derrumbado la legitimidad de ambos. Irán, por su parte, ha resistidomás de lo esperado al embate de la alianza trumpsionista. Las tensiones y bloqueos parciales en los estrechos de Ormuz y Bab elMandeb afectan la energía, los seguros marítimos, los fletes, los alimentos, la inflación y, en consecuencia, el crecimiento económico.OrienteMedio desnuda una de las paradojas centrales de la era Trump: Estados Unidos puede ser más temido y, al mismo tiempo, menos capaz. Es como Polifemo, un gigante peligroso pero cegado por una lanza.

Europa es el cuarto frente. Trump prometió acabar de inmediato con la guerra de Ucrania. No lo consiguió. Rusia mantiene sus operaciones activas, Ucrania depende de la ayuda exterior y la paz ya no está en la mesa. Sin embargo, el fracaso estratégico de la pacificación convive con un éxito táctico para Washington: Europa gasta hoy más en defensa. La guerra y la amenaza de su propagación han permitido reorganizar la división del trabajo dentro de laAlianza Atlántica. Europa aporta hoymás recursos, infraestructura, soldados y financiamiento que nunca. Estados Unidos conserva elmando, la disuasión nuclear, el grueso de la inteligencia, la logística avanzada y los sistemas tecnológicos esenciales. Además –la industria militar se frota las manos– vende más armas. Aquí,más que como presidente, Trump actúa como agente de ventas.

El Ártico se asoma como el quinto frente. La insistencia de Trump sobre Groenlandia es más que una mera ocurrencia. Bajo las formas provocadoras del jefe del Occidente decadente hay una lectura geopolítica correcta: el Ártico es un espacio crucial para la defensa, la energía, los minerales, las rutas y las comunicaciones. Groenlandia tiene una posición privilegiada entre América del Norte, Europa y el océano Ártico. Su territorio permite instalar radares, sensores, sistemas de alerta y bases para vigilar misiles, submarinos y movimientos navales. También concentra minerales críticos, abundante agua dulce y grandes expectativas de explotación de tierras raras. Bajo la amenaza de anexión, Estados Unidos le sacó acuerdos a la OTAN y a Dinamarca para ampliar la presenciamilitar. Pero del fuego, siempre quedan humo y cenizas: la sensación de que Washington, con Trump al mando, no es de fiar.

Llegamos al frente americano, en donde la doctrina Rubio aparece para consolidar la dominación sin hegemonía de Estados Unidos sobre el hemisferio. La visión de Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, integra la migración, el narcotráfico, la infraestructura, el comercio y la presencia china en un mismo sistema de seguridad hemisférica. Bajo esta lógica, la Casa Blanca desvanece la frontera entre la cooperación, la presión y la intervención. Ya pasó con Venezuela. AhoraMéxico ocupa el centro de esa tensión. Pero mientras Trump aprieta a socios y rivales, premia a los gobiernos que le aplauden y hacen –hasta cierto punto– lo que él dice. Alrededor del trumpismo se articula ya una red continental de partidos, dirigentes, empresarios y organizaciones conservadoras en países como Chile, Colombia, Argentina y Ecuador, entre otros. Mientras tanto, renegocia el TMEC para que la integración productiva norteamericana se transforme en un bloque geoeconómico defensivo. México y Canadá son socios indispensables, sí, pero la Casa Blanca busca de ellos más disciplina que colaboración. Esa es la cruda verdad.

El séptimo frente se encuentra en Estados Unidos. El trumpismo proyecta fuerza hacia fueramientras se atrinchera y profundiza las divisiones hacia dentro.La popularidad del presidente ha ido en picada y las elecciones intermedias de noviembre de 2026 no se ven halagüeñas para los republicanos. El costo de la vida, la guerra con Irán, el cansancio social, los abusos del ICE y el explosivo caso Epstein reducen su base más allá del núcleo republicano y de los movimientos MAGA y America First. Al otro extremo del espectro político electoral crece un polo de socialismo democrático, especialmente entre jóvenes y votantes urbanos. Frente a los múltiples incendios internos, la doctrina Vought aporta un diseño de endurecimiento institucional. Desde la Oficina de Administración y Presupuesto, Rusell Vaught impulsa la tesis del Ejecutivo unitario para ampliar al máximo la autoridad presidencial, reducir la autonomía de las agencias, someter la burocracia y debilitar los contrapesos internos. La potencia que intenta disciplinar al mundo se encuentra profundamente dividida dentro de sus propias fronteras.

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Escrito en: Urbe y Orbe Columnas editorial Arturo González González

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