Parto de la hipótesis de que ambos sistemas de conflictos sonmucho más que dos conflagraciones simultáneas. Nacieron de raíces diferentes, pero se han conectado ahora dentro de un ordenmundial en proceso de profundo cambio. Europa del Este y Oriente Medio son dos incendios con orígenes autónomos que, desde la década pasada y sobre todo después de 2022, se han ido vinculando mediante redes de armas, energía, sanciones, producción militar, alianzas, logística, competencia estratégica e intereses encontrados. No se trata de una guerra mundial unificada, sino de síntomas y aceleradores de una transformación del sistema internacional desde una unipolaridad estadounidense hacia una multipolaridad competitiva, desigual y no necesariamente menos turbulenta.
Las dos regiones en cuestión son fallas tectónicas del sistema internacional. Desde la caída del Imperio otomano tras la Primera Guerra Mundial, y el reparto de territorios que hicieron las potencias imperialistas de RU y Francia, la inestabilidad se volvió endémica en Oriente Medio. Algo parecido, aunque menos estruendoso hasta hace poco, ocurrió en Europa del Este con el colapso de la URSS al final de la Guerra Fría. El antiguo “espacio vital” de la URSS y las repúblicas europeas escindidas se convirtieron en escenario de la expansión de la OTAN, la alianza militar más poderosa del mundo que encabeza EUA. La media luna que va desde el mar Báltico hasta el golfo Pérsico parece representar la línea de transición entre lo que se conoce como Occidente y lo que desde aquí se llama Oriente. Un territorio de frontera y, como tal, de disputa, intercambio y conexiones.
Aunque las conexiones entre ambas zonas de conflicto me resultan evidentes, no puedo dejar de ver la naturaleza disímbola de ambos sistemas de guerra. Hasta ahora, lo que atestiguamos en Europa del Este es, en la forma, una confrontación bélica entre dos estados que, en el fondo, poseen como respaldo sus propias redes internacionales. Si bien el enfrentamiento político entre Rusia y los miembros europeos de la OTAN preocupa y acapara cada vez más titulares, sigue en estado potencial e indirecto.
OrienteMedio registra una estructura de conflicto distinta y más compleja. Podemos hablar de la superposición de hasta seis niveles, a saber: la ofensiva de Israel en Gaza y el conflicto palestino-israelí; la ofensiva de Israel contra Hezbolá en Líbano; las operaciones de las fuerzas hutíes de Yemen a la entrada delmar Rojo; los choques entre tropas estadounidenses y milicias vinculadas a Irán en Siria e Irak; el enfrentamiento directo entre Israel e Irán, y la entrada de Estados Unidos en la guerra contra el país persa. Las historias se hilvanan conforme los conflictos en ambas regiones de Eurafrasia no se resuelven.
Las raíces históricas de ambos conflictos son distintas, pero el espacio geopolítico en el que hoy convergen ayuda a comprender su creciente conexión. Existen tres conceptos persistentes en la teoría geopolítica occidental: el pentalaso, el heartland y el rimland, de los que ya he hablado en ensayos anteriores. El pentalaso es la región rodeada por cinco mares: Pérsico, Rojo,Mediterráneo, Negro y Caspio. Creo imposible exagerar su importancia. Es la cuna de la civilización, zona de intercambio natural entre Oriente y Occidente, rica en recursos energéticos y de impacto agrícola y estratégica por sus cinco embudos marítimos: los estrechos de Ormuz, Bab elMandeb, Bósforo y Dardanelos, y el canal de Suez.Más ubicada dentro de Oriente Medio, toca parte de Europa del Este y de Asia Central. Es la zona neurálgica de la frontera entre el heartland y el rimland.
El británico Halford J. Mackinder definió el primero como el corazón de la isla mundial, entendida ésta como el supercontinente euroasiáticoafricano. Dicho corazón abarca las estepas rusas y de Asia Central y parte de Europa del Este, una zona crucial para el dominio de la isla mundial, a decir de Mackinder, “y quien gobierna la isla mundial gobierna el mundo”. Por su parte, el estadounidense Nicholas Spykman definió el rimland como el creciente de tierras y mares que rodean al heartland, y le asignó más importancia: “quien controle el rimland domina Eurasia; quien domine Eurasia controla los destinos del mundo”.
Justo en la falla entre ambos territorios está el pentalaso, con sus guerras que escalan producto de dos redes de apoyos que se cruzan y evidencian las conexiones entre ambos conflictos.
Ucrania no está sola frente a Rusia.
Tampoco Rusia enfrenta su cruzada bélica sin apoyos. Como soporte de Kiev aparecen hoy principalmente la UE –como bloque y algunos países en lo individual–, el RU y EUA, quienes aportan armas, dinero, apoyo político y logístico. Moscú, por su parte, ha recibido ayuda en distintos niveles de Bielorrusia, Corea del Norte, Irán y China. Algo similar ocurre con Israel e Irán. Tel Aviv ya pelea hombro con hombro con EUA, además de que recibe ayuda del RU y de algunos países de la UE. Como respaldo a Teherán se asoman, además del Eje de la Resistencia, China y Rusia que comparten intereses, pero sus tiempos y formas son distintos. Con todo, es posible el esbozo de un cuadro de visiones geopolíticas encontradas.
China, Rusia e Irán impulsan un mundo multipolar y post-hegemonía estadounidense. Por otro lado, podemos decir que EUA, la UE y el RU defienden un mundo en el que Occidente conserve la primacía, aunque a veces muestran abiertos disensos en las tácticas seguidas. Es claro que las decisiones que ha tomado el presidente Trump y que afectan de alguna u otra manera a los aliados europeos provocan ruido y distancia.
Un asunto que refleja la complejidad de los intereses y objetivos tiene que ver con los proyectos de corredores estratégicos que atraviesan Europa del Este y Oriente Medio. Desde 2013 China impulsa la Iniciativa de la Franja y la Ruta (IFR) que conecta su inmensa capacidad productiva con mercados como el europeo a través de ambas regiones. Para competir con el proyecto chino, en 2023 la India presentó, con el apoyo de EUA e Israel, el corredor India-OrienteMedio-Europa (IMEC, por sus siglas en inglés). Ambos proyectos tienen como objetivo incrementar el intercambio comercial entre Asia y Europa. Los conflictos actuales no pueden comprenderse sin observar los intereses en juego relacionados con la IFR y el IMEC. Sin embargo, hay países que forman parte de las dos iniciativas, lo cual habla del rol de conveniencia y oportunidad que desempeñan jugadores regionales y de la interdependencia económica global que persiste.
¿Hacia dónde van estos conflictos conectados? El escenario que se asoma como más plausible es el de una contención limitada y frágil en medio de unamultipolaridad altamente competida. Es decir que las guerras podrían bajar de intensidad pero sin resolverse, con una Ucrania más militarizada pero desgastada, y un Irán intercalando episodios de diálogo y escalada. China mantendría su apoyo a Teherán y Moscú pero sin comprometerse a algomás. La carrera armamentista mundial continuaría con todo y que los frentes pudieran estabilizarse y alcanzar algunos acuerdos. O sea que, en esta ruta, la fragmentación global que ya padecemos se prolongaría.
Por eso urge empujar una solución política multilateral de fondo.
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