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México yel nuevo sistema comercial de EU

ARTURO GONZÁLEZ GONZÁLEZ

Estados Unidos va a aplicar un nuevo sistema de comercio internacional antes de que termine 2026 o a principios de 2027. La afirmación es de Marcelo Ebrard, secretario de Economía del Gobierno de México, y la hizo el 5 de octubre de 2026 en una entrevista de radio. Algunos medios dieron cuenta de la declaración pero, en general, tuvo escasa atención. Dado que México es el principal socio comercial global de Estados Unidos, creo que deberíamos ocuparnos más de lo que dijo la máxima autoridad económica del país.

¿Qué significa el nuevo sistema? Según el secretario Ebrard, se trata de “un nuevo sistema comercial con muchos países que van a depender de medidas que van a tomar sobre otros países; es un conjunto de países que tienen acuerdos parciales, pero van a aplicar a nuevas medidas en el gobierno de Estados Unidos”. La explicación, casi un galimatías, poca justicia hace a la trascendencia de la transformación que ya está en marcha en el régimen de comercio exterior de la vecina potencia del norte. El impacto para México es inevitable. Más nos vale que lo entendamos.

Sospecho que la declaración del funcionario mexicano tiene como objetivo allanar el camino para lo que viene en la relación comercial entre los dos socios norteamericanos y en medio de la revisión del T-MEC, que se ha vuelto una renegociación. De las mesas de discusión surgirá un nuevo tratado con condiciones más duras del lado estadounidense. El secretario de Economía busca salvar el acuerdo a como dé lugar, por cuestiones económicas nacionales, pero también políticas personales.Marcelo Ebrard no ha renunciado a ser candidato a la presidencia y tiene un ojo puesto en 2026 y otro en 2030. Como lo ha sugerido el exsecretario Ildefonso Guajardo en varios foros, las aspiraciones políticas no son buenas consejeras a la hora de tomar decisiones económicas. Con todo, el secretario Ebrard tiene razón. Pero es necesario hacer algunas precisiones y ampliar la explicación sobre lo que significa el nuevo régimen de comercio exterior de Estados Unidos para estar mejor preparados para lo que viene. 

Desde julio de 2025, el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, viene hablando de la “visión del presidente Trump para un nuevo sistema de comercio internacional” bajo los principios de seguridad económica y nacional y de un comercio “justo y equilibrado”. En mayo de 2026, antes de iniciar las negociaciones directas sobre el T-MEC, Greer se refirió a los acuerdos comerciales recíprocos establecidos por Estados Unidos tras la aplicación generalizada de aranceles como la pieza clave de un “nuevo orden económico”.

¿Cuál sería la definición del régimen comercial que impulsa el gobierno de Donald Trump? Si consideramos lo visto hasta ahora, se trata de un sistema de comercio administrado por seguridad económica, producción y reciprocidad. Es decir, Estados Unidos quiere cadenas productivas más resistentes, mayor control sobre una industria que sustituya importaciones críticas y un intercambio preferencial de bienes y servicios.

Es cierto que el nuevo régimen aún está en construcción, como sugiere Ebrard, pero tiene antecedentes que se remontan a la aplicación de aranceles de la primera Administración Trump y los controles de exportaciones tecnológicas e inversiones del gobierno de Joe Biden. La transformación profunda comenzó en enero de 2025 con el lanzamiento de la Política Pública Comercial “Estados Unidos Primero” y se profundizó con la aplicación de los “aranceles recíprocos” del 2 de abril de 2025, el llamado “día de la liberación”. 

Hablo de transformación porque el nuevo sistema implica un cambio sustancial respecto a la forma de comerciar que tuvo Estados Unidos durante décadas. El paradigma anterior fue la apertura y el librecambio bajo el esquema de nación más favorecida: si aplicas bajos aranceles a un país, debes aplicar los mismos al resto. Es el modelo regulado por la Organización Mundial de Comercio (OMC), cuyas excepciones eran los tratados de libre comercio para eliminar completamente los aranceles entre los firmantes. Fue la arquitectura bajo la cual se dio el TLCAN y la posterior integración de China en la OMC.

Hoy Washington desplaza y desprecia ese sistema porque considera que ya no le sirve y que, incluso, le perjudica frente a una China cada vez más poderosa, asertiva y productiva. La alternativa de Trump al antiguo modelo es una arquitectura en capas superpuestas que contempla aranceles diferenciados, pactos bilaterales, restricciones sectoriales, sanciones específicas, reglas de origen y contenido, controles tecnológicos y de inversión, acuerdos sobre minerales críticos y bloques económicos regionales o coaliciones con economías afines, como el reajuste que Estados Unidos ensaya en América del Norte y el resto del continente. En el centro del nuevo sistema está el acceso al valioso mercado estadounidense sobre el cual se aplican condiciones según el país y su comportamiento, el sector y sus productos y los insumos y su origen. Si el credo del antiguo modelo era la eficiencia, ahora lo es la seguridad económica.

¿Qué busca Estados Unidos con este cambio de régimen comercial? Principalmente seis objetivos: reindustrializar su economía; disminuir su dependencia estratégica, sobre todo respecto a China; sustituir importaciones críticas; ampliar el mercado para sus exportaciones; equilibrar su balanza comercial, e inducir cambios regulatorios, laborales, industriales y de seguridad en sus socios. Es el mercado estadounidense usado como arma para imponer los intereses de Washington, primordialmente en América y Europa. El hecho de que Estados Unidos siga dentro de la OMC resulta engañoso, porque ya se observa un orden híbrido y fragmentado cuya existencia han reconocido prácticamente todas las instituciones internacionales, incluyendo la misma OMC.

He dicho en numerosas ocasiones que México es imprescindible para los objetivos e intereses de Estados Unidos. Lo sostengo. Pero ser imprescindible no significa que nuestro país no vaya a verse impactado por el cambio de paradigma comercial del vecino del norte. De hecho, lo será en primer lugar debido, precisamente, a la importancia que tiene México para la estructura económica estadounidense. El reto es extraordinario, como lo es la oportunidad. Es claro que Washington está endureciendo las condiciones para la integración comercial norteamericana con los factores que ya mencioné (reglas de origen, restricciones, aranceles específicos, etc.). Es lo que ya se negocia dentro del T-MEC y para lo que, sospecho, Marcelo Ebrard está allanando el camino en la opinión pública. Pero también es claro que, una vez aprobado el “nuevo T-MEC”, la ventaja económica de pertenecer al bloque regional más vinculado al mercado de mayor valor del mundo aumentará considerablemente para México, que mantendrá un acceso privilegiado. Suscríbete a mi Substack: @urbeyorbe

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