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El Pentalaso, o la clave del pasado, presente y futuro

ARTURO GONZÁLEZ GONZÁLEZ

Quien quiera comprender el mundo, debe entender Oriente Medio; y para entender Oriente Medio, hay que comprender la importancia del Pentalaso, la tierra de los cinco mares. El primero en mencionar a esta región como tal desde el plano geopolítico fue el geógrafo británico Halford J. Mackinder. La tierra de los cinco mares de la que habla Mackinder no es otra que Asia Occidental, a la que también solemos llamar, de forma imprecisa, Oriente Medio. Otros nombres usados para la región son Pentalaso o Pentalasia. Es el territorio que se encuentra en medio de los mares Mediterráneo, Negro, Caspio, Rojo y Pérsico.

Mackinder se refiere a ella como una región marginal, porque el foco de atención del británico está en el centro de Eurasia, al que llama Heartland, el corazón continental del mundo, una extensa región que abarca parte de Siberia, Asia Central, el Cáucaso y Europa Oriental. Es, a su juicio, el pivote geográfico de la historia. Desde su perspectiva, el Pentalaso es una de las cuatro regiones que rodean al Heartland, la más débil e inestable. Las otras tres son Europa Centro-occidental, Asia Meridional y Asia Oriental. A este cinturón, Mackinder le llama Creciente Interior o Marginal, para diferenciarlo del Creciente Exterior o Insular, conformado por América, África, Oceanía, las Islas Británicas y el archipiélago japonés.

Es dentro de este esquema que el geógrafo británico concibió su famosa máxima geopolítica: "quien gobierna Europa del Este, gobierna el Heartland; quien gobierna el Heartland gobierna la Isla Mundial; quien gobierna la Isla Mundial gobierna el mundo". La Isla Mundial es el supercontinente conformado por Europa, África y Asia, conocido también como Eurafrasia. Una mirada distinta la ofrece el influyente periodista estadounidense Nicholas Spykman, discípulo de Mackinder, quien reescribió la máxima de su maestro: "quien controle el Rimland domina Eurasia; quien domine Eurasia controla los destinos del mundo". Spykman llama Rimland al Creciente Interior o Marginal de Mackinder.

Ambas frases, que parecen el inicio de una novela al estilo del Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien, no hay que leerlas como profecías de determinismo geográfico, sino como teorías que han influido y siguen haciéndolo -más de lo que creemos- en los círculos de poder político y económico. Por ejemplo, poco más de la mitad de las bases de Estados Unidos instaladas fuera de su territorio continental se encuentran en el Creciente Interior o Rimland, desde Europa hasta Asia-Pacífico, pasando por el Pentalaso e Indo-Asia. Es decir, una especie de cerco estadounidense sobre el Heartland. Y, como apuntó Mackinder, de las cuatro regiones del Creciente Interior o Marginal, la más vulnerable es la tierra de los cinco mares, en guerra hoy como en las últimas siete décadas.

Hay otros analistas geopolíticos que colocan el foco de atención y relevancia en el Pentalaso, precisamente por su debilidad e inestabilidad crónicas desde el fin de la Primera Guerra Mundial. Así lo establece, por ejemplo, el historiador ruso Vladimir I. Maksimenko: "es el área del sistema de relaciones internacionales que ha sido más penetrada por potencias externas". Más recientemente, y en la misma línea de Mackinder y Spykman, el filósofo italiano Lorenzo Maria Pacini ha escrito que "la evolución de Pentalasia ha sido y sigue siendo fundamental para definir Oriente Medio y toda la región geopolítica de Rimland. Quien controle Pentalasia, probablemente controlará toda la región de Rimland o, desde otra perspectiva, toda una zona global".

Sobre esta zona del orbe, que ocupa una extensión aproximada de 10 millones de km2, en la que viven 560 millones de seres humanos y que sirve de punto de encuentro entre Europa, Asia y África, se han proyectado los intereses de potencias regionales como Israel, Irán, Turquía y Arabia Saudí, y potencias mundiales como Estados Unidos, Reino Unido, Rusia y China. Es el escenario hoy de la guerra que libra Estados Unidos e Israel contra Irán y su Eje de la Resistencia (con alcance en Irak, Siria, Líbano, Gaza y Yemen), y de la competencia entre los corredores geoeconómicos que atraviesan la región y son impulsados por China (OBOR), Estados Unidos/Unión Europea (IMEC) y Rusia/Irán (INSTC). Además, el Pentalaso es uno de los motores energéticos del mundo, con un cuarto del petróleo, un quinto del gas natural licuado y un quinto de los fertilizantes. Cuatro de los ocho embudos marítimos de los que depende el comercio mundial se ubican dentro o cerca del Pentalaso: Omuz, Bab el Mandeb, Suez y Bósforo/Dardanelos.

Pero la importancia de la tierra de los cinco mares va mucho más allá del presente y del ámbito geoestratégico. Ahí surgió la civilización que vio nacer la primera ciudad, Uruk. Fue el centro del primer sistema de comercio internacional, que unía al Valle del Indo con el Valle del Nilo. Fue escenario del primer tratado de paz del que se tiene registro, el suscrito por los imperios egipcio e hitita. La escritura, el carro, la metalurgia, la administración centralizada, los sistemas de riego… nacieron en el Pentalaso. El primer templo religioso, Göbekli Tepe; el poema más antiguo que conocemos, el de Gilgamesh; el primer código jurídico aún conservado, el de Hamurabi… fueron creaciones de los pueblos de la tierra de los cinco mares. El comercio, la navegación, la filosofía, la astronomía, las matemáticas, los algoritmos, el ajedrez y tantas otras cosas no pueden entenderse sin la aportación de las culturas pentalasianas o vinculadas a ellas. De ahí provienen las religiones que rigen la fe de más de la mitad de la población mundial: el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam, y antes de ellas, el Mazdeísmo, que tanto influyó en las tres.

No es extraño que un territorio tan rico -en más de un sentido- y estratégico, haya sido y sea aún motivo de las ambiciones de grandes y medianos imperios. El primero que consiguió el control casi total sobre el Pentalaso fue el Imperio persa aqueménida. Lo intentaron los macedonios con Alejandro, pero su imperio no sobrevivió a su temprana muerte. Vinieron después la Persia de los sasánidas y el califato Omeya. El último imperio que ejerció un control casi pleno fue el turco Otomano, cuya desintegración en 1922 dejó espacio para los intereses de las potencias occidentales europeas que, tras la Segunda Guerra Mundial, entregaron la estafeta a unos Estados Unidos que hoy se involucran en su enésima aventura militar, de la mano del sionismo más radical de Israel. El Pentalaso, una vez más, está en juego, al igual que la vida de millones de personas y el futuro del orden mundial.

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