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Vagaciones

Yamil Darwich

Poco faltó para que la insensatez del secretario de educación Mario Delgado Carrillo, hiciera perder un mes de clase a los estudiantes de México. Afortunadamente se impuso la cordura, aunque requirió de un "empujoncito presidencial".

Las justificaciones fueron simplemente tontas: "proteger la salud de estudiantes y maestros ante las altas temperaturas", olvidando que los estados del norte y algunos del sureste, desde siempre, se han sometido a más de 40 grados a la sombra durante los meses más calurosos; "reducir riesgos por golpes de calor", sin recordar que los niños, en general, no se quedarían en casa y sí se expondrían a los rayos del sol para jugar en la calle.

"Adaptar el calendario escolar al clima extremo", quitando un mes de trabajo lectivo, la consecuencia llevaría a tener que revisar la aplicación de la suspensión de clases en inverno y así… ¿cuánto tiempo quedaría para trabajar?

Recordemos que los mexicanos ocupamos los últimos lugares en eficiencia educativa y, aun así, el secretario perseguía posicionamiento político, más que enseñar a los estudiantes.

El colmo: "dar más tiempo a capacitación docente y actividades administrativas", eso sí, sin quitar días a los programados para vacaciones del personal académico y administrativo. Es evidente que "las cabras se le fueron al monte".

Cierto que es importante la capacitación docente, pero habría que encontrar fórmulas de evaluación de los sometidos al proceso, incluyendo premios y ajustes a salarios, desafortunadamente eso es "anatema" para los líderes sindicales. Ellos también buscan lo suyo.

El gravísimo problema del enquistamiento de politiqueros en el sindicalismo de la educación es tema que "se guisa aparte"; bloqueos, marchas y plantones, son argumentos que atemorizan al gobernante.

Es de sobra conocido que el problema no solo es de días de trabajo -de por sí muy pocos-, habría que asegurar la disposición de algunos encomendados en asegurar aprendizaje, perseguir una actitud educativa, que no aparece en todos los trabajadores de la educación.

Lo cierto es que la CDMX, enfrentará el reto de la vialidad durante los juegos del Mundial 2026 y retirando vehículos de la circulación en esas caóticas vialidades y demás viajantes de otro tipo, se disminuiría el problema, aunque insuficientemente.

La realidad: sabemos que a MORENA no le importa el aprendizaje; de hecho, el conocimiento va en contra de sus intereses.

Las vacaciones de verano, para los educadores y educandos, es un lapso importante para reafirmar el desarrollo de habilidades intelectuales, reforzar aspectos de motricidad con el ejercicio controlado y hasta tener actividades de diversión y descanso.

Sume la oportunidad de tener más comunicación entre familiares y cercanos, fortaleciendo la afectividad, autoestima, identidad e idiosincrasia del menor.

También la gran oportunidad que se le ofrece al muchacho, para que explore y desarrolle su propia creatividad al participar en talleres, cursos, y explorar campos artísticos y culturales.

El teatro, la pintura, la literatura y todas las actividades de complemento, caso de la exploración de nuevas experiencias personales y la integración a grupos que promueven su sociabilización, siendo valioso el amor a la naturaleza.

Todo ello fortalece al menor, haciendo válido aquello de "Mens sana in corpore sano", cita latina atribuida al poeta Juvenal, que sentencia la importancia de cuidar el cuerpo y desarrollar la mente para lograr un bienestar integral.

Esa es la filosofía que orienta la forma de vivir e influye en la formación integral del participante. Ese equilibrio es promovido por la Organización Mundial de Salud, pero como pregonan los embriagadores: "todo con medida".

Desde luego que existen factores negativos, entre ellos: disminución de aprendizaje; es conocida la afectación de los conocimientos adquiridos durante el semestre, especialmente si no se buscan las formas adecuadas para su aplicación reforzadora; la falta de control de los menores, al no poder atenderlos en el tiempo libre.

No olvide las facilidades que ahora tienen para desinformarse y romper con principios básicos de ética y moral.

La pérdida de ritmos y rutinas con orden, inculcadas para el día a día y las mayores dificultades de retomarlas, particularmente al regreso a clase.

La pretensa e ideática medida, afectaría a quienes no tienen recursos materiales para aprovechar el tiempo de descanso de verano y sí marcaría, aún más, las diferencias de formación/capacitación para la vida de unos -los pudientes- y otros -pobres-. Me viene a la memoria aquello de "cuando los pobres dejan de ser pobres se vuelven de derecha" y eso no le conviene al idealismo en el poder.

Admiro y respeto a grandes educadores, muchos de ellos laborando en el medio oficial y otros en la administración educativa; estoy convencido que ellos no fueron tomados en cuenta, imponiendo la politiquería del "quedar bien" por encima del aprovechamiento académico; pero también recuerdo aquello leído en la universidad española, "lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta". ¿Seguimos soportándolos?

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