EDITORIAL Columnas editorial Caricatura editorial JULIO FAESLER

Columnas

Verdad amarga

Los mártires duranguenses: origen de la Cristiada [I]

ENRIQUE SADA SANDOVAL

La historiografía que suele abordar la Cristiada como fenómeno y levantamiento popular suelen enfocar sus miras hacia aquellas regiones en las que el movimiento logró tener mayor impacto en lo social, económico y militar, dirigiendo sus miras muy al sur de Zacatecas; hacia el Estado de Jalisco y la región del Bajío, como si estos sitios fueran la cuna del mismo.

Sin embargo, no han reparado en el hecho de que la Cristiada no solo no surge en estas regiones sino que estalla como un movimiento regional, particularmente en el norte del país y más concretamente en lo que sería la guardarraya de dos Estados colindantes por donde cruza el legendario Camino Real de Tierra Adentro: entre Durango y Zacatecas en el antiguo Real de Minas de San Pedro de Chalchihuites, Zacatecas; que desde antaño abarca la jurisdicción pastoral del Arzobispado de Durango.

Tras la visita de Plutarco Elías Calles a este lugar con apoyo inicial para los damnificados del gran sismo de 1925 y su partida airada con amenazas por su presencia, debido a sus actitudes jacobinas, tocó a Monseñor José María González y Valencia intentar proteger a la persona del Párroco José Natividad Campos resguardándolo con sus familiares en Lerdo, Durango; mientras llamaba en su lugar al sacerdote Luis Batis Sainz, siendo el 18 de Agosto el último bautismo oficiado por el Padre Campos mientras el primer bautizo de Luis Batis queda registrado hasta el 21 de Agosto del mismo año.

Batis, nacido en 1870 en el no muy lejano poblado de San Miguel del Mezquital (Miguel Auza, Zacatecas) además de su intensa labor social y pastoral con los más pobres, era reconocido en el rango de su Arquidiócesis en todos los lugares que ejerció su ministerio como sacerdote de la Eucaristía y la Catequesis al igual que por su liderazgo con la Acción Católica Juvenil, misma que continuó en el pueblo, hallando eco en la intensa labor social y religiosa de otros hombres que le recibieron como lo fueron Manuel Morales, David Roldán y Salvador Lara, laicos que como padre de familia-el primero-y como jóvenes, uno de ellos comprometido en matrimonio, eran respetados tanto en el pueblo como en sus alrededores.

Fue esta aura de virtud la que movió al General Eulogio Ortíz recién llegado a Sombrerete-conocido como "El mataamarrados"-junto con el alcalde Donaciano Pérez y su secretario, Refugio García, quienes usando por excusa un mitin de la Acción Católica de la Juventud Mexicana (ACJM) en favor de la Libertad religiosa atacada por la "Ley Calles" en la plaza de toros de Chalchihuites, decidieron acusarlos de "organizar un complot para derrocar al Supremo Gobierno", enviando un comando el 14 de Agosto de 1926 con la orden de ejecutarlos.

No se sabe a ciencia cierta si la orden de Calles de enviar a Ortiz a Sombrerete fue hecha con este propósito puesto que aún no se revela un documento que lo certifique como tal, pero el eco de su amenaza ante el desaire sufrido el año anterior y su imposición de leyes antirreligiosas y persecutorias da pie para darlo por un hecho atendiendo el usual proceder del mismo en otros casos, así como el hecho de enviar a esa región como Jefe de Armas a alguien de sobra conocido por su crueldad y carácter violento.

Tras la captura con lujo de violencia del Padre Bátiz por 11 soldados del VI Batallón de Infantería, al mando del Teniente Blas Maldonado Ontiveros. Le seguirían Manuel Morales, los jóvenes Salvador Lara y David Roldán, siendo apresados pese a la protesta popular que exigía su liberación ante su inocencia, de todos conocida.

El drama iniciaba apenas para todos, según registran testimonios y obras. Los prisioneros fueron conducidos a la Presidencia municipal. El Teniente interrogó a los acusados: "¿Con qué objeto tienen esas juntas?". El Padre Bátis respondió: "Con el objeto de defender esa santa causa de nuestra religión". Eso mismo repitieron todos. "¿Firman esta declaración?", inquirió el militar. "Sí señor", respondieron todos, rubricando sin saberlo, su sentencia de muerte.

Leer más de EDITORIAL

Escrito en: columnas editorial

Comentar esta noticia -

Noticias relacionadas

Siglo Plus

+ Más leídas de EDITORIAL

LECTURAS ANTERIORES

Fotografías más vistas

Videos más vistos semana

Clasificados

ID: 2499424

elsiglo.mx