Como parte del ritual “oficial”— que no históricamente correcto ni justo—de la llamada Ceremonia del Grito de Independencia, que en realidad sería del inicio de la primer insurrección fallida que después generaría otras independentistas, existe un recetario heredado desde el Porfiriato— en que se impuso el 15 sobre el 27 o 16 de septiembre, por ser cumpleaños del Héroe de la Paz y del Progreso—y que hasta el autodenominado régimen de la “revolución triunfante” adoptó, a diferencia de otros países que celebran su culminación, que es lo más lógico.
En este se ha venido a proclamar como tal la primer insurrección autonomista—que no buscaba Independencia—que exigía la aplicación de las Leyes vigentes del propio Imperio Español, mismas que señalaban que ante la ausencia de Rey se estableciera juntas autónomas de cada Reino o Capitanía General, no siendo el Virreinato de Nueva España excepción a esta regla, igual que en su momento hubo Junta Central de Sevilla o se impuso la Junta de las Provincias del Río de La Plata cuando los peninsulares no se ponían de acuerdo entre quienes aceptaron a José I Bonaparte como Rey de España e Indias—cuando los Borbones, por odio interfamiliar, vendieron sus derechos dinásticos a Napoleón I a cambio de dos castillos en Francia y rentas vitalicias—y los que de manera noble pero ingenua creyeron que la Familia Real había partido presa de los franceses, proclamando al Príncipe de Asturias como su Rey.
Tras el intento autonomista fallido del Precursor Francisco Primo de Verdad en 1808 es que cobra importancia el Generalísimo Ignacio de Allende y Unzaga como Iniciador.
Nacido en San Miguel el Grande (Guanajuato), como Capitán del Regimiento de la Reina, el viudo Ignacio destacaba por su visión clara como español americano sobre lo que tenía que hacerse para salvar la Nueva España del caos, la ingobernabilidad y hasta una amenaza de invasión como ya había ocurrido en Buenos Aires con Inglaterra en ese tiempo, razón por la que organizó Juntas políticas disfrazadas de tertulias literarias donde invitó a personajes de la región para trazar acción política. De estas reuniones se avino la presencia del Corregidor Domínguez y su efervescente esposa, a quien se atribuyen quereres tanto con Allende como con el Cura Hidalgo. Vale subrayar que Hidalgo no era la cabeza, sino que es invitado para fungir de Vocero del Capitán Allende.
Tras ser descubiertos, el Cura aprovechó dar el grito llamando al pueblo a defender los derechos del Príncipe de Asturias como Fernando VII, lanzándose a la toma de ciudades y villas donde si Allende destacó por ser partidiario del orden y el respeto, el turbulento Hidalgo aprovechó para dar rienda suelta a saqueos, violaciones y genocidio sistemático de españoles a los que engañaba para que se entregaran a sus tropas sin oponer resistencia, bajo la falsa promesa de respetar sus vidas.
Cuando la sangre y megalomanía de Hidalgo llegó al grado que este se autoproclamara “Alteza Serenísima” en Guadalajara, tras una última degollina de cientos de españoles pacíficos, fue que Allende con su hijo Indalecio y otro fraile proyectaron asesinar al Cura de Dolores, logrando deponerlo de mando y apresarlo tras la derrota insurgente de Puente de Calderón ante las tropas de Félix María Calleja. En su intento de huida a Estados Unidos, fueron capturados en Acatita de Baján, Coahuila; por el Coronel Elizondo, pasando al Álamo de Parras para de ahí ser trasladados a Durango y a Chihuahua, donde se les sometió a juicio.
Pese a perder a su hijo entre el fuego cruzado de la captura, y a diferencia de Hidalgo que se retractó, Allende se mantuvo firme y se declaró culpable “de Alta lealtad” al Rey en dado caso, siendo ejecutado junto con los demás en 1811, a pocos meses de iniciar un movimiento que no logró la autonomía deseada.
Omitir su nombre por descuido o pretender sustituirlo por un personaje de nula valía, de distinta insurrección y fecha, justificando una supuesta rotación de nombres meritorios, no solo significa una injusticia sino también ignorancia en nuestros gobernantes respecto a lo menos que se espera de su investidura en casos como este.