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El terror en las escuelas

ENRIQUE SADA SANDOVAL

“Hoy es el último día para muchos y el primer día para mí”, escribió en su cuenta de TikTok uno de los asesinos que en Torreón, Coahuila ingresaron a la Secundaria Pública Agustín Melgar arrojando explosivos caseros, armados con cuchillos y machetes, para cobrar víctimas.

El ataque venía siendo planeado días antes según muestra la interacción con otros cibernautas cómplices de la misma plataforma virtual y las imágenes compartidas por los agresores en que sobresale junto a las armas simbología satanista, muy similar a lo visto en sitios como el Rancho Izaguirre y otros campos de desaparecidos; un detalle bastante recurrente que los medios tradicionales han evitado subrayar, curiosamente, desde el sexenio anterior.

En cuanto al motivo, ni siquiera había alguno más que la voluntad de dañar a inocentes salvo por el antecedente brindado por los vecinos quienes conocían de sobra a los hermanos asesinos, mismos que ya habían sido señalados en la comunidad por realizar sacrificios de animales sin que los padres—enterados de ello—hicieran algo por intentar corregirlos siquiera, según testimonios brindados.

El saldo de su incursión fueron cuatro hombres heridos de gravedad —un profesor y tres estudiantes— junto con la Subdirectora del plantel; la Maestra Nedi Nevárez, quien por haberles reconocido por sus nombres fue muerta por quienes habían sido alumnos de su misma Escuela.

La cobertura mediática local fue inmediata y trascendió lo regional para convertirse en una nota periodística de proyección nacional y por ende no menos triste, en un país donde la muerte violenta de un promedio de 93 mexicanos al día parece haberse normalizado no solo para quienes integran los tres niveles de Gobierno en general sino también, y esto es lo más grave, para la sociedad misma pese a ser la principal afectada por esto.

Gracias a la oportuna intervención de otros alumnos, maestros y vecinos fue que se logró neutralizar y capturar a los responsables en lo que se apersonaron los elementos de Seguridad Pública Municipal, según confirmó el Titular de Seguridad Pública del Gobierno de Coahuila, Federico Fernández Montañéz, quien de manera rápida se hizo presente, desde Saltillo, en el lugar de la tragedia (el Ejido La Unión, en la Comarca Lagunera) para brindar información de frente ante lo sucedido.

En respuesta oficial a la tragedia, la Secretaría de Educación Pública federal se limitó a responder con un comunicado de menos de media cuartilla; con un texto tan acartonado como breve, mismo que en automático generó una repulsa por parte de la sociedad mexicana desde las redes sociales y los medios por la parquedad e insensibilidad ante lo ocurrido: como si las víctimas le resultaran tan ajenas como irrelevantes a su rango de responsabilidad. Y en cuanto a la presidente en su homilía matutina, una vez que se le cuestionó sobre lo ocurrido, en vez de comprometerse con la solución más evidente—un regreso de la enseñanza cívica y de valores como materias obligatorias en las escuelas, dignificación de las aulas junto con la del personal y los maestros, y reforzamiento de Seguridad Pública en los planteles—aprovechó solo para ratificar su voluntad de censura contra los medios, aduciendo que hay que evitar que se difunda la violencia en los mismos.

Sin embargo, la mejor respuesta a la tragedia nos la brinda sin duda una Maestra desde Empalme, Sonora: “Las aulas en México se están derrumbando bajo el peso de la indiferencia institucional. Mientras la violencia cruza la puerta de las escuelas con la impunidad que le otorga la falta de seguridad, la respuesta no solo es insuficiente: es un insulto a la dignidad docente.

¿En qué momento la contención de un dispositivo móvil se volvió más urgente que la protección de la vida humana? Los maestros no están cansados: están hartos de trabajar con el miedo como compañero de banca, mientras las autoridades canalizan recursos, tiempo y reflectores a cortinas de humo tecnológicas.

La educación en México no necesita simulaciones para la foto ni discursos inflados en conferencias matutinas.

Necesita autoridades con las prioridades claras, que entiendan que ninguna estrategia pedagógica funciona en un entorno donde los maestros temen por su vida y los alumnos crecen en la desprotección”.

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