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Seis haciendas norestenses

ENRIQUE SADA SANDOVAL
ENRIQUE SADA SANDOVAL

Con un gran aforo se dio la cita para acudir a la Conferencia magistral impartida nada menos que por el Doctor Ángel Fidel Morales Salazar; reconocido enólogo, investigador, empresario lagunero y miembro de la Academia Nacional de Historia y Geografía en las instalaciones de la Sala Elías Murra Marcos.

El tema lo fueron las Haciendas Norestenses de Nuevo León, citándose seis casos de entre las más particulares y reconocidas en este mismo ámbito.

Bajo el concepto de haciendas norestenses estas se definen como los principales centros agrícolas, ganaderos y de intercambio comercial fundamentales durante el Virreinato de la Nueva España y a lo largo del siglo XIX en la amplia región que hoy conocemos como el noreste mexicano—lo que fueran en su momento parte del extenso territorio de la Provincia o Reino de la Nueva Vizcaya y de la Intendencia de San Luis Potosí—y que ahora ocupan los territorios de los Estados fronterizos de Nuevo León, Coahuila y Tamaulipas, aunque en su momento también abarcarían lo que hoy es Texas como parte de su rango de influencia.

A diferencia de las típicas haciendas del centro o sur mexicano, las del noreste solían ser por razón de uso tanto como del entorno tan alejado más funcionales y adaptadas al clima semiárido, aunque todas se encontraban interconectadas entre sí a través de cierto sistema de caminos así como en teoría también conectadas con los caminos de tierra afuera que seguían la ruta hasta el Altiplano mexicano lo mismo que con el Camino Real de Tierra Adentro, enlazándose con Zacatecas y Durango.

La Ex-Hacienda de San José de Raíces, ubicada actualmente en lo que es el Ejido San José de Raíces, municipio de Galeana, Nuevo León, estuvo originalmente vinculada a la gran Hacienda de El Potosí. En 1893 fue remodelada por el irlandés Francisco Coglan, destacando una barda monumental de piedra, bodegas, caballerizas, una casa grande de ocho habitaciones con pisos de duela, escalera de caracol y un sótano defensivo, aunque en la actualidad se encuentra en estado de abandono.

La antigua Hacienda de San Francisco del Potosí (El Potosí), ubicada también en el actual Municipio de Galeana, Nuevo León—30 kilómetros al norte de San José de Raíces, por la legendaria carretera 57—fue uno de los grandes latifundios más importantes de la región del norte y centro, propiedad en el siglo XIX de Juan Antonio Pérez (Conde de Gálvez) antes de ser traspasada en 1842 a Juan de Dios Ramos.

Otro latifundio ejemplar lo fue también la Hacienda de Nuestra Señora de la Soledad, ubicada al oeste del municipio de Aramberri, Nuevo León. Fundada alrededor del año de 1650, fue considerada una de las haciendas más grandes, prósperas y con mayor producción agrícola, llegando a ser considerada incluso como “El granero de la región” del Nuevo Reino de León. Esta Hacienda perteneció a diversos personajes ilustres y aristócratas, incluyendo a los Condes de Rul—parientes de Lucas Alamán—y también con el Marqués del Castillo de Aiza, cuya vasta extensión territorial dio origen a varias poblaciones y rancherías preponderantes del sur de la Entidad.

La Ex-Hacienda de Albarcones, también conocida como Abarcones y Albercones pareciera recibir su nombre inicial del armamento en que solían engarzarse las puntas de flecha de los indios, aunque por cuestiones de uso y costumbre se le identificó con los nombres posteriores. Ubicada en el Municipio de Doctor Arroyo, Nuevo León, esta urgió a partir de la división y diversificación de la antigua Hacienda de La Soledad o como extensión de la misma cerca de 1825, siendo su primer administrador el célebre General y Gobernador Cosme Aramberri.

Destaca al final la Hacienda de Guadalupe de entre las seis referidas como fundada por el Alférez Andrés González, en el siglo XVIII por su gran productividad ganadera y hasta lechera, aunque el común denominador de todas lo es su importancia como centros poblacionales y de distribución de recursos lo mismo para la región que como sitios encaminados a la civilización de la Provincia de Texas en algún momento, logrando sobrevivir tanto al Borbonismo decadente como a la Independencia y varios golpes militares, pero nunca al golpe populista del “Reparto agrario” en 1938.

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