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VIBREMOS POSITIVO

CUANDO NUESTROS HIJOS EMPIEZAN A EXPLICARNOS EL MUNDO

Hay un momento en la maternidad para el que nadie te prepara. Porque, seamos sinceras, cuando los hijos nacen ya sabes que tendrás que alimentarlos, enseñarles a ir al baño, llevarlos a la escuela, educarlos y explicarles prácticamente cómo funciona la vida. Pero nadie nos prepara para el día en que tus hijos empiezan a explicarte a TI, su mamá, cómo funciona el mundo.

Durante años fuimos nosotras las que enseñábamos absolutamente todo: cómo agarrar una cuchara, cómo cruzar la calle, cómo amarrarse los zapatos, cómo decir "por favor" y "gracias", cómo hacer una llamada, cómo comportarse en casa ajena y hasta por qué no era buena idea meter los dedos en un enchufe. Éramos prácticamente Google, Waze, servicio médico, soporte técnico y departamento de atención a clientes, todo incluido en una sola persona.

Y de pronto, sin previo aviso, cambian los papeles. Un día estás intentando hacer algo en el celular y escuchas: "Mamá, dame, yo lo hago". Tomas aire, entregas el teléfono y observas cómo esa criatura a la que tú le enseñaste a usar el excusado resuelve en siete segundos algo que tú llevabas veinte minutos intentando hacer.

Lo peor es la cara. Esa mezcla de paciencia, resignación y una ligera preocupación por tus capacidades cognitivas. "Pero mamá, es facilísimo". Ajaaaa, claro. Para ti.

También llega el momento en el que empiezan a explicarnos palabras. Escuchamos una expresión nueva, preguntamos qué significa y recibimos una explicación acompañada de una mirada que claramente dice: "¿En serio no sabes esto?". Y ahí es cuando una empieza a comprender que se ha producido un cambio importante en el orden natural de las cosas.

Antes ellas preguntaban: "¿Qué significa esto?". Ahora soy yo la que pregunta.

Y no solamente ocurre con la tecnología. Empiezan a recomendarnos restaurantes, aplicaciones, lugares para viajar, series, productos, ejercicios y hasta maneras de hacer cosas que hemos hecho toda la vida perfectamente bien sin su supervisión. Y eso sin mencionar el importantísimo skincare y la rutina de maquillaje diario que, no sé por qué, ahora se hacen completamente diferente de como los hacíamos hace uno o dos años. ¿Qué tanto puede cambiar una cara en tan poco tiempo?

"Mamá, eso ya no se hace así". Ah, perdón. No sabía que había salido una actualización del procedimiento.

Confieso que al principio puede doler un poquito el ego. Después de tantos años siendo la persona que tenía las respuestas, no siempre es fácil aceptar que ahora hay terrenos en los que ellas saben muchísimo más que nosotras. Además, en nuestra defensa, el mundo tampoco coopera demasiado. Justo cuando aprendemos cómo funciona una aplicación, la actualizan. Cuando finalmente entendemos una red social, resulta que los jóvenes ya están en otra. Y cuando aprendemos una palabra nueva, nos informan que ya nadie la usa.

ES AGOTADOR INTENTAR MANTENERSE VIGENTE.

Pero más allá de la parte que no siempre es tan divertida, hay algo muy bonito en este cambio de roles. Nuestros hijos crecen. Y eso que durante años deseamos -que fueran independientes, capaces, seguros y que supieran moverse por el mundo- finalmente sucede. El pequeño inconveniente es que nadie nos advirtió que la independencia vendría acompañada de frases como: "Mamá, tú no entiendes". ¡Claro que no entiendo! Precisamente por eso estoy preguntando.

Pero, si lo pienso bien, hay algo profundamente emocionante en poder aprender de las personas a las que alguna vez enseñamos absolutamente todo.

Ellos ven el mundo desde otro lugar. Crecieron con herramientas, ideas y formas de relacionarse que nosotras no tuvimos. Y aunque a veces nuestra primera reacción pueda ser pensar "en mis tiempos esto se hacía diferente", también podemos permitirnos escuchar antes de decidir que nuestra manera necesariamente era mejor. Porque quizá no siempre lo era.

Nuestros hijos también pueden enseñarnos a mirar cosas que damos por hechas, cuestionar costumbres, entender nuevas formas de comunicarnos e incluso ser más flexibles. Y para poder recibir todo eso necesitamos aceptar algo que no siempre resulta fácil: ser mamá no significa saber más de todo para siempre.

Durante muchos años nuestro trabajo fue enseñarles a vivir. Tal vez llega una etapa en la que parte de nuestro trabajo consiste en permitir que ellos nos enseñen un poquito del mundo que están construyendo.

Eso no significa que de pronto ellos tengan todas las respuestas y nosotras ninguna. La experiencia sigue teniendo un valor que ningún tutorial puede sustituir. Hay cosas que únicamente se aprenden viviendo, equivocándose, levantándose y volviendo a intentar. Ellas pueden enseñarme cómo configurar una aplicación en treinta segundos; yo probablemente todavía tengo algunas cosas que enseñarles sobre paciencia, relaciones, decisiones y todo aquello que no viene explicado en YouTube.

Al final, se vuelve un intercambio. Yo tengo años; ellas tienen actualizaciones. Me parece un trato bastante justo.

También he descubierto que preguntarles cosas puede convertirse en una nueva forma de relacionarnos. Ya no solamente soy yo la que aconseja, corrige o explica. También puedo decir: "Enséñame". Y quizá esas dos palabras sean mucho más importantes de lo que parecen, porque reconocer que nuestros hijos tienen algo que enseñarnos también es reconocer a los adultos en los que se están convirtiendo.

Eso sí, agradecería muchísimo que cuando me expliquen algo lo hagan sin esa expresión de absoluta incredulidad ante mi ignorancia. Un poco de respeto, por favor.

Yo sobreviví a una época en la que, si queríamos llegar a algún lugar, teníamos que imprimir un mapa; en la que el teléfono estaba conectado a una pared y en la que, si no sabíamos algo, no existía la posibilidad de preguntarle inmediatamente a un aparato. Algún mérito debemos tener.

Pero la verdad es que disfruto esta nueva etapa. Me gusta descubrir que las personas que alguna vez dependieron completamente de mí ahora saben cosas que yo no sé. Significa que crecieron, que aprendieron y que están construyendo su propia manera de entender la vida.

Y quizá una de las formas más bonitas de seguir cerca de nuestros hijos cuando crecen sea dejar de creer que nuestra única función es enseñarles. A veces también toca escuchar, preguntar, aprender y permitir que sean ellos quienes nos expliquen el mundo de vez en cuando. Aunque, por supuesto, hay ciertos límites.

Pueden explicarme la tecnología, las nuevas tendencias, el skincare y todas las aplicaciones que quieran. Pero si algún día me dicen que no sé cómo ponerme un suéter "por si hace frío", ahí sí tendremos un problema.

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Escrito en: Signo del zodiaco Mhoni Vidente Horóscopo Astrología

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