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ENTRE FRAGATAS Y ABANDONO: LA HISTORIA DE UN NIÑO QUE APRENDIÓ A SOBREVIVIR IMITANDO A LAS AVES

En una isla de Ecuador, donde el viento y el mar marcan el ritmo de la vida, un niño creció prácticamente solo, encontrando en la naturaleza la única compañía constante. Durante horas observaba fascinado a las fragatas. Son aves de vuelo elegante, giros acrobáticos y una sorprendente capacidad para arrebatar alimento a otras especies en pleno aire.

Aquella conducta, tan impresionante como implacable, se convirtió en su referencia. Las veía perseguir gaviotas y pelícanos hasta obligarlos a soltar sus presas, capturándolas antes de que tocaran el agua. También le llamaba la atención el ritual de los machos, que inflaban su buche rojo para atraer a las hembras, un despliegue de carácter y supervivencia.

Mientras tanto, su realidad era otra: no conocía a su padre y apenas veía a su madre. Nadie vigilaba sus días ni sus noches. En ese vacío afectivo, las aves se transformaron en modelo y metáfora de vida.

Con el tiempo, comenzó a reproducir lo aprendido mientras observaba a las fragatas. En los bares de playa, entre turistas distraídos, desarrolló su propia "vida de fragata": robos rápidos, precisos, casi instintivos. No lo veía como delito, sino como una forma de sobrevivir en un entorno donde nadie se había detenido a cuidarlo.

Al caer la tarde, cuando el horizonte se teñía de naranja, se quedaba mirando el mar. Imaginaba dos fragatas volando a su lado, como si lo protegieran. Entonces lloraba en silencio, orgulloso y solo, abrazado a su pequeño botín del día.

Esta historia expone una realidad más amplia: la del abandono infantil en zonas turísticas, donde la belleza natural convive con profundas carencias sociales. También plantea una pregunta incómoda: ¿cuántas conductas que la sociedad castiga nacen, en realidad, de la ausencia de cuidado y oportunidades?

Durante los primeros meses de vida, el cerebro crece a un ritmo vertiginoso. También en ese período se producen millones de conexiones neuronales que parametrizarán nuestros modelos de comportamiento y los formatos de inteligencia.

¿Cuáles son los dos ingredientes que no pueden faltar?

La leche materna y el abrazo.

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Escrito en: JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ Editorial columnas Astillero

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