REGULANDO MIS HORMONAS
Hace más de 20 años comencé a hacer ejercicio en un gimnasio. La intención principal en aquel entonces era cuidar mi apariencia física, pues mantenerse con ciertas características estéticas, como ser delgada, era parte de una identidad colectiva.
Con el paso del tiempo, esa actividad se convirtió en rutina, llegando a ser parte de mi estilo de vida. Pero los años pasaron y mi cuerpo cambió: en la década de mis treinta, mi fuerza, resistencia y condición disminuyeron de manera notable. Mi cuerpo dejó de responder de la forma en que yo estaba acostumbrada. Como consecuencia, perdí seguridad al entrenar. Era habitual traer conmigo un dulce o chocolate para consumirlo como herramienta de "rescate" por si acaso mi cuerpo fallaba.
Después comenzaron a aparecer una serie de síntomas físicos que no eran normales en mí. El foco rojo estaba encendido, mi cuerpo ya estaba gritando. Tras visitar a un par de especialistas, logré dar con el indicado. ¿El diagnóstico? Un desajuste hormonal. Para ser más específica, las hormonas tiroideas estaban siendo las causantes de todo un desequilibrio en mi organismo, y una serie de síntomas físicos y emocionales estaban disminuyendo mi calidad de vida.
Fue entonces cuando aprendí que la tiroides es una glándula en forma de mariposa que se encuentra ubicada en el centro del cuello y es la encargada de controlar la mayor parte de las actividades del cuerpo. Ella regula el metabolismo, la frecuencia cardiaca, la temperatura corporal, el tracto gastrointestinal, la memoria y el peso corporal. Por lo tanto, su correcto funcionamiento es de suma importancia para el organismo y para la vida misma.
Esta alteración puede presentarse tanto en hombres como en mujeres; sin embargo, la Organización Mundial de la Salud estima que, por cada 8 mujeres diagnosticadas, hay 1 hombre con este padecimiento. Yo soy una de las 8 mujeres, estoy dentro de la estadística.
El siguiente paso tras el diagnóstico fue la medicación de por vida junto con una de las principales recomendaciones del endocrinólogo: continuar haciendo ejercicio. Pero regresar a la actividad física con esta nueva condición fue un reto que se presentó, junto a la incertidumbre de no saber cómo respondería mi cuerpo.
Ahora que estoy viviendo en la década de mis cuarenta, mi organismo continúa estabilizándose y cambiando día con día. Y como era de esperarse, sigo incluyendo el ejercicio como parte fundamental de mi estilo de vida. Dejando atrás la idea del cuerpo perfecto que cumple con los estereotipos sociales, para dar paso a una nueva intención: tener un organismo sano y funcional que sea capaz de sostenerme.
Con la medicación y con la práctica regular del ejercicio, mi cuerpo responde: mis hormonas se estabilizan mucho más rápido, la ansiedad desaparece, se regula el sueño, la atención y concentración aparecen, mi sistema nervioso se regula con mayor facilidad y, como ganancia secundaria, mejora también mi salud mental. Y es así como descubrí que hacer ejercicio de manera regular es cuidar mi cuerpo, mi organismo y mi mente. De manera general, hacer ejercicio es cuidar mi vida.
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