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VIBREMOS POSITIVO

NEGOCIO SOBRE ALAS

Hay empresas que ganan clientes bajando los precios, mejorando su mix de productos, agregando valor percibido. Otras los conquistan cambiando las reglas del juego.

Conocí una compañía de transporte de larga distancia cuando atravesaba su peor momento. La empresa estaba quebrada. Su flota era antigua, los coches acumulaban desgaste y la marca había dejado de inspirar confianza. Cualquier consultor habría comenzado por ajustar costos. Sus nuevos dueños eligieron un camino mucho más incierto: invertir.

Compraron unidades nuevas, modernizaron la operación y entendieron que el verdadero desafío apenas comenzaba. Renovar los activos era relativamente sencillo. Había que renovar la percepción.

La pregunta fue inesperada.

-¿Con quién deberíamos compararnos?

La respuesta sorprendió a todos.

-Con una aerolínea.

No se trataba de copiar un negocio distinto, sino de apropiarse de aquello que hacía memorable la experiencia de volar.

Se llevó a cabo un cambio que transformó las reglas de juego. Los asientos recordaban a la clase ejecutiva. Las almohadas eran de pluma. El servicio a bordo superaba las expectativas de los pasajeros. La puntualidad dejó de ser una aspiración para convertirse en una obsesión. Los conductores, todos de amplia experiencia, recibieron una consigna tan simple como exigente: conducir con la delicadeza de quien transporta un bebé dormido.

La experiencia no terminaba allí. El pasaje incluía la posibilidad de ducharse en un hotel antes de continuar el viaje. La estética de las unidades, la comunicación, el trato y cada detalle transmitían la misma idea: viajar en micro ya no era resignar comodidad.

Entonces ocurrió algo que suele parecer contradictorio.

Las tarifas aumentaron.

Y, aun así, cada vez más pasajeros elegían el ómnibus en lugar del avión.

La competencia respondió con el manual de siempre. Bajó precios, lanzó promociones e intentó copiar el servicio. Pero descubrió una verdad incómoda: puede ser fácil imitar un detalle; resulta mucho más difícil reproducir una cultura.

Los detalles visibles pueden comprarse. Los invisibles requieren convicción, entrenamiento y tiempo.

Años después, la empresa fue vendida por una cifra extraordinaria.

Había comenzado siendo un negocio sobre ruedas y terminó convirtiéndose en un negocio con alas.

La mayor ventaja competitiva rara vez nace de hacer mejor lo que todos hacen. Nace cuando una empresa deja de preguntarse quiénes son sus competidores y empieza a preguntarse de quién puede aprender.

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Escrito en: Pemex

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