ENVEJECER CRECIENDO
En la obra "El camino del ser" (Rogers, 1995), el autor narra el recorrido de su vida como terapeuta, escritor y facilitador de procesos de desarrollo humano. Relata ponencias en las que revela lo experimentado en sus relaciones interpersonales, y aclara que este libro lo escribió para él con la idea de recorrer algunos de sus aportes a la psicología y al desarrollo humano que considera más relevantes, así como de reflexionar sobre su propio proceso de envejecimiento. Con base en lo anterior, mi intención es compartirles comentarios a propósito de mi reciente interés en los adultos mayores como parte de mi formación en la promotoría del desarrollo humano, y desde la etapa de vida en la que me encuentro.
Rogers escribe su texto a los 78 años y se plantea una pregunta que deseo destacar: "¿Envejeciendo o mayor y creciendo? Recorre varios aspectos de las personas mayores que se ven afectados con la edad, entre ellos el deterioro físico de la vista u oído, los problemas cardiacos o de movilidad. Su forma de referirse a tales desgastes es peculiar, sin que merme la alegría por vivir, pues resalta que él, pese a ser mayor, sigue apreciando las caminatas al aire libre, cocinar, pasar tiempo con amigos o su interés por el sexo, aunque haya disminuido su capacidad para realizarlo, muy a su pesar. Afirma que quien envejece es la misma persona y, por supuesto, continúa creciendo.
Tener más de 60 años no implica conformarse con los métodos que nos han funcionado; por el contrario: afirma que es una etapa en la que debemos asumir nuevos riesgos, pues encontraremos mayor satisfacción en lo que hacemos. Aprender nuevas cosas, conocer nuevas personas o hacer nuevas actividades ayuda a que sigamos creciendo. Coincido con él en la creatividad que nos brinda buscar afinidad con los jóvenes, quienes están más interesados en la conservación del medio ambiente, cuestionan los mandatos con los que crecimos y discuten respecto de las creencias espirituales con más conciencia. Recomienda que el no conformarnos con las certezas impulsa nuevos aprendizajes, y esto hace que la vida valga la pena, pues adquirir conocimientos ayuda a desarrollarnos como personas.
El escritor transmite su propia experiencia humana de envejecer y reconoce ser el mismo muchacho tímido con dificultades para comunicarse; menciona que escribir le ha ayudado a contactar con un mundo en el que aún le cuesta encajar. Esto confirma que aun en la edad adulta hay inseguridades y no todo está bajo control, y que este hecho, lejos de desanimarnos, nos motiva a cuidar más de nosotros mismos, del cuerpo que nos ha sido dado y de los pensamientos que orientan nuestras acciones, y nos conduce a seguir tomando decisiones y elegir libremente a las personas de las que deseamos rodearnos.
Leer a Rogers me confirma que la edad es sólo un número, y que la juventud se lleva por dentro, pues es una actitud ante la vida. Si ya eres un adulto o adulta mayor, no te asumas como viejo o vieja, sino mejor como una persona mayor en continuo crecimiento.