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Vivero Gráfico

Vivero Gráfico: colectivo que siembra arte en Ciudad Lerdo

Vivero Gráfico: colectivo que siembra arte en Ciudad Lerdo

Vivero Gráfico: colectivo que siembra arte en Ciudad Lerdo

DANIELA CERVANTES

En el Centro de Lerdo, un local ubicado por la calle Aldama se eligió como tierra fértil para sembrar arte. Ahí, en un municipio que navega entre la quietud y el silencio en la generación de propuestas artísticas y culturales, ahí en la conocida como Ciudad Jardín, un colectivo decidió germinar como una alternativa que busca, entre otras cosas, ser semilla de mentes creadoras.

Desde hace poco más de un año, Vivero Gráfico se asentó en Lerdo para promover la gráfica entre niñas, niños, jóvenes y adultos que buscan una forma de expresión a través de una técnica artística. El espacio nació de una inquietud personal y colectiva. Sergio Eduardo Olivas Cepeda, artista visual y director del proyecto, llevaba años imaginando un taller propio que no solo funcionara como un lugar de trabajo, sino también como un espacio compartido.

La experiencia acumulada durante su paso por la administración pública, donde coordinó proyectos de arte urbano e intervención social, le permitió identificar una carencia evidente: en el municipio donde decidió instalarse, la oferta de espacios para la formación y producción artística era limitada.

“Yo lo veía como trabajador de cultura en Gómez y como habitante de Lerdo: hacía falta generar algo aquí, cubrir esa necesidad social”, recuerda.

La idea tomó forma cuando decidió salir de la administración pública y apostar por un proyecto independiente. El colectivo Vivero Gráfico se consolidó primero como grupo de artistas y alumnos, y posteriormente como taller-estudio dedicado principalmente a la gráfica, el dibujo, la pintura y otras exploraciones visuales.

UN COLECTIVO QUE CRECE COMO UN VIVERO

El nombre del proyecto no es casual. Remite a una metáfora profundamente vinculada con la identidad de Lerdo: el vivero como espacio donde se cultiva, se cuida y se espera el crecimiento.

Hoy, el colectivo está integrado por alrededor de diez personas de distintas edades y trayectorias. Muchos comenzaron como alumnos de Sergio; otros han transitado por talleres de diversos maestros de la región.

Lo que los une no es una estética homogénea, sino la voluntad de aprender y producir en comunidad.

En el Vivero Gráfico conviven artistas de ocho años con personas mayores de setenta. Algunos llegan desde Torreón, otros desde comunidades alejadas como Nazareno. Don Manuel, por ejemplo, recorre largas distancias en transporte público para asistir a los talleres. Su presencia, como la de otros integrantes, demuestra que el deseo de crear no reconoce límites geográficos ni generacionales.

La dinámica del taller se alimenta de esa diversidad. Para Sergio, el intercambio entre generaciones es uno de los mayores valores del proyecto: los jóvenes aprenden de la experiencia de los adultos, mientras que los mayores observan en los más jóvenes una libertad creativa que muchas veces se pierde con el tiempo.

“No tienen miedo. Dibujan y lo hacen”, dice. En ese gesto, Vivero Gráfico busca recuperar algo esencial: la confianza en la expresión.

LA GRÁFICA COMO TERRITORIO EN RESISTENCIA

 En la tradición artística mexicana, la gráfica ha sido históricamente un espacio de denuncia, crítica social y resistencia. Desde José Guadalupe Posada hasta los colectivos contemporáneos, el grabado y la gráfica han servido para narrar conflictos, desigualdades y memorias colectivas. En Lerdo, esta disciplina encuentra un diálogo particular con el paisaje y la vida cotidiana de la Comarca Lagunera.

En las obras de Sergio aparecen cerros azules, aves como el chanate, plantas del desierto, personajes de la calle, músicos ambulantes, trabajadores y migrantes. No se trata de imágenes caricaturizadas, sino de aspectos de la condición humana y de la vida cotidiana.

“Me gusta dibujar a las personas que veo en la región, no como burla, sino como parte de nosotros”, explica. Su trabajo establece un puente entre el arte y la vida diaria, entre la memoria individual y la identidad colectiva.

En ese diálogo se extiende, justo, Vivero Gráfico, porque en el taller, la técnica es importante, pero no es el fin último. La prioridad es el discurso: que cada pieza tenga una idea, una emoción o una reflexión detrás. La técnica funciona como puente, no como límite.

“Más que formar talento, queremos formar creatividad”, insiste Sergio. La gráfica, en este sentido, se convierte en un lenguaje para nombrar lo que muchas veces permanece invisible.

RECUPERAR ESPACIOS ARTÍSTICOS

Más allá de la producción artística, este espacio verde se inserta en una discusión más amplia: la recuperación de los espacios públicos y culturales de Lerdo. Para Sergio, la gráfica puede ser una herramienta para resignificar lugares como la plazuela, los chalets históricos o las casas de cultura.

En una ciudad donde muchos espacios emblemáticos han sido abandonados, el arte aparece como una posibilidad de reactivar la vida comunitaria.

En el mapa cultural de la Comarca Lagunera, Lerdo ocupa un lugar estratégico. Históricamente, ha sido una de las ciudades más antiguas de la región y ha albergado festivales y proyectos de alcance regional, tal como el Lerdantino, vinculado en su momento con el Festival Cervantino realizado en Guanajuato. Sin embargo, la centralización de la oferta cultural en Torreón ha generado desigualdades en el acceso a la formación artística.

En ese contexto, Vivero Gráfico representa una alternativa local. No compite con otros espacios, sino que dialoga con ellos. Por ejemplo, el taller mantiene vínculos con colectivos como Nazas Gráfico, ubicado en Torreón, y con artistas de distintas ciudades. La circulación de obras, talleres y exposiciones fortalece una red que trasciende las fronteras municipales y rompe con la lógica de la exclusividad cultural.

¿HACIA DONDE MIRA LA GRÁFICA LOCAL?

La gráfica contemporánea enfrenta nuevos desafíos. Para Sergio, uno de los principales riesgos es la expansión de la inteligencia artificial en la producción visual.

Aunque reconoce su potencial como herramienta creativa, advierte sobre la pérdida del contacto directo con la realidad. “La inteligencia artificial no va a salir a las calles a ver a la gente”, afirma.

El debate no es menor. En certámenes recientes, han aparecido obras generadas total o parcialmente por IA, lo que dificulta distinguir entre la producción humana y la automatizada.

Frente a este escenario, Vivero Gráfico apuesta por una práctica artística anclada en la experiencia, la observación y la interacción con el entorno. La gráfica, en este sentido, se defiende como un acto de presencia: mirar, escuchar, para después interpretar.

UN ESPACIO ABIERTO

Desde su apertura, la respuesta de la comunidad ha sido positiva. Los sábados, el taller se llena de estudiantes, artistas y curiosos que se asoman a observar el proceso creativo. Niñas y niños se acercan atraídos por los colores, los cómics y el manga; adultos preguntan por los talleres, o vecinos simplemente entran para mirar.

Vivero Gráfico funciona como un espacio abierto, sin barreras simbólicas. No es una galería elitista ni un taller cerrado, sino un lugar donde la gente puede entrar, preguntar y participar. Esa apertura es parte de su filosofía: el arte como experiencia compartida, no como privilegio.

SEMBRAR A LARGO PLAZO

Pensado como un vivero, el proyecto mira hacia el futuro. Sergio espera que quienes pasen por el taller no solo desarrollen habilidades técnicas, sino una voz propia. Que aprendan a traducir ideas, emociones y memorias en imágenes. Que pierdan el miedo al color, al trazo y también al error.

En Vivero Gráfico, expresa que cada obra es una semilla. Algunas crecerán lentamente, otras florecerán de inmediato. Pero todas formarán parte de un proceso colectivo que buscará algo más profundo que la producción estética: la construcción de una comunidad sensible, crítica y creativa.

En palabras de Sergio Eduardo, el lugar se pensó para “sembrar y cultivar el arte”. En esa metáfora se condensa su sentido más profundo: la certeza de que, incluso en el desierto, algo puede germinar si encuentra tierra, agua y comunidad.

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