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Vivian Gornick: los vínculos que nos forman

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RUTH CASTRO

Vivian Gornick nació en 1935, en el Bronx, hija de inmigrantes judíos ucranianos. Creció en un hogar de clase trabajadora marcado por el judaísmo secular, las ideas socialistas y la experiencia de una familia que había llegado a Estados Unidos buscando otra vida. Más tarde se convertiría en una de las voces del feminismo de la segunda ola en Estados Unidos. En los años setenta escribió sobre el movimiento feminista y sobre la experiencia de las mujeres, mientras desarrollaba una obra en la que la vida personal se convertiría en materia literaria.

Gornick ha escrito buena parte de su obra desde la autobiografía. Ella ha dicho que no tiene por qué hacer ficción si de la propia vida hay mucho que escribir. Cuenta lo vivido y vuelve sobre la propia experiencia para encontrar en ella conflictos que también son sociales, políticos y culturales: la familia, el deseo, la soledad, la independencia y las relaciones entre mujeres. Apegos feroces, publicado originalmente en 1986, es quizá su libro más conocido. En él reconstruye su infancia y, sobre todo, la relación con su madre a través de las conversaciones que ambas mantienen mientras caminan por Manhattan.

Ese regreso a la vida propia tiene una relación estrecha con el feminismo de la segunda ola. Para muchas mujeres de aquella generación, mirar hacia la propia historia significó descubrir que aquello que parecía estrictamente privado estaba atravesado por las expectativas sociales sobre lo que una mujer debía ser. Gornick lleva esa mirada hasta la relación más íntima; la que mantiene con su madre.

Madre e hija se quieren, se irritan, se juzgan y se necesitan. La madre, viuda desde que Gornick era adolescente, encarna una forma de vida de la que la hija intenta escapar. Vivian quiere estudiar, escribir, trabajar y construir una existencia independiente. Sin embargo, al intentar separarse de ella descubre cuánto ha heredado: maneras de pensar, de juzgar, de relacionarse con los hombres y con otras mujeres. Incluso aquello que rechazamos puede formar parte de nuestra identidad.

Leímos y comentamos Apegos feroces en el círculo de lectura de mujeres de El Astillero Libros. Al poner en común nuestras impresiones, la relación entre madre e hija dejó de ser únicamente la historia de Gornick. Aparecieron recuerdos, preguntas y experiencias distintas alrededor de aquello que recibimos de las mujeres que nos precedieron y de aquello que decidimos conservar, transformar o dejar atrás. Y ahí reside una de las preguntas que atraviesan el libro. ¿Cuánto de la mujer que somos pertenece a nuestra propia elección y cuánto viene de una historia que comenzó antes de nosotras?

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Escrito en: Vivian Gornick Ruth Castro columna

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