magen: Jesús Cornejo/ Universal Music
¿De dónde se saca la esperanza? La cantante Vivir Quintana camina sobre la calle Juárez, en Ciudad de México, durante la marcha del 8M de 2026. Tiene la vista fija en el horizonte, mientras el atardecer de la urbe pinta sus gafas oscuras y un pañuelo verde cubre su cuello. Avanza con guitarra en mano. Otra chica le sostiene el micrófono y otra más le ayuda a acarrear la bocina. Los acordes de la canción “Sin miedo” avivan las voces del contingente. En un país donde seis mil 440 feminicidios se han registrado durante los últimos siete años, a las mujeres no les queda de otra que convertirse en un viento lleno de estridencias. Lo dice Cristina Rivera Garza en uno de sus versos: “Cuando dejamos de ser pan y nos dimos a la tarea / de producir alfileres con los labios”
Pero las aves vuelan incluso contra el viento.Luis Armenta Malpica
La infancia de Viviana Monserrat Quintana Rodríguez tuvo por patria la calle Galeana, en el centro de Francisco I. Madero, Coahuila. En Sobre-Vivir para la música (Sexto Piso, 2025), su primer libro, narra que en ese municipio de apenas 59 mil habitantes y cuyonombre original fue Estación Chávez, se dejaba guiar por las estrellas y jugaba a cazar renacuajos cuando la lluvia se estancaba en la tierra desértica. “Fui una niña que caminaba con guitarra como si fuera un escudo”. Entre el silbar del tren y el trinar de las aves en la Plaza Hidalgo, Vivir rasgaba y arpegiaba su instrumento para refugiarse en los acordes cuando el mundo le dolía.
¿Y cómo no iba a dolerle si llevaba a cuestas las heridas de sus ancestros? Su abuela materna, Bibiana Rodríguez, amaba la música: un día, cuando era joven, asistió a un concurso de canto, pero su propia madre le estiró el cabello y la bajó del escenario; la abuela de Vivir lloró toda la noche, aunque la cantante piensa que lloró toda su vida. “Una de las mejores herencias que pude tener de mi abuela Bibiana fue su gusto y amor por la música”. En el patio de la casa, bajo el cielo empolvado de Madero, abuela y nieta solían unir sus voces como si fuesen una tolvanera de armonías. Sólo Vivir Quintana logró el sueño de cantar.
Sobre-Vivir para la música, libro que presentó durante la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, contiene los diarios de esta compositora coahuilense, fragmentos de sus libretas más íntimas. Las 232 páginas del volumen forman unapartitura de notas, dibujos, borradores, fotografías, recortes, canciones, frases y pensamientos de quien fue nominada en 2025 al Grammy Latino y revolucionó el corrido, convirtiéndose en un baluarte de la lucha feminista en México.
Y es que a Sandra A., su amiga y compañera de la Escuela Normal Superior de Saltillo, la mató un feminicida. En Vivir llovió tan hondo que recordó una canción escuchada en su infancia: el corrido de Rosita Alvírez, la historia de una mujer asesinada por un pretendiente al desairarlo. Entonces, la cantante decidió escribir corridos, pero sin los discursos machistas que los han caracterizado. Visitó cárceles y, en el trabajo de investigación para un Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA), descubrió que una gran parte de las mujeres privadas de su libertad se han defendido de sus agresores.
Todavía tiene fresco el momento en que Mon Laferte le pidió componer una canción sobre los feminicidios para interpretarla en el Zócalo de Ciudad de México. Era marzo de 2020. Vivir Quintana escribió esa pieza en Madero, durante nueve horas, sobre un pizarrón en el patio de sus padres. La tituló “Sin Miedo” y el feminismo latinoamericano la adoptó como himno. Hoy, Vivir Quintana vive el éxito tras años de trabajo, pero no olvida la lucha que la une a sus compañeras. Por eso marcha en el 8M, armada con su guitarra y su talí, siendo la voz de esas mujeres que ya no pueden hablar. La cantautora intenta buscar alegría en el dolor, batir las alas en la incertidumbre. Como dice un verso de Luis Armenta Malpica, las aves vuelan incluso contra el viento.

Las canciones sobre aves han sido muy importantes para ti y quería compartirte este poema de la catalana Anna Gual: “Es evidente que una persona / que escribe es siempre un pájaro // ¿O conoces / alguna persona / que escriba y que, / al mismotiempo, / no vuele?”. Yo te pregunto: ¿conoces a una persona que cante y al mismo tiempo no vuele?
No, ¡qué bonito!, ¡qué increíble!, ¡gracias! Gran regalo. Fíjate que siento que es algo súper mágico. Recuerdo cuando era niña… y no fue como adrede, no fue como “te voy a poner esta canción para que la escuches”, sino que mis papás la ponían mucho ahí en Chávez. Teníamos una grabadora de doble casete, de esas grandotas que se usaban antes y mi papá tenía una tornamesa, yescuchaba mucho a Lola Beltrán. Recuerdo que de niña me llamaban mucho la atención las canciones que hablaban de pájaros y Tomás Méndez tenía varias: “Paloma”, “Paloma negra”, “Paloma querida”, “Gorrioncillo pecho amarillo”. Pero más allá de eso, me acuerdo que un día —yo tenía como siete años— le dije a mi mamá: “¡Qué canción tan triste esa!”. Y mi mamá me pregunta:“¿Cuál, tú?”. Y digo: “La que está”. Y era una canción que estaba cantando un grupo llamado Los Hermanos Zaizar, y se llama “El pájaro chogüí”. Habla de un niño que se cae, muere y se convierte en pájaro; siempre iba y le cantaba a la mamá: “chogüí, chogüí, chogüí”. Entonces, para mí, el canto de los pájaros siempre ha sido muy importante. Aparte nací allá en Madero, en el desierto, crecí en los noventa, ¿sabes? A mí me tocó ver cuando pavimentaron las calles, cuando ponían la luz eléctrica en la otra colonia. Entonces alcancé a percibir mucho el sonido de los pájaros y de la naturaleza sobre todo el de las golondrinas… teníamos muchas en la casa. No sé por qué en Madero ya no hay, pero en ese momento había muchísimas. Y justo en las obras que hago, hago mucha alusión a los pájaros, a las alas, al cielo. Tengo una canción que se llama “Corazón de ave” y justo habla de eso. “Canción sin miedo” también tiene una frase que dice: “Nos sembraron miedo, nos crecieron alas”. En otra que tengo que se llama “Sorora” dice: “Si estás tú me crecen más las alas”, siempre apelando al vuelo, al canto. Ahorita dijiste algo muy bonito de que si conocía a alguien que cantara y no volara, y cuando canto... no sé si te pasa cuando escribes o haces algo, que sientes como que te sales de ti y ya no eres tú, y como que regresas; hay veces que estoy cantando en un show y de repente empiezo a sentir un eco, siento que mis manos están tocando y llega un momento en que digo: “Ni siquiera sé si estoy cantando” y como que me da miedo. Entonces regreso... y creo que me quiero quedar más en no regresar, a ver qué pasa.
En Sobre-vivir… narras que a tu abuela Bibiana no se le permitió cantar, a pesar de que era lo que más amaba en la vida. ¿Ese canto enmudecido sigue resonando en ti?
Totalmente. Fíjate que yo tenía una situación hace mucho tiempo, te estoy hablando como de 2015, 2014. Yo llegué a Ciudad de México en 2013 y mucha gente del medio me decía: “Oye, tus canciones están increíbles. Mira, a tal persona se las puedes dar para una película”, y se caía el proyecto. O llegaban: “Quiero tu canción para una obra de teatro”, pero se caía el proyecto. Hacía muchas audiciones, no se daba nada. Y entonces un día descubrí las terapias de descodificación, que es justo ver tu árbol genealógico y adivinar qué está pasando ahí. O con quién de tus familiares, de tus ancestros, tienes alguna conexión, alguna lealtad. Y claro, algo salió con mis abuelas. Entonces mi terapeuta me dice: “Lo que pasa es que estás como con un miedo de ‘yo no puedo cantar, porque si a mí me va bien en el canto, estaría invalidando a mi clan, ¿cómo les va a ir a ellas mal y a mí bien?’. Tú estás sintiendo culpa, entonces hazlo desde el otro lado: ‘No voy a cantar por ellas, voy a cantar con ellas’. No vas a reivindicar nada de ellas, simplemente vas a vivir tu propia historia”. Y ahora lo tomo como una inspiración fuerte para cantar, porque ellas no pudieron. Gracias a que ellas hicieron algo, yo logré esto.

Esta imagen de cuando a tu abuela Bibiana su propia madre la baja del escenario, ¿piensas en ella al salir a un concierto?
Antes sí, ahorita ya no, pero alguna vez sí me pasó como sentir ese miedo de “algo va a pasar, alguien va a llegar”, un constante miedo al escenario. Era como un encuentro doble. Era como dice Fey, un azúcar amargo de sentir, un oxímoron de que siento felicidad, pero también tristeza. Y a la vez siento este dulzor, pero esta amargura también. Y ahorita ya lo fui trabajando. No sé si lo tengo resuelto al cien por ciento, te soy honesta, pero al menos ya tengo muy avanzado de que subo al escenario con mucho agradecimiento, con mucha fe y esperanza de que la gente conecte con un mensaje.
También compartes que jugabas con tu hermano al escuchar la radio, ¿qué imaginabas que había dentro de ella?
Pensaba que había una o muchas personas ahí. Yo decía: “¿Cómo puede salir de ahí el sonido?”. No recuerdo si lo puse en el libro o lo borré al final, pero mi papá le ponía candado a su caja de herramientas... por mí, ni siquiera por mis hermanos. Cerraba con llave y me acuerdo que él traía la llave en la camisa. Le decía: “Papá, préstame un desarmador”. “¿Para qué lo quieres?”. Me inventaba un cuento chino y él me decía: “Yo te lo hago”. “No, yo lo quiero hacer”. Y era porque me gustaba mucho desarmar las grabadoras, las videocaseteras: “¡Quiero saber qué hay adentro! ¿Por qué suena?”. Y ya ves que tienen todos estos circuitos y alambritos conectados. Yo decía: “¡Esto es un mundo!”. Y alguna vez quise estudiar electricidad y hacer cosas, después quise estudiar ingeniería y después me di cuenta de que no era tan buena para los números.
Una de las canciones que salían de tu radio era Rosita Alvírez, un corrido donde la protagonista es asesinada en Saltillo por Hipólito, uno de sus pretendientes al que desairó. El arreglo musical es muy alegre, pero tiene una letra muy cruda que narra un feminicidio. Cuando la escuchabas de niña, ¿qué pensabas de esa canción?
Al principio que la escuché tuve este pensamiento machista de “claro, ¿para qué iba al baile? Fue su culpa”. Y recuerdo que hablando con mi mamá me decía: “No, es que no fue culpa de ella”. Pero es una culpa colectiva, un pensamiento colectivo de que a las mujeres las matan por su culpa. Entonces justo, fui creciendo y dije: “Yo no quiero cantar esto”, porque aparte en la primaria me tocó una época donde el 20 de noviembre a huevo te vestían de Adelita o te vestían de Pancho Villa, de Venustiano Carranza ode Madero. Te subían a un carro alegórico y te ponían una bocina a todo volumen. Entonces, nosotros en la primaria allá en Chávez, cantábamos a todo pulmón el corrido de Rosita Alvírez, porque es el corrido más representativo de Coahuila… ¡madres! Y después, cuando me fui dando cuenta de lo que trataba, dije: “¡Qué cabrón es esto! Quiero hacer música y corridos que no tengan que ver con esto”. Y justo hice un proyecto de un PECDA que se llamaba Querida Rosita Alvírez, maté a Hipólito. Así lo hice, porque ¿quépasa con las mujeres que matan a sus agresores? De ahí inicié todo el trabajo de investigación para hacer un álbum: Cosas que sorprenden a la audiencia (2025), que acaba de salir apenas en abril; de esa canción nació este álbum. Fue darle toda la vuelta justoa un género que es súper machista, súper misógino, un género que es retratado sólo para hombres; las mujeres también queremos contar historias.
Recuerdo la canción “Regreso al penal”, del grupo argentino de cumbia villera Pala Ancha. En ella se narra cómo un tipo sale de prisión y, cuando llega a su casa, descubre a su mujer teniendo relaciones con su mejor amigo. Entonces losmata y regresa ensangrentado al penal. Se trata de otro caso donde la historia de un feminicidio es narrada sobre un ritmo alegre. Según la ONU, en Latinoamérica se han registrado 20 mil feminicidios en los últimos cinco años. ¿Qué tanto nos unen a la región este tipo de historias?
Lamentablemente siento súper conectado a Chile, a Argentina y Colombia con el tema del feminicidio en México, porque también lo tienen muy fuerte. Incluso en Chile, en Santiago, hay una mujer que se llama Claudia Neira Oportus, ella y otras amigas activistasinstituyeron el 19 de diciembre como el Día Nacional contra el Feminicidio, de tan fuerte que está el problema allá. En Argentina me tocó ir a las prisiones de allá y también hay mujeres que estando en prisión te dicen: “Yo estoy aquí porque enfrenté a mi agresor,me iban a matar”. En Argentina hay mucho feminicidio, pero todavía no está tan fuerte como en México. Lamentablemente, en México tenemos una tasa súper alta de desapariciones y aparte de este crimen, de feminicidio. México fue uno de los primeros países en hacer sentir este término creo que por el 2002. Veo el feminicidio súper fuerte. Lo veo desde un lugar incluso de desesperanza, de que no cesa, no cambia, y creo que es un tema súper fuerte que debe atender el Estado. No es posible que en México exista el término de “madres buscadoras”. Hay gente a quien le explico esto en Europa, en los shows les digo: “En Méxicoexiste este término”, y no lo pueden creer: “¿Cómo?”. Les digo: “Sí, hay mujeres con pala y pico que salen a buscar en el campo a sus hijos, donde saben que tal vez puedan encontrar restos ahí”. Es lamentable que nos una la misma lucha contra la violencia, es súper triste.

Desde que vivías en Saltillo has estado yendo a los penales de mujeres para llevarles tu música. ¿De qué manera este apellido influyó en tu idea de convertir el corrido en algo que sea un canto para ellas?
Yo llegué a Saltillo en el 2004 y a principios de 2005 ya estaba en unos bares tocando covers. Recuerdo que llegó una morra yme dijo: “Oye, fíjate que yo pertenezco a una asociación, ¿no te gustaría tocar en una cárcel de mujeres el 10 de mayo?”. Yla primera vez entré sin saber a lo que iba. Entonces, llegué con la guitarra y descubrí que la música es una fuerte herramientade acompañamiento. Y empecé a ir más y más. De repente me invitaron a dar talleres de cómo hacer canciones, de cómohacer textos. Después entré a la Escuela Normal de Saltillo y una de mis amigas fue víctima de feminicidio. Ahí todo fue una vuelta total, porque entré en esto de “¿qué puedo hacer para que estas cosas no pasen?, ¿qué hago?”. Quería hacer cosas inmensas y después descubrí que no, que las cosas que sabes hacer son las que tienes que poner al servicio, y lo que yosabía hacer era música. Entonces, empecé a analizar las canciones que cantaba. Una de ellas fue la de “Rosita Alvírez”. Decidíhacer corridos y empecé a investigar qué pasaba en México con las mujeres que se defienden de su agresor. Descubrí que haymuchas mujeres que están privadas de su libertad física porque se defendieron de una tentativa de feminicidios. Entonces empecé a contar estas historias por medio de corridos.
¿Tu llegada a la industria musical es un triunfo colectivo?
Sí, totalmente. Y además sería muy atrevido de mi parte decir que yo hice todo. En el libro lo pongo. Yo le doy muchas graciasincluso a la gente que literal me decía: “Oye, Vivir, te llevo a tu casa porque lo que sacaste hoy yo creo que ni para el Uber”. Y yo entre broma y broma me sentía triste. O la gente que me decía: “No puedo ir a tu show, pero te deposito”. Me acuerdo que una vez me quedé sin guitarra, en un vuelo me la quebraron y publiqué: “Miren esto que me pasó”. Y hubo gente que me escribía para decirme: “Oye, tengo 200 varos, te los deposito para que sigas tocando”. Entonces, a toda esa gente yo le debo todo esto. Hay gente que dice: “A mí nadie me enseñó a tocar la guitarra, yo aprendí solo”. Alguien te tuvo que decir: “Pon el dedo así para que no te lastime y lo pongas de frente”. O que nadie les ha ayudado mucho. La otra vez me encontré con un chico y me dijo: “Ay, es que lo hago todo solo”. “Güey, estás firmado con una disquera, no lo estás haciendo solo”, le dije. No hay que comprarnos esa idea, porque entonces nos separamos de la sociedad y creo que la respuesta a muchas cosas que ahorita no funcionan es porque no creemos en la colectividad y hay que creer a ella.
En esa colectividad, al final del libro compartes una carta al dolor. ¿Cómo incluso a través del dolor se puede explorar la alegría en este país?
Una vez estaba en San Luis Potosí y fui a cantar con las madres buscadoras. Nos cerraron el bar para que nada más estuviéramos nosotras y nos estábamos tomando unos clamatos, unos ‘paquitos’, les llamaban. Entonces, llegó un momento en que estaba con ellas, con las madres buscadoras, bailando cumbias. Y me acuerdo que estábamos bailando la de “No me arrepiento de este amor…”. Y una de ellas me dijo: “A mí la gente me critica cuando me ve bailar o cantar, porque creen que debo estar sumergida en el dolor, porque perdí una hija y la ando buscando con mi pala y mi pico. Pero si me quedo en el dolor, ya no puedo avanzar tampoco”. Entonces, aprendí que el dolor es algo que se tiene que vivir y procesar, y lo tienes que transitar, pero también tienes que saber qué te está diciendo; el Estado muchas veces las quiere dejar sólo en el dolor, pero en el gozo y la alegría también está la resistencia. Cuando aprendes a sobrellevar y a hablarle de frente al dolor, también puedes disfrutar la alegría. Eso lo aprendí de ellas.
¿Y a qué sabe la esperanza?
A futuro, pero a presente también.
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