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Volpi 30 / Vuelta atrás

Jorge Volpi

Un desastre anunciado. Todos aquellos con algún conocimiento sobre nuestro lamentable sistema de justicia -o solo dotados con un poco de sentido común- lo advirtieron: la reforma judicial impulsada por Andrés Manuel López Obrador y aprobada durante los primeros meses del mandato de Claudia Sheinbaum no solo iba a empeorar sus de por sí deterioradas condiciones, sino que estaba destinada a convertirse en un fracaso monumental. Dictada solo por el capricho, sin el menor estudio previo y sin la menor prospectiva sobre sus efectos, todo en ella rozaba el absurdo o, en otro sentido, la actualización del Proceso de Kafka.

Convocar a los ciudadanos a votar por todas sus autoridades judiciales, con boletas elefantiásicas en las que resultaba imposible discernir entre nombres desconocidos, sin tener idea de sus trayectorias o de sus responsabilidades futuras, en las que prácticamente cualquier abogado podía presentar su candidatura, y todo ello en medio de una nueva enloquecida arquitectura institucional, es acaso una de las mayores tropelías demagógicas cometidas en nuestro tiempo. Todo lo que podía empeorar en un sistema corrupto, agónico y disfuncional, lo hizo.

Cuando el partido oficial tenía todas las condiciones para emprender la auténtica reforma integral de nuestro sistema de justicia -de las fiscalías al Poder Judicial en su conjunto y de las policías a las áreas periciales-, este optó por aprobar este engendro que traiciona tanto la lógica más elemental como todos los principios de la izquierda.

A unos meses de su forzada implementación, la catástrofe está a la vista de todos: una Suprema Corte reducida a una caricatura, jueces que apenas descubren sus nuevas funciones, un rezago infinito, la inducción masiva del voto, una pasmosa sensación de indefensión y unas condiciones para acceder a la justicia aún más desiguales y arbitrarias que antes. Resulta inevitable preguntarse cómo tantas personas -y, en especial, tantos abogados, entre ellos dos exministros de la Suprema Corte- se prestaron, en cada paso, a justificar esta inaudita falta de escrúpulos solo para satisfacer el ego del líder.

El caos que ha provocado en todos los ámbitos de la vida pública ha sido tan evidente que justo quien se obcecó en seguir los dictados de su predecesor, la presidenta Sheinbaum, es quien no ha tenido más remedio que echarse para atrás. Al cúmulo de errores en la iniciativa enviada al Congreso el 20 de mayo se les denomina -no podía ser de otra forma- "áreas de oportunidad". Áreas que son incontables, porque todo -todo- ha salido aún peor de lo esperado, como demuestra esta bochornosa rectificación que, sin embargo, no es sino un parche que no cambia sustancialmente las cosas y, en cambio, empeora otras.

Para empezar, la iniciativa retrasa a 2028 las elecciones: algo que, ante los llamados del INE, parecería un ejercicio de sensatez, si no fuera porque el modelo para elegir a los jueces, ahora o en dos años, ya ha demostrado su ineficacia. Asimismo, contempla la creación de una Comisión Coordinadora para establecer nuevos parámetros de evaluación de los candidatos -que hasta ahora eran, en esencia, nulos- lo cual los reducirá, en virtud de sus méritos y observando la paridad de género, a cuatro; luego, mediante un método de insaculación -es decir: el puro azar-, estos se reducirán a dos por cargo y especialidad. La propuesta intenta regresar al antiguo sistema de carrera judicial -incluso devuelve a la Corte su antigua división en dos salas-, pero sin hacerlo del todo, conservando las condiciones de una costosísima elección solo para no borrar del todo la ocurrencia de AMLO.

Tendremos, así, lo peor de los dos mundos: una instancia central, controlada directamente por el gobierno, que podrá eliminar perfiles a su antojo, y de nuevo la disparatada disyuntiva de los ciudadanos frente a candidatos que de todas maneras no conocerán, impulsando otra vez los acordeones partidistas que dirigirán los resultados. Nos hallamos frente a un nuevo desastre anunciado: al parecer, ni siquiera las pantagruélicas dimensiones del anterior lograron hacernos aprender la lección.

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