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Ya llegamos

Y empezamos a llegar muchas más a exigir derechos en distintos ámbitos, ¡nos debían tantos y tanto!

Ya llegamos

Ya llegamos

CECILIA LAVALLE

Que ya llegamos, escucho. Que ya “somos iguales”. Que qué más queremos, preguntan algunos con molestia. “Ya llegamos”. ¿A dónde? ¿Quiénes?

Llegaron, sí, muchas insumisas y se organizaron a fines del siglo XVIII para demandar igualdad tras la publicación de una Declaración que, después de afirmar “todos somos iguales”, excluyó a todas las mujeres por nacer mujeres.

Llegaron después las sufragistas para resistir al Código Napoleónico, que tuvo influencia en casi toda Europa y sus colonias (entre ellas lo que hoy es México) y que, en los hechos, normaba que las mujeres no éramos dueñas de nada, ni de nuestros cuerpos, y que siempre debíamos estar subordinadas a un hombre.

Y llegaron y se plantaron frente al poder para exigir derecho al sufragio, a la educación, a decidir sobre sus hijas e hijos. Y fundaron varias organizaciones e innovaron formas de resistencia pacífica y se pasaron la misión por generaciones, porque en México, por ejemplo, lograr el derecho al voto tomó más de un siglo.

Con el derecho a la educación que ganaron las sufragistas, llegaron las universitarias a cuestionar el orden establecido, muy bien establecido para conservar privilegios por nacer hombre y asegurar el sometimiento y la opresión a quienes habíamos nacido mujeres.

¿Qué significa ser mujer? Se preguntará y responderá Simone de Beauvoir en la década de 1950. Y a partir de ahí comenzaron a llegar muchas a entregarnos reflexiones y argumentos que explicaban que no era “natural” nuestra subordinación, sino que eran ideas socialmente forjadas a través de distintas instituciones culturales.

Y luego llegaron las que nos dotaron de poderosos conceptos para entender que lo que le pasaba a una, les pasaba a todas, que las jerarquías de poder y de valor construidas alrededor del sexo con el que se nace son una construcción social y son injustificables. Lo personal es político, dijeron.

Y empezamos a llegar muchas más a exigir derechos en distintos ámbitos, ¡nos debían tantos y tanto! Por una vida libre de violencia, por derechos laborales, familiares, sexuales y reproductivos, por la mitad del poder.

También llegaron las voces de muchas otras mujeres que no habían tenido cabida en esa conversación para explicar que sí, en efecto, les pasaba a todas, pero no igual; que las opresiones se interconectaban y se agudizaban si nacías mujer negra o indígena, si eras mujer migrante, si vivías en condiciones de pobreza, si…

Y la mirada se amplió. Y… en eso estamos desde hace varias décadas.

Todas las Agendas por nuestros derechos están abiertas, ninguna podemos darla por terminada. Sin duda hay avances, ¡muchos!, pero ni tenemos todos los derechos que nos corresponden como humanas, ni los que tenemos podemos ejercerlos a plenitud, aún; ni han llegado todas.

Y mientras eso no suceda, seguiremos haciendo balance el Día Internacional de las Mujeres, para apreciar lo conseguido, tomar aire y seguir exigiendo:

¡Todos los derechos para todas las mujeres, todo el tiempo! 

cecilavalle@gmail.com

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