El fútbol tiene la capacidad de condensar años de frustración y alegría en un solo instante. Tras el pitazo final en el encuentro donde Santos Laguna logró vencer a los Xolos de Tijuana en territorio fronterizo, una imagen dio la vuelta al país: un pequeño aficionado desbordado por el llanto. Sus lágrimas no eran de dolor, sino el desahogo de un corazón albiverde que esperó 737 días para ver a su equipo volver a triunfar en calidad de visitante.
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