La mayoría de los grandes pensadores y personas exitosas solían quedarse quietos en medio de la madrugada. Sabían que a esa hora podían concentrarse mejor, lograr una meditación profunda y tranquila, libre del ruido y del bullicio cotidiano. Es en ese silencio donde captan los pensamientos más valiosos, las ideas y la creación que hoy admiramos y seguimos.
El silencio es el mejor espacio para escuchar la voz de nuestro interior, la voz del ser. En esos momentos de calma y descanso surgen las mejores decisiones, las ideas más brillantes y, sobre todo, permitimos que nuestra vida se "reseteé". Justo en la quietud podemos innovar proyectos, actualizar ideas e incluso descubrir esa chispa que puede abrirnos la puerta al éxito.
Lamentablemente, muchos desconocen este poder. Las prisas, el estrés, el cansancio y las responsabilidades cotidianas impiden tomarnos este lujo. La acción de detenernos y escuchar nuestro interior ha sido minimizada, y sin ella, el cambio que deseamos en nuestra vida puede tardar días o incluso años en llegar. A diferencia de esto, en cinco minutos de respiración y meditación puede llegar la respuesta ideal.
La ansiedad nubla la mente y, a veces, caemos en la desesperación, la angustia y el miedo. Pero si te das aunque sea un instante para respirar y meditar, tu espíritu lo agradecerá y tu cuerpo te abrazará. Conectar con tu ser fortalece el alma, despeja la mente y renueva tu energía.
La mayoría de nuestras acciones surgen de pensamientos apresurados. No medimos lo que hacemos y esto puede generar consecuencias negativas. Las ideas que nacen desde la prisa o la ansiedad rara vez están alineadas con nuestra verdadera energía. Como dice aquella frase célebre: "Lo que es por dentro se refleja por fuera."
Cuando te permites silenciarte, observar y respirar, comienzas a alinear tu energía con tu esencia. En ese instante, no solo generas creatividad, también te reconectas contigo mismo y con tu verdadero poder.
No necesariamente tienes que esperar la madrugada para sentir el silencio. Simplemente puedes adquirir ese momento de soledad caminando, lavando los trastes, cuando estás en el baño o manejando. Ese momento de cinco minutos contigo mismo te puede ayudar a regresar a tu centro y darte más claridad sobre cosas que antes no imaginabas lograr.
A través del silencio empiezas a valorar tu soledad y, con el tiempo, te conviertes en la persona más selectiva. Así es como se va reconstruyendo tu vida. Por medio de estas prácticas silenciosas se despiertan muchas habilidades, dones y talentos que nunca creímos experimentar y que no imaginábamos desarrollar. Lo que surge durante el silencio es puro potencial creativo.
El silencio no es ausencia: es creación, conexión y expansión. Es tu espacio sagrado para reinventarte y para dejar que tu esencia brille en cada acción, en cada pensamiento y en cada decisión que tomes.
También, en medio de la soledad y el silencio, se va debilitando el ego; la resistencia se equilibra y la rigidez se suaviza. Con el tiempo, tu cuerpo se siente más ligero, listo para recibir lo que tu espíritu necesitaba escuchar y tener. Así es como un nuevo sendero de oportunidades se abre dentro de tu ser, abundancia de ideas que te abren caminos, y así se manifiestan milagros, como si fuera arte de magia o como quieras verlo: todo aquello que deseas ser, hacer o tener se crea dentro de ti.
Cuando Dios creó la Tierra, la vio desordenada y vacía, y percibió ese caos como una oportunidad. A diferencia de esto, la angustia y la preocupación a veces buscan llamar nuestra atención, generando ruido y alimentando el miedo. Las prácticas de silencio existen justamente para esto: calmar el miedo, controlar la ansiedad, reducir el estrés y enseñarte a ver que las dificultades y desgracias son nuevas oportunidades de crecimiento y transformación.